1 de febrero de 2007

Ya estaba tardando

Tic, tac, tic, tac... ¿Cuánto puede tardar en vender su vida alguien que ha tenido un hijo con Alejandro Sanz? Diez Minutos, quizá una Semana. Pero ya tenemos Lectura(s), ya está en la portada del ¡Hola!

¡Hola!
En la portada y en ¡18 páginas! Valeria Rivera fotografiada en Miami y en París, y retocada en ambas ciudades. En Miami le han arreglado tanto la cara que no le encaja con el cuerpo; en París le han arreglado tanto el cuerpo que parece dispuesto a sostener dos cabezas. Al cabo, un desaguisado como el de Melania, Barbie Photoshop.

Eso, por no hablar de lo que dice. Lo más grave: «Ya sé que existía Jaydy, la mujer de Alejandro, que, además, es una señora, una buena madre y por la que siento un respeto increíble». Y tan increíble: no se lo cree nadie. ¿Qué no hubiera hecho si no la hubiera respetado? ¿Además de acostarse con su marido, lo hubiera intentado con algún otro familiar del sexo masculino?

Pero volvamos a las fotos. No, a las de Valeria Rivera sino a las de Carmen Martínez Bordiú y José Campos en África. Porque se han ido a África a pasar la enésima luna de miel. Y ella ha tenido el detalle de llevar un diario para, ahora, vaya por Dios, contárnoslo con todo detalle.

¿Me permiten un consejo? Pasen del texto, porque para contar lo que esta cuenta bastaba con ver cuatro películas de esas de Sesión de tarde, las de Stewart Granger y Deborah Kerr. Vayan directamente a las fotos. A ésa en la que él, presumiblemente desnudo, saca pies, brazos, medio torso y la jeta entera por encima del agua, como un hipopótamo enano; y a esa otra en la que ella, vestida con un traje de leopardo que, imagino, no se ha comprado en África sino que se lo llevó de casa, se nos muestra rampante en unas ramas, estirada cual pantera, que sólo le falta estirar la mano y rugir bajito (como su abuelo). ¡Grrrrrr...!

Lecturas
Hablando de fotos. ¿Han visto ésa en la que Victoria Beckham pasea por París de la mano de... Kathie Holmes? Que no es por malmeter, pero no me digan que no es raro. David, Tom, en fin.

—Di que no, Kathie, que la amistad es muy bonita.

Santiago, con sobredosis de cursilitina. A mí, lo de las amigas...

—¡Maru! Que las paredes oyen.

MariPepa, con sobredosis de cotillina. Lo de las amigas está bien, pero sin pasarse. «Goya Toledo llevaba un vestido diseñado por ella misma y por una amiga.» Hija, ¿y no podía dedicarse la amiga esa a hacer albóndigas y pasártelas en un tupperware, como hacen todas? Porque lo de los trajes, perdona Goya que te lo diga, no es lo suyo. De tu amiga, digo. Eso por no hablar de lo poco elegante que resulta que te llames Goya, como los premios. Es como robarle protagonismo a don Francisco, ¿no?

Por lo demás.

Diez Minutos
Diez Minutos nos cuenta, en las páginas 64 y 65, que «Angelina y Brad se compran una mansión». Y en la página 66, que María José, la de Jesulín, «visita su nueva casa». Vean, lean, comparen y... no sean muy crueles.

Hablando de crueldades. También nos muestra a «Jaime de Marichalar entre bellezas en París». Su mujer no aparece por ningún lado. Y al hijo mayor de Carolina de Mónaco, al que han fotografiado tocado con una gorra visera con la hoz y el martillo. Este lechuguino debe pensar que el gulag es un tipo de sopa de berenjena. Ya veo el eslogan: Andrea Casiraghi, un hombre... con clase.

Aunque para clase, la de Carmen Martínez Bordiú vestida de Orzowei, lucha por tu existir, Orzowei, antes que llegue el fin, Orzowei, que la esperanza está, Orzowei, luchando con el mal. Ah, ¿ya se lo he dicho? Es que la foto esa marca. Así, estirada. Felina.

—Define felina.

Semana
Estirada. Y con esos masais, que no salen de su apoteosis. Y eso que no han leído el texto. «No he pegado ojo. Tendré que acostumbrarme a los ruidos de los animales, o quizá esté alerta sabiendo que es hora de la cena. Después de un desayuno, acompañados por la visita de tres monos curiosos, nos recogen en una avioneta y nos trasladamos a otro campamento. (...) No paramos de ver familias enteras de elefantes, manadas de búfalos y grupos de jirafas.»

Qué estilo, qué cadencia. Y qué dilema: «Tendré que acostumbrarme a los ruidos de los animales, o quizá esté alerta sabiendo que es hora de la cena». O una cosa, o la otra. Si te acostumbras a los ruidos de los animales, no cenas. Y si cenas, no te acostumbras.

Qué riqueza de vocabulario. Qué buen criterio. Dice familias enteras de elefantes, manadas de búfalos y grupos de jirafas, aunque podría haber dicho familias enteras de búfalos, manadas de jirafas y grupos de elefantes. O familias enteras de jirafas, manadas de elefantas y grupos de búfalos. Pero no: dice familias enteras de elefantes, manadas de búfalos y grupos de jirafas. Todo atado y bien atado.

Bueno, voy acabando que en la cocina el Mono del anís me está pidiendo el ¡Hola! para saber cómo sobrevivieron sus primos africanos a la visita de la extraña pareja.

Lecturas nos lanza una pregunta que no podemos eludir, porque no podemos huir de nuestras responsabilidades. ¿Por qué John Galliano se viste de manera tan excéntrica? Eso digo yo, ¿por qué?

Propongo que incorporemos ese interrogante a la lista tradicional de interrogantes filosóficos: ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Por qué John Galliano se viste de manera tan excéntrica? ¿Quién es John Galliano? ¿Qué me importa a mí saber quién es John Galliano, menos aún por qué se viste de manera tan excéntrica?

PD.- No se pierdan la foto de Carmencita. No se lo perdonarían.



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