7 de diciembre de 2006

Puenting

¿Hay alguien ahí?

La verdad, no tiene mucha gracia plantarse aquí, en el ojo del puente, haciéndose una a la idea de que al otro lado de la pantalla estará...

Brad Pitt.
—Tú sueñas, hija.
Angelina Jolie.
—Tú desvarías, hijo.
Loles León.
—¿Loles León? Tú bebes, Santiago.
—No, Maru, no. ¿O tú no has oído nunca lo de que dos tetas...?

Me horrorizan los ripios mamarios. En fin. Aquí donde me leen, yo tampoco estoy. Me he ido de puente. Un capricho. He dejado a los niños con su tío, el sindicalista, y a Santiago con su hermano, el sindicalista. El mismo sidicalista. Vaya, que los he dejado a los tres con el sindicalista y su familia, en la esperanza de que no me los eche a perder, que es mucho esperar. Porque los dejo tranquilos, y para cuando regreso tienen una lista de reivindicaciones que ríete tú de la negociación colectiva de Astilleros. Pero merece la pena arriesgarse. Porque me he ido. A Moscú...

—¿A Moscú? —me preguntó Santiago, horrorizado, cuando les di la noticia—. Pero Maru, ¿tú sabes lo lejos y lo frío que está eso? ¿No podías ir a otro sitio?
Niet.
—¿Qué se te ha perdido a ti en Moscú?
—Nada, hijo mío. Precisamente por eso voy: porque ni se me ha perdido nada, ni conozco a nadie.
—Mamá —ésta es mi niña—, con el apolonio ése que anda suelto...
—¿Apolonio? ¿Eso es lo que te enseñan en clase de física y química?
—Mamá, soy de letras.
—¿Desde cuándo?
—Desde hace algún tiempo, la verdad. Y me ofende que no te hayas enterado.
—Pero, ¿tú no querías estudiar empres...?
—No, mamá, yo no quiero estudiar.
—¿Casarte, entonces?
—No, mamá: yo quiero un sponsor.
—Pues eso, casarte, un esposo...
—No, mamá, esposo no: sponsor. Quiero ser mujer objeto. Soy más que feminista: soy postfeminista.
—Hija mía, qué barbaridad.
Maru, no te desvíes —Santiago, tras tomar aire—. Hablábamos de tu viaje a Moscú, no de las chifladuras de la niña. ¿Por qué te vas? ¿Con quién te vas?
—El daño que hicieron Jeannette y José Luis Perales a los de nuestra generación fue tremebundo.
—¿Cuánto te va a costar? ¿Por qué no nos llevas?
—Muy poco. Es un viaje cultural que organiza la Asociación de Amas de Casa del barrio y vosotros...

Y aquí les lancé una mirada prieta de odio.

—... vosotros sois del barrio, pero no sois amas de casa. Ni siquiera amáis esta casa. En cuantico que podéis, os largáis, no vaya a ser que se os caiga el techo encima. Así que me lo tengo bien ganado. ¿Y tú, niña, dónde vas con tanta prisa?
—Al bar de Juanmi, he quedado. Tú te vas a Moscú, y yo al bar de Juanmi.
—¿Quieres que saque conclusiones, hija?
—Mejor no.
—¿Y tienes que ir tan pintada? Porque cualquiera que te vea te confundirá con tu retrato. Al óleo.

Debo confesar que me dolió. Yo no me quejo, al menos no en voz alta, cuando la niña se va de finde con sus amigas, ni cuando Santiago padre se escapa al pueblo con su hermano, ni cuando Santiago hijo... ¡Santiago, hijo, ten cuidado! Te tengo dicho que no es bueno meter la mano en la tostadora.

—Mamá. ¿Te vas a hacer del KGB?
—Mi crío, eres muy joven para hablar del KGB. Eso es muy antiguo.
—¿Me traerás una botella de vodka?
—¡Y un jamón!
—Para pasar el vodka, sí.
—Quería decir que no.
—¿Qué pasa? ¿Que los rusos son como los japoneses, que dicen si cuando quieren decir no y no cuando quieren decir sí?
—Me estás volviendo loca.

El caso es que el martes acompañé a mi familia a casa de mi cuñado, el sindi...

—...calista, ya lo sé.
—¿Quién te ha dado vela en este entierro, MariPepa?
—Es que llevo un rato escuchándoos y no puedo dejar de preguntarme por qué Santiago y los niños no se pueden quedar en casa...
Santiago confunde los repollos con lechugas, no baja la tapa del retrete cuando micciona y se niega a comer sentado a la mesa porque es cosa de burgueses. Santiaguín cree que las vacas negras dan café con leche, que Fernando Torres está llamado a heredar la corona y que las camisas brotan planchadas en las perchas.
—¿Y la niña?
—La niña no es tonta, y dice que ella no nació para esclava de dos merluzos.
—Ah. Si me llego a enterar de lo de Moscú...

En fin. Que ustedes me leen, y yo me paseo por la Plaza Roja. Si a la vuelta alguno de ustedes nota que se me cae el pelo, o que pierdo peso, trátenme con cariño.



mlimon@divertinajes.com
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