19 de octubre de 2006

Zombis

El plural de «zombi», ¿es «zombis» o «zombies»? Hay dudas que me corroen. Otra: para quitar las manchas del pantalón blanco de Santiago, ¿uso lejía o las tijeras, y le hago unos bermudas calados que no se los salta un lolailo?

¡Hola!
A lo que íbamos. Las revistas esta semana están pobladas de muertos vivientes, o no muertos con olor a naftalina. ¡Hola!, para empezar. Traen a portada a Gina Lollobrigida, señora que de joven fue la mujer más bella del mundo (anoto aquí que mi cuñado discrepa) y que sigue pintándose y vistiéndose como si lo fuera. Joven, digo. En el papel cuché juega con ventaja: está inmóvil. En la tele, que también ha salido, se le nota más todo. La edad, básicamente. Es como Fraga, que sentado da (apenas) el pego, pero en cuantico que se pone en marcha, le rugen las juntas.

El caso es que doña Gina se casa con un empresario español treinta y cuatro años más joven que ella. ¡Qué Lollo más abulidísimo!, que diría un chino estudiante de hispánicas. El novio, Javier Rigau, tiene pinta de treintañero aunque es cuarentón. Qué más da. Y la novia dice que tengamos en cuenta que empezaron su historia hace mucho, porque si no tenemos en cuenta que empezaron su historia hace mucho, pensaremos que está loca. «Ha de quedar claro que lo nuestro empezó hace mucho. Si no se tiene eso en cuenta van a pensar que estoy loca». Tal cual lo dice.

También dice: «Al comienzo (no me gusta engañar), lo que hubo entre Javier y yo era sólo pasión. Después llego el amor». Pues sí que sí. En cuanto a él... «La mía no es la historia de un fan... fanático que se llega a enamorar de la estrella a la que admira». ¿Será tartamudo? ¿O un amante de la precisión? «Fan... fanático»... Seguro que en ese momento estaba pensando en Tony, el cubano de Sara Montiel. ¿Y quién no?

En la portada de la misma revista aparece Ana Obregón, quien al parecer en páginas interiores «se sincera» tras la retirada de su serie. Les ahorro el trabajo: la culpa la tenemos nosotros, los millones de personas que no nos dignamos mirar un producto excelente. Y además ella se siente aliviada: «el fracaso de la serie me ha dado vida», dice, mientras rezuma rabia por todos los poros.

Semana
Porque, añade, «hay sólo 2.500 audiómetros para 40 millones de españoles. La muestra es tan escasa que es para reírse.» Pues no oí yo las carcajadas cuando decían que Ana y los siete era líder de audiencia... «Por eso nunca he creído ni en los éxitos ni en los fracasos.» En lo que nunca he creído yo es en lo de que el fregar se va a acabar.

Aunque la frase definitiva, la que pasará al anal de la historia...

Maru, se dice «los anales de la historia».
—Te juro que en este caso no.

... es ésta: «Ahora quiero vivir lejos de ser Ana Obregón». En eso nos parecemos, ya ve usted. Yo también quiero vivir lejos de ver Ana Obregón.

Pero no se crean que las palabras de la bióloga son lo más destacado de la entrevista, no. Por cierto, que yo sólo he leído las palabras destacadas por la revista...

Diez Minutos
—Hija, cuánto juego de palabras...
—Mejor será jugar con las palabras que con las letras... de cambio, como haces tú.
—Qué rencorosa eres, Maruja.
—Es que, MariPepa, estoy encendida.

Que decía yo que lo mejor de la exclusiva no son las declaraciones, sino las fotos. ¿Vieron ustedes la foto de Franco retocada? Me refiero a ésa en la que originalmente el dictador barrilete estaba al lado de Hitler con los ojos cerrados (quizá porque le cegaba el resplandor de su estrella favorita) y, gracias a la anónima labor de un artista, aparecía con unos güeyos abiertos a lo que el futuro le pudiera deparar? Pues algo así le han hecho a Ana: retocarla hasta conseguir que se parezca a Isabel Preysler.

—Será que van al mismo cirujano plástico. Ya sabes que todas las mujeres operadas acaban teniendo el mismo aire de familia...

En fin. Déjenme apuntar que las revistas Semana y Diez Minutos critican (como lo hacen ellas, que parecen dar jabón de Marsella) a los Príncipes de Asturias por sus fotos exclusivas en El País Dominical. Esto de lamentar el comportamiento del heredero y su mujer empieza a convertirse en una costumbre...

Lecturas
Hablando de princesas. «Maite es mi princesa», declara Jaume Matas, presidente de las Baleares, refiriéndose a su mujer. Santiago declara eso en el Boletín del barrio, y esa misma noche duerme en casa de su madre.

Aunque peor es lo de Kevin Costner, quien tras asistir a una fiesta de Porcelanosa, estuvo en una cena (ya saben, con Gonzalo Miró, la estrella catódica, y todos los miembros de esta ONG —Organización Nunca Gratis— en defensa de los baños alicatados) dijo a su mujer:

«Me encanta que seas tan bella porque no conoces tu propia belleza, y sólo cuando no conocemos nuestra propia belleza dejamos que todos puedan apreciarla.»

Lo leo, y me pregunto: ¿había un periodista tomando nota? ¿Y tuvo fuerzas para llegar hasta el final? ¿O fue uno de los comensales el que, aguantándose las ganas de reír, excusó por unos momentos su presencia para salir a contarlo? ¿O quizá fue el propio Kevin Costner el que, satisfecho, pidió la presencia de un plumilla para que anotara y difundiera su pensamiento? ¿Habrá pensado alguien en lo bien que quedaría la frase en una baldosa Porcelanosa? Encima del bidé, para leerla una y otra vez mientras...

—Pero, Maru, ¿quesquesé se merdé?

No me quedan fuerzas para más. Además, acabo ya porque en la cocina el atún en aceite está petroleando los bajos de la caballa en escabeche y la mera idea de que vayan a mayores me da escalofríos.

Ofrece Lecturas un folletillo, La cocina de los famosos, en el que, esta semana, «Ana García Lozano te enseña cómo preparar su plato favorito». Que digo yo: ¿no se lo puede preparar ella misma?



mlimon@divertinajes.com
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