22 de junio de 2006

Ya estoy aquí

Sé que me echaban en falta, sé también que debería haberles avisado, pero ¿qué quieren? Oportunidades como ésta (ya, aquélla... ¡tempus fugit! y si es de vacaciones, vuelit) no se presentan todos los días.

Vino Santiago.

Maru, vamos a la playa.
—Uo, uo, uo. ¿Por qué?
—Mi hermano ha conseguido que le dejen un apartamento por la patilla.
—¿En qué costa está eso? ¿Blanca, Dorada, verde?
—Gratis, quiero decir gratis.
—Pero si los niños están en plena época de exámenes...
—¡Para que sigan diciendo que no hay vida como la del estudiante!

Diez Minutos
Dicho y hecho. Dirán ustedes que es gesto de mala madre, pero la manera más fácil de vencer a la tentación es caer en ella (la frase no es mía, lo sé, la dijo no sé bien si Oscar Wilde o Victor Manuel de Saboya). Y yo llevaba meses in tomarme ni un día libre. Y MariPepa los quiere como si fueran hijos suyos, y se ofreció para cuidarlos. Y ellos encantados. Así que nos fuimos, y todo se quedó empantanado. En fin...

El caso es que vuelvo, y todo sigue igual: Arancha de Benito y Guti revolcándose por la arena, Rosa ganado un concurso, Carmen Martínez Bordiú casándose, y Carlos Larrañaga anunciando que va a tener un nieto.

—Un hijo, Maruja, un hijo.
Lecturas
—A la edad que él tiene, por mucho que insista, se tienen nietos, no hijos. Mira, MariPepa, él dirá lo que quiera, pero es un acto de un egoísmo atroz. Tener un bebé al que vas a dejar huérfano de padre en un pis pas.
—Ahí me has dao.
—Y ¿le has visto en la portada de Lecturas? Va tan maquillado que parece una madama. Está peor que horroroso: lamentable.
—Se han pasado con el quitaojeras, sí.
—También sale en ¡Hola!. «Más que la hora de sentar la cabeza, creo que me ha llegado la hora de ser feliz». Pues hijo, haberte comprado una muñeca chochona...
—O un Baby patucos.
—O una Nancy primera comunión.
—O...
—...un...
—...Bebé...
—...Tragoncete.

Cada día me gusta más hablar con MariPepa. A veces, es como si nos conociéramos de toda la vida. Pero es que los de las revistas chiflan.

—Mira en la página 71: sacan fotos de Carmen Martínez Bordiú a los 28, 35, 40 y 55. «Más feliz y más guapa con el paso de los años». Feliz, no sé; guapa, ni soñarlo. «A los 55, rejuvenecida», dicen, por no poner recauchutada. Cada vez que veo a las famosas de geometría variable, me viene a la cabeza el anuncio ese de la radio: Carglass cambia, Carglass repara.
—Desde luego...
—Anda que...
—Claro.
—Pues eso.

A las dos nos ha hecho mucha gracia que Chelo García Cortés entreviste en Semana a Jaime Cantizano y lo colme de piropos. «Claro, como ella trabaja en el programa que él presenta». Claro. Y el tipo, que se fotografía cual estrella hollywoodense, se descuelga con un: «Ser padre despierta en mí mucha curiosidad», que suena rarito. ¿Curiosidad? ¿Está usted seguro de que la palabra es ésa? Cuénteselo a Carlos Larrañaga, para que le ilustre sobre el particular. Por no decir que la inquisitiva entrevistadora lo etiqueta de «soltero de oro». Ya había yo leído algo sobre un desplome de ese metal en los mercados internacionales...

Es que esto de estar siempre en el candelabro no es fácil. Pedro Piqueras, entrevistado por Rosa Villacastín, asegura que sigue siendo «el mismo tío que salió de Albacete hace treinta y tantos años». Pues hijo, qué desperdicio. Con todos los cargos que has ocupado, todas las experiencias que has vivido... ¿y no has cambiado ni una miaja? Si es que Dios le da pan al que no tiene dientes.

¿Quieren una prueba? David Bustamante, encantado de haberse conocido, se sincera: «No podía haber dejado escapar a un bellezón como Paula». Así da gusto, nada de belleza interior ni otras monsergas éticas: la estética, eso es lo que importa. «Estoy más nervioso por mi disco que por mi boda». Como cantaría María Ostiz: Un hombre es, un hombre es, un hombre es... el que sabe establecer bien sus prioridades.

Leyendo (es un decir...) Diez Minutos encuentro una foto de Esperanza Aguirre, vestida de Carmen Calvo, acudiendo a la representación de La venganza de don Mendo. Confío, señora presidenta, que le aprovechara y sacara conclusiones y extrapolara consejos. Por ejemplo, cuando en la obra se habla de los peligros del juego de las siete y media, «un juego vil / que no hay que jugarlo a ciegas. / Pues juegas cien veces, mil / y de las mil, ves febril / que te pasas o no llegas. / Y el no llegar da dolor / porque indica que mal tasas. / Pero, ¡ay de ti si te pasas! / Si te pasas, es peor». Como en la vida (política) misma.

¡Hola!
Y acabo en ¡Hola! donde, además de la exclusivísima protagonizada por la nietísima del generalísimo (lagarto, lagarto), hay varios reportajes interesantes. Uno, sobre el funeral en Miami por Rocío Jurado, en el que nos muestran una foto indecente de la novia de Bisbal posando, escribo bien, posando con su madre y su hermana. ¡Puaj! Y otro sobre la edición tailandesa (lo han leído bien) de ¡Hola!-Hello!. Digna de ver la foto de los responsables de la publicación, sentados en el suelo (como mandan los cánones de allí) para entrevistar a una princesa. Toda una metáfora visual de ciertos comportamientos periodísticos.

Las hay también literarias. Metáforas, digo. «Carmen invitó de manera muy especial a la gente de su finca de Cazalla de la Sierra: desde los tractoristas y los caballistas hasta la gente que faena en el campo». ¿De manera muy especial? Cómo, ¿las tarjetas de invitación no eran como las del común de los mortales adinerados? ¿O es que incluía una adenda en la que se les recordaba que ellos cenarían una hora antes y en el comedor de servicio? Por otra parte, ¿quién es ese adolescente que, en la foto de los novios con la familia de él, foto en la que están todos con una sonrisa de oreja a oreja, no sonríe? ¿El único sensato de la cuchipanda?

En fin, termino, que en la cocina la campana extractora se ha puesto a dar los cuartos. Y lo hago con una pregunta, dirigida a los sacerdotes a los que Dios confunda: ¿cómo es posible que la vividora antes llamada Carmencita haya podido casarse por la Iglesia con el pasado matrimonial que acumula?



mlimon@divertinajes.com
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