14 de junio de 2007

¡Jesús, José y María!

—Vivían en una casa. Y les daba de comer Antoñita la Guarasa.

Santiago, recordando los años en los que era pasante en un bufete de herejes.

¡Jesús, José y María! Qué gran semana esta que comento para los piedefotistas y sus compinches, los ponedores de títulos. Dios, han debido celebrar su patrón o algo así… y han debido celebrarlo como los alemanes la fiesta de la cerveza o ciertos jefes de estado la cumbre del G8, ¡y vaya resaca más mala! Para mí, que el santo o la santa que los protege se ha ido de vacaciones, porque ¡señor, señor, qué desastre!

—No sé de qué hablas, y dudo incluso de que tú lo sepas, pero muestras una labia y una convicción dignas de mejor causa.

Semana
MariPepa, que ahora ve el canal parlamentario. Claro que sé de qué hablo: de lo malo que es poner pies de foto, de lo nefasto que resulta hacerse cargo de los títulos y antetítulos y postítulos si uno no está en condiciones. Y digo yo que como el fenómeno se advierte en todas las publicaciones la misma Semana (y ¡Hola!, y Diez Minutos, y Lecturas) será porque los encargados de semejantes tareas han celebrado algo en amor y compañía. Así que…

—De ahí tu teoría del santo patrón.
Baco, sospecho.

A las pruebas me remito. Tres revistas abren con el bautizo del hijo de la hija de Laura Valenzuela, hijo habido de su fugaz unión con Álvaro Muñoz Escassi. En ¡Hola! y en Diez Minutos dicen que los padres, separados, «lo celebraron cada uno por su lado», en tanto que Semana y Diez Minutos utilizan en sus titulares las palabras «tenso» y «tensión». Si esta coincidencia no es fruto de una farra, que venga Dios y lo vea.

Diez Minutos
Diez Minutos, en cuya redacción no estaban para grandes hazañas, insiste en páginas interiores: «Lara Dibildos bautiza a su hijo en medio de la tensión». ¡Con lo fácil que hubiera sido bautizarlo en una parroquia, o así! Y ningún periodista osa preguntarse cómo es posible que un cura cristiane al fruto del pecado (los papás no están casados), hijo de unos padres con varias aventuras sentimentales a sus espaldas que se acercaron a la pila bautismal más con ganas de ahogar al otro que de nombrar al pequeño. Que el niño no tiene la culpa de nada, ya lo sé, pero que no parece que los que pusieron la semillita sean modelo de la tradicional familia católica que con tanto afán defienden algunos. Vamos, digo yo.

Claro, que marujeo y teología no se compadecen muy bien. «Tommy y yo llevábamos año y medio buscando el bebé —dice la cantante Thalía, embarazadísima—, y se volvió tal nuestra insistencia, tal nuestra obsesión, que no lo conseguíamos. Mientras más quieres las cosas, más se alejan de ti. Es que Dios lo tiene todo tan calculado…» ¿Qué Dios es ese, tan vengativo, que cuanto más quieres algo más hace para que no lo tengas? Si así trata a sus incondicionales el Dios de los católicos, haciendo baldío todo esfuerzo, no me extraña que otras religiones tengan tanto predicamento.

¡Hola!
El otro titular que revela el grado de disipación de los profesionales de la cosa lo encuentro en ¡Hola!. Dedican un reportaje a Juana Acosta, a la que definen como «pareja y madre de la hija de Ernesto Alterio»… ¿Pareja y madre de la hija de Ernesto Alterio? ¿Eso qué es? ¿Adulterio aderezado con unas gotitas de complejo de Electra revisado por Safo? ¿Se da cuenta el redactor de lo que ha escrito?

No son conscientes, no. «Sigo queriéndole, pero no tengo el enamoramiento, y para estar casada tengo que estar enamorada», declara Raquel Mosquera. ¡Error! Para estar casada no tienes que estar enamorada, de hecho, hay millones de personas casadas en el mundo sin que sientan nada parecido al amor. Para estar enamorada sí tienes que sentir el enamoramiento. Sentirlo, no como tú, que lo tienes, no sé si en una caja o en un tupper.

¿Más pruebas? Fíjense en este titular: «Carla Goyanes, es la nueva imagen de Lola Casademunt».

—Estás de un quisquilloso… ¿dónde está el problema?

Paso incluso por alto que coloquen una coma detrás del sujeto, separándolo del verbo y creando así un imposible gramatical.

—Te escucho y no te reconozco, Maru.

Pero, ¿me pueden decir quién es Lola Casademunt? Ya me cuesta reconocer a Carla Goyanes, como para identificar a esa tal Lola. ¿Algo que ver con una marca de embutido? Por cierto, que en otra revista la tal Carla declara: «Sólo me iré de casa vestida de novia». Ya veo a su madre diciéndole a su padre: «Cariño, ¿te acuerdas de esa casamentera de la que hablamos? ¿Guardas su tarjeta?». Porque tal y como son hoy, la niña puede vivir a la sopa boba hasta más allá de los cuarenta. Pero aún hay más…

—Me estás estresando.

Lecturas
Reportaje a mayor gloria de David Bisbal. Muestran esa foto en la que aparece cortándose los rizos… «Se cortó el pelo contra los niños soldado», dice Lecturas. ¿Y qué le habían hecho los pobres niños soldado para cargar sobre sus abducidas conciencias con esa responsabilidad? Si se hubiera cortado el pelo para luchar contra la infamia que supone que haya niños soldado, pero ¡contra los propios niños soldado! Hijo, qué duelo.

—Es un error…

No, yo creo que el redactor al frente de la sección de destacados cree que lo hizo bien. Claro, que Bisbal no ayuda. «En casa no ejerzo de artista.» ¡Faltaría más! ¿Os imagináis?

¡Ave María!
Entra en de la cocina.
Si tú quisieras,
bacalao me harías.

Qué hartazgo. En fin, voy terminando ya porque creo que he demostrado mi tesis, y en la cocina…
¡Ave María!
Sal de la cocina.
¿Es un cocido
esta porquería?

… el pan Bimbo dice que quiere romper moldes. Y eso sí que no. En un arranque hiperbólico, Semana dice que Alexia de Grecia fue de safari con sus tres hijos porque los llevó al zoo. Si me vieran a mí entrando en la habitación de Santiago, ¿qué dirían? ¿Qué me he infiltrado en terreno enemigo? País de pelotas.



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