1 de junio de 2006

El adiós más largo

Me pueden creer si les digo que no soy para nada mujer hecha para las circunstancias graves.

—Gravosa, si acaso.

María de la O, que ha vuelto del balneario, anda por la vida sin suelta, como si aún no se hubiese desprendido del albornoz y las chancletas, y ha subido para tomarse un té comegrasas con unas galletas sin azúcar. Dice que está enferma, pero yo creo que es una hipocondríaca.

—Cómo no voy a ser hipocondríaca si estoy enferma.

Es la pescadilla que se muerte la cola, versión House. Que mira cómo me gusta a mí ese canalla, la lengua que tiene. Si a mi se me ocurrieran esas frescas que el anda soltando, me respetarían mucho más en el mercado. ¡Va usted a comparar! Lo que pasa es que aquí donde me veis, yo soy una cortada y me quedo muda cuando la pescatera me suelta una de las suyas. Pero en lugar de callarme, podría lanzarle una mirada cargada de odio sarraceno, subirme en el podio de mi orgullo, flagelarla con el látigo de mi indiferencia, y soltar un despectivo: ¿Sigue siendo ilegal hacerle una autopsia a alguien vivo?

Maruja, que patinas.

¡Hola!
Tienes razón, pero es que eso es lo que han hecho no ya la pobre pescatera, sino los medios de comunicación. Decía que no estoy hecha para las circunstancias graves, y lo decía porque todo lo que ha sucedido en torno a Rocío Jurado me sobrepasa. No hablo, claro, de su enfermedad, ni del sufrimiento de sus allegados... las circunstancias son terribles, tanto como las que atraviesan en estos mismos instante miles de familias españolas abocadas a la misma situación... Me refiero al circo mediático. Ver-gon-zo-so. Lo digo yo, que de esto sé un rato. Las revistas, que estaban en la calle antes de conocerse el fallecimiento de la Chipionera para informarnos, habían puesto ya en los quioscos revistas que eran respetuosos homenajes, quizá porque tienen la suerte de salir una vez a la semana y no se han visto en la ¿obligación? de contarlo todo a cada minuto.. En general, Rocío se merecía una despedida más respetuosa con su sufrimiento. Descanse en paz.

Lecturas
Y mientras tanto, la vida sigue... Lolita ha sido operada. «El bulto que me han quitado no era nada. Estoy sana como una pera». ¿Está segura de que es una pera? ¿No será una manzana? Por cierto, que la hermana de Lolita, Rosario, es la autora de la cabecera musical de la nueva serie de Ana Obregón, Ellas y el sexo débil. Para escribir los capítulos, dice la fantástica, «he tenido que inspirarme en experiencias personales». Nos queda el consuelo de que si se sircunscrube a aquellas esperiencias interesantes, entonces, la serie dudará poco. Y añade: la serie es «alta comedia con suspense rodeada de lujo y fantasía». ¡Recontramaricojoñetagilicabronchi!

En ¡Hola! entrevistan a María José Suárez. Dicen que es ella pero está irreconocible... Han retocado tanto las fotos que casi le han borrado la nariz. Vaya, quiero creer que se han pasado con el programa-plancha del ordenador y que en la vida real tendrá para sonarse. Sin embargo, el caso de Isabel Preysler es diferente: la han estirado tanto que, si se pone las manos a ambos lados de la cara, parece El grito de Munch. Y más vale que se las ponga, no vaya a ser que se le suelten los puntos de las orejas.

Semana
El problema de doña Letizia es muy otro. Como esta semana ha asistido a unos cuantos actos oficiales, está en todas las revistas. Y todas las revistas elogian sus peinados (como si se peinara ella) y su hiperactividad (como si... fuera andando a todas partes). Yo, sin embargo, como tengo tendencia a lo accesorio...

—A mí también me gustan los collares.

María de la O, calla, bebe y cuida con tanto té comegrasas, a ver si te devora el poco cerebro que te queda. Yo me he fijado en lo delgada que está. Con todo respeto, señora doña princesa, parece usted una gamba: es todo cabeza. Engorde un poco, mujer. Fíjese, por ejemplo, en Shakira, que está en plena forma pero es más... más... neumática. Dice Lecturas que la cantante colombiana ha sido «Madrina de un reloj». Casi la entiendo, los relojes son mucho menos cargantes que los niños, y lo dice una madre de dos.

En fin, voy terminando que en la cocina la superrápida se ha ido de la olla.

Veo, y no salgo de mi apoteosis, a Gema Ruiz empuñando una taladradora (le pega como a un santo dos pistolas) en una competición de bricolaje a la que acudió no por amor a las chapuzas, sino porque le pagan por prestar su imagen para este tipo de acontecimientos. Está allí, versión Serrano de Pepe Gotera y Otilio, martilleando sin protección. Cualquiera le pregunta por las medidas de seguridad. «Es que se me ha olvidado el Casco(s)».

Y digo yo, genios de la promoción que creen que es bueno que Gema Ruiz apoye el lanzamiento de sus productos. En lugar de pedirle prestada la imagen... hummm... ¿no podrían quedarse con la persona de carne y hueso? Si la sacan de circulación, yo, Maruja Limón, de los Limón de toda la vida, me comprometo a comprar lo que ustedes vendan.



mlimon@divertinajes.com
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