7 de junio de 2007

La viva imagen de la felicidad

Diez Minutos
Vaya que sí. Yo me lo creo porque lo dice Diez Minutos, que es una revista a la que aprecio porque sabe valorar mi tiempo y también cuánto necesito para leerla: 600 segundos. Así que si en Diez Minutos dicen que la cara de Bustamante es de felicidad, pues… será.

Aunque debo confesar que tenía mis dudas. Pero déjenme que se lo cuente todo en orden, es decir: empezando por el principio, siguiendo con la continuación y terminando lo más cerca posible del final.

Este miércoles por la mañana no me encontraba muy bien. Cosas de mujeres, ya saben. Quiero decir que me dolía la cabeza de tanto gritar a mi prole, reducida pero ruidosa. Así que, encauzados los churumbeles hacia sus respectivos colegios, y como Santiago libraba, decidí librarme de Santiago enviándole a comprar las revistas.

Conste que mi sadismo está perfectamente controlado, el quiosco está a dos manzanas y algunas pepitas. Pero Santiago tardó casi dos horas en volver.

—¿Y?
—¿Qué?
—Pues…
—¡Ah!

Es lo que tienen tantos años de matrimonio: que nos entendemos sin necesidad de completar las frases, los monosílabos sacian nuestra voluntad de comunicación.

—¡Jo!
—Ya.

Superado lo cual, logré que se explayara: había ido al quiosco y había cogido las revistas con la sana intención de pagarlas y volver si perder ni un segundo. Pero cometió el error de mirar las portadas, y de hacer un comentario en voz alta…

—Pero… ¡qué timo!

… que provocó en Paqui, la quiosquera más dicharachera, un despeño verborreico incontenible. Dos horas. Al final, harto ya de estar harto, Santiago, genio y figura, arrancó las portadas de las revistas, se largó sin pagarlas, y al llegar a casa, tras el cuas idiálogo que he trascrito, y la explicación que les acabo de contar, me retó:

—Si Paqui puede hablar dos horas con sólo mentarle las cabeceras, tú podrás escribir dos folios con solo examinar las portadas.

Dicho lo cual, se largó a echar la partida con los amigos.

¡Las portadas! Es cierto que, en muchas ocasiones, yo misma había estado tentada de hacer algo parecido… total, ¿para qué gastarse dinero en alimentar a tanto inane por muy fashion que sea? Pero, al cabo, la profesionalidad se imponía. Ahora, el bruto de Santiago me ofrecía la oportunidad en bandeja.

Y aquí me tienen, preguntándome si —como asegura Diez Minutos— lo de Bustamante es felicidad conyugal o arreón intestinal, que las aguas en algunos países juegan muy malas pasadas. Por no hablar de que no acabo de entender qué tipo de escapada romántica puede hacer nadie escoltado por Poty, la mera mención de cuyo nombre ya es como la ingesta de bromuro.

¡Hola!
Semana
Claro, que lo más sorprendente es que ¡Hola! proclame a los cuatro vientos su gran exclusiva: las imágenes del bautizo de la hija del hijo de la hija de la hija de Franco (¡aghhhh!) con una foto en portada que, a mi modesto entender, que en términos generales coincide con mi humilde opinión, es exactamente igual que la que Semana, con menos alharacas, coloca en su portada. Al menos, Margarita, la madre de la cristianada, tiene el mismo gesto alicaído (a esta chica parece siempre que le pesa la cabeza, como si la hubieran coronado ya reina de Francia y no resistiera ni el peso de la corona, ni el de la púrpura), y José Campos, abuelastro de la niña, luce la misma sonrisa satisfecha. ¡Qué hombre! No tiene boca para tantos dientes.

Lecturas

Encontramos la instantánea también, aunque en versión recortada (ángulo inferior izquierdo, justo lo que son los fotografiados: inferiores e izquierdosos), en la portada que Lecturas dedica en su mayor parte a una irreconocible Jaydy Mitchel, la cual se sincera (tate: cada vez que alguien anuncia unas declaraciones sinceras, yo, veterana de la cosa, me preparo para una sarta de obviedades) y, en un arranque, dice que sigue siendo buena amiga de Alejandro Sanz. El cual es, recordémoslo, el hombre que le puso los cuernos, tuvo un hijo con otra, lo anuncio después a la prensa del mundo entero… en fin, un caballero español, feo, catódico y semental. Si ésa es toda la sinceridad de la que la tal Jaydy es capaz, apaga y vámonos.

De todo lo cual se desprende… nada, de lo visto no se desprende nada. Pero, claro, tampoco esperarán ustedes encontrar las respuestas a las preguntas esenciales: quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos, en qué intercambiador perdimos el autobús… en las revistas del corazón.





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