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19 de julio de 2007
Vacaciones de verano para mí
—Pues qué bien. Santiago, que cree que la felicidad no puede pasar por hacer maletas y meterse 600 kilómetros entre pecho y espalda. —Y además eso de la puerta que se abre sin llamar es raro. Raro, raro, raro. En fin, querid@s lector@s (¿hay alguien ahí?). Que la Seña Directora nos ha dicho que tenemos que cogernos unas semanas de descanso. Y éste es mi último textículo de la temporada. Así que estoy de despedida. Y no crean que no lo siento, porque la actualidad rosa es como el rayo del poeta... —¿Cursi? Hay que ver la capacidad de generación de nimiedades y otras fruslerías que tienen estos famosos, famosuelos y famosetes. Ustedes perdonarán la grosería, pero es que los hay que son noticia por un cuesco. Lecturas, por ejemplo, cree necesario decirnos que Ernesto Sáenz de Buruaga estrena un programa de entrevistas y titula: «Ernesto Sáenz de Buruaga, en persona». Lo cual no augura nada bueno: si ya no lo puedo soportar con una pantalla de plasma por medio, cuánto no sufriré si encima me lo presentan. —Es el título del programa, En persona.
—Sí, tiene dos potentísimas. ¿Quieren un tercer ejemplo, y luego pasamos a cosas más sustanciales? ¡Hola! entrevista a Hoyt Richards. Se preguntarán que quién es Hoyt Richards... pues uno que fue noviete de Lara Dibildos... se preguntarán que quién es Lara Dibildos... pues una que ha sido novieta de varios, y madre de dos hijos con padres distintos con los que ha roto casi en cuando ha dado a luz... ah, que saben quién es Lara Dibildos aunque no sepan por qué nos preocupa lo que suceda en su vida... pues tienen razón, y si no nos preocupa lo que le pase a Lara Dibildos, que es a la que tenemos cerca, imaginen lo que puede importarnos lo que le pase a uno que fue novio suyo hace varias glaciaciones. El caso es que el señor Richards vive en Hollywood, donde puede incluso que trabaje, y tiene la curiosa costumbre de asomarse de cuando en vez por las páginas couché hispanas hablando de lo valiente que es Lara, y de lo mucho bueno que le desea. —¿Dice que la desea y lo dice delante de su mujer?
—¿Lo es o no lo es? ...aparece en todas las revistas luciendo pectorales a bordo de un yate y bien acompañado. Este tipo monta, ¡vaya que si monta! En cuanto a lo sustancial. Las revistas dedican mucho espacio y poca imaginación al bautizo de la hija pequeña de los Príncipes de Asturias que fue, nos dicen, «reina por un día». La verdad es que la chiquilla se me antoja más guapina que su hermana que, admitámoslo, tiene una nariz para tres pares de gafas. Puestos a ser originales, los de Diez Minutos hacen un repaso a la manera de vestir de las princesas en este tipo de ceremonias. Anotación oportuna del periodista: «En los bautizos no suelen llevar complementos, ya que tienen al bebé en brazos». Claro, y sujetar al mismo tiempo un bolso, un abanico y un niño de 6 kilos no es tarea fácil. La misma revista, decididamente innovadora en el tratamiento de la actualidad, dedica una página a «La pandilla de Sofía», integrada (¿sabrán éstas lo que es una pandilla?) por las niñas más o menos reales nacidas este año, ninguna de las cuales aspira a suceder a sus padres bien porque no son las primogénitas, bien porque son hijas de no-reyes. Me refiero a la hija de Luis Alfonso de Borbón, que por cierto (y por la gloria de mi madre) aparece vestida con una cosa de puntillas y encajes. ¡Criatura, pero si parece Mariquita Pérez! El plumilla, siempre atento a las necesidades de sus lectores, necesariamente (hablamos de Diez Minutos, no del ¡Hola!) plebeyos, anota: «Estos bebés reales disfrutarán de los privilegios de su clase sin la responsabilidad ni el peso de la corona». Acabáramos: nos presentan a las candidatas a vividoras para que les sigamos la pista.
En fin, voy terminando. Diez Minutos (¡otra vez ella!) nos presenta a Amalia Aresu, hija de un bailarín del Ballet Zoom y una hermana de Ana Obregón. La niña ha desfilado, vaya, que es modelo. Y con tal motivo, declara: «No soy tan buena estudiante como mi tía Ana». Que digo yo que si ser buena estudiante sirve para hacer lo que la Obregón hace, mejor no estudiamos, ¿no? —Mamá, te estamos leyendo... ¡Dios! Vaya veranito me espera. Nos vemos en septiembre... —¿Lo escribes por nosotros? Qué poca fe...
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