31 de mayo de 2007

No es guapa

Y no estoy segura de que sea atractiva. Me refiero al nuevo amor de Luis Medina, hijo de Nati Abascal, que aparece en todas las revistas y cuya ¿belleza? todos los periodistas se creen en la obligación de resaltar. Mi marido también dice que yo soy la mujer más guapa del mundo…

—Bueno, no todos los días.
—No, cariño, no me lo dices todos los días.
—No, digo que no todos los días eres la más guapa del mundo. A veces dudo si la más guapa del mundo eres tú o Haleberry
—Ya…
—Otros dudo entre tú y la Zetayones
—Bueno…
—Otros…
—¡Basta!

La Razón es (además de un tebeo con ínfulas) que es mi marido, y no le queda otra que elogiarme…

—Con reservas.
—Sí, como los pantanos.

Semana
Pero los periodistas, cuya imparcialidad (je, je, je) es proverbial), ¿no tienen ojos en la cara? Ya me cuesta entender que Ana Obregón no tenga en casa un espejo de cuerpo entero y no vea lo que para el resto de los mortales es evidente, pero lo de estos plumillas me sobrepasa. ¿Es que el niño Medina no puede salir con una joven que no sea guapa o atractiva? Lo digo porque en las fotos la joven luce unas gafas tamaño champiñón de la huerta de Chernobil y un gesto torcido que algún malintencionado podría atribuir a un paralís. Vaya, que guapa no parece. Seguiremos informando y criticando.

Tampoco es guapa Gema Ruiz, que tiene la nariz como una berenjena de Almagro y la mirada, más que distraída, perdida. Tiene derecho a la vida, por supuesto, aunque vivir sea… reconciliarse cada dos por tres con un tipo que dijo que no quería saber nada de ella. Pero guapa no, no es.

Fea no me parecía Tamara Falcó, aunque ella no debía estar conforme con su ser, porque según las revistas, se ha operado la nariz. La nueva es “obra del doctor Javier de Benito”, informan. Es decir, que Tamara tiene los ojos de su madre, la sonrisa del su padre y la nariz del doctor Benito. Cuando veo a estas niñas-puzle (son desmontables), siempre me acuerdo de una amiga que tiene una hija a la que operaron de estrabismo, luego porque tenía las rodillas muy juntas, más tarde le pusieron un aparato para corregirle los dientes… «Qué guapa estás», le digo siempre que la veo. «Ya puede —contesta la madre—, ¡con lo que me ha costado!»

Diez Minutos
Guapo, precisamente guapo, no es Froilán. Es, eso sí, igualito que su madre. «El pobre», que diría don Jaime de Marichalar. De hecho, ya lo dijo cuando el niño nació. En fin. Las revistas nos lo muestran vestido de marinero (qué modestia, él, que habría podido comulgar de capitán general) y aprovechan para endilgarnos las fotos de todos sus parientes reales en similar trance. Es una cruz la que nos ha caído. Si cada vez que un nieto de los Reyes hace algo, las revistas van a tirar de archivo, y teniendo en cuenta la cantidad de nietos que tienen, de los que se presume que pueden hacer muchas cosas, vamos a estar viendo fotos viejas, siempre las mismas, el resto de nuestras vidas. ¡Qué destino!

Por cierto, propongo que la DGT utilice para la próxima campaña de seguridad vial la foto de Diez Minutos en la que don Jaime y Froilán aparecen cruzando la calle, el mayor con el pinganillo puesto. El pie de foto (situado, por paradójico que parezca, a la altura de la cabeza del señor Marichalar) explica: «El duque de Lugo, que lleva de la mano a su hijo, hablaba por el móvil con el manos libres».

¡Hola!
Sin embargo, el momento mágico-cardiaco de la semana nos lo proporciona ¡Hola!, que entrevista a Genoveva Casanova, una señora que no tiene nada que decir, aunque lo repita muchas veces. La presentan como «una fascinante princesa del desierto», lo cual ya es de un gusto dudoso por mucho que el reportaje lo hayan hecho en Túnez, y dicen que es «la entrevista más reveladora de la esposa de Cayetano Martínez de Irujo», lo cual es difícil de creer, porque hace un año (mes más, exclusiva menos) ofreció una entrevista similar, que también nos presentaron como la más reveladora (o la más sincera, o la más… lo que sea, ¿qué más da?, nunca es cierto), y me cuesta aceptar que en tan poco tiempo, por intensa que sea su vida, tenga muchas más revelaciones que revelar.

La entrevista se reduce a ella posando (por ejemplo, al lado de una camella con su camellito, y mirando hacia el horizonte infinito, qué bonito), e insinuando que las cosas en su matrimonio no van como debieran. «Cayetano y yo estamos peleando para que lo nuestro funcione», dice, consciente (imagino) de que no es lo mismo «peleando» que «peleándonos». Eso, mientras posa con modelos de Hermès, Valentino, Dolce y Gabbana… Vaya, lo que toda beduina de clase media tiene en su fondo de armario.

«La condesa», así la llaman aprovecha el publirreportaje para contarnos los muchos proyectos que tiene, y para soltarnos una frase de ésas que dejan huella: «Nosotros comenzamos la casa por el tejado en lo que a nuestra relación se refiere [¿se refiere a que se quedó embarazada y por eso tuvieron que casarse?], y ahora sólo nos faltan los decorados para que quede preciosa». ¿Está pidiendo dinero a su suegra? Es más, ¿qué escritor de discursos le ha escrito esto? Un arquitecto de interiores, sin duda.

En fin, voy acabando que en la cocina la nevera está indignada con el horno porque éste le ha reprochado que no tiene sentimientos, que es muy fría.

Dice Semana que Carlos (¿quién?), de Il Divo (¿qué?), «lanza a su mujer como cantante». Necesito una explicación: ¿quiere decir que la ha dejado y se lo ha dicho con una canción? ¡Por favor, sáquenme de esta duda que me corroe!



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