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19 de abril de 2007
Original
—¿La cuál? Opera Win-no-sé-qué. El caso es que mirando las portadas de las revistas en las que se nos informa de la boda de Esther Cañadas y Sete Gibernau, no pude evitar la sensación de que esa cara (la de ella) yo la había visto en algún sitio... Mi casaaaa, mi Sete... ¡Pero si es clavadita a ET! Estaba yo tan feliz como una perdiz tras comerse a una lombriz creyendo haber descifrado un enigma cuando vino mi hija y me dijo... —He gugleado y va a ser que no.
Y me enseñó esto que les muestro a la derecha. Yo entonces, como soy una tradicional (la renovación carismática me pilló ya un poco mayor) y no conozco a los nuevos inquilinos del santoral, me encomendé a un clásico de las causas perdidas, San Judas Tadeo según unos, San Antonio al decir de otros (ya lo dice Benedicto XVI: no quedan certezas).
Los fanáticos de Cambio radical deberían tomar buena nota. Esta chica, que era una belleza, con el paso del tiempo y el recorrer de quirófanos se ha convertido en una máscara. Con esa boca, debe tener una tremenda potencia succiona... —Maru, contente. Conténgome. Créanme si les digo que no es la envidia la que habla por mi boca: Esther parece un pez que hubiera pasado una temporada en el mayor balneario de aguas nucleares de Europa, Chernóbil d’Or, ciudad de mutaciones. Qué lástima.
—Mujer, se refiere a que cuando nazca su hermana no le tendrá pelusa porque es muy pequeña. Lástima, yo que me había puesto ya en plan Maruja Pineda, bordando la tricolor. Dan cumplida cuenta las revistas de la fiesta de Prada en el Mercado de Valencia (¡Bolsos, tengo bolsos a bueeeeen precio! ¡Sandalias, sandalias frescas!) a la que asistieron personajes más o menos glamurosos a los que los organizadores dieron una lección práctica de lucha de clases: en lugar de atenderlos a todos de la misma manera, había invitados de firts class, de turista y de tercera. En algún sitio he leído que «Rafa Camino y su esposa, Natalia Álvarez, fueron los primeros en llegar». Para mí que éstos se olieron la tostada y se temieron que, a poco que tardaran y les vieran la gusa y las intenciones, no les dejarían entrar ni por la puerta de servicio.
Hablando de casorios. En ¡Hola!, Paloma Segrelles anuncia su boda. Que no se esfuerce, porque no pienso mandarle regalo... menos aún cuando se niega a revelar el nombre del novio. «Sólo diré que se llama Emilio», avanza cautelosa. No te preocupes mona, que no íbamos a quitártelo. Si no pensabas decir nada, ¿para qué se lo cuentas a ¡Hola!? La verdad es que en este número, la revista más glamurosa viene gallinácea. Incluso ofrece unas declaraciones exclusivas de Óscar Lozano, quien nos notifica su ruptura con Vania Millán. Y el Defensor del Pueblo sin intervenir. «Se nos ha escapado la pasión», suelta sin especificar por dónde huyó, la muy ladina, aunque luego apunta una posible causa: «Vania ha dado un cambio radical a su vida y está opositando a Notaría y Registro. Estudia siete y ocho horas al día, seis días a la semana, y yo sigo con mi trabajo, mis cosas, mi hijo. Eso nos ha desunido mucho». Desde luego, que ella estudie y tú sigas siendo un berzas no debe ser un factor aglutinante. —Estás desatada, Maruja.
En fin, voy acabando ya que en la cocina el jamón de York, afectado por el fin del noviazgo del Príncipe Guillermo, sopesa la posibilidad de exigir que le llamen jamón cocido. Cuenta ¡Hola! que Carlo, el que fuera marido de Mar Flores, un habitual de los programas cardiacos con tarificación alta, busca pareja a través de una conocida página de contactos de internet. Su nombre virtual: carlo_mare_fiori (Carlos Mar Flores, nos aclaran, como si no lo hubiéramos entendido), lo cual «nos hace suponer que le cuesta olvidar a su ex». A mí, queridos amigos, el uso de semejante denominación me hace suponer que quiere seguir viviendo del cuento. Pero mientras le demos cancha...
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