18 de mayo de 2006

La nostalgia es un horror

—¿Otra vez?
—Sí, señora jueza, lo confieso.
—Empieza a ser un vicio, Maruja.
—La verdad es que le voy cogiendo el gusto...
—¿Y qué hacemos nosotras?
—¿Compraros las revistas y no ser tan cicateras?
—Mujer...
—Ni mujer ni vainas: hoy quiero hablar de fútbol.

Y desde que las folclóricas se calzaron los borceguíes (así llamaban los cronistas de la época a las botas esas con clavos), el balompié (así quisieron los lingüistas de época que llamáramos los españoles al fútbol, palabra que, dice mi hija, viene del inglés football, mira tú lo que la enseñan en el colegio) no ocupa las portadas de las revistas del cuore. No me refiero, claro, a esa película que por no puedo recordar, no me sean groseros, en la que se pusieron pantalón corto las jamonas de principios de los 70, para deleite de los varones, tan reprimidos...

Las Ibéricas
—Pero, ¿de qué año estás hablando?
—Tú y yo éramos apenas unos niños, Santiago...
—No me recuerdo yo deleitándome con unas jamonas... lástima. Por cierto, Maru, mira el cartel de la peli: ¡pero si van con tacones!
—Como diría Lorena Verdún: Con dos tacones.

... y para vergüenza de los actores españoles. Porque estaban todos los habituales de la época, hasta un izquierdista como José Sacristán...

—Vaya pillín.

... o Fernán Gómez.

—¡A la mierda!

Sino a las reinas del folclore patrio: Lola Flores, Carmen Sevilla, Maruja Díaz... a las que me parece recordar vestidas de corto para disputar (¿?) partidos (¿?) benéficos o así. ¿Te acuerdas? Ellas tan cardadas, con las uñas pintadas, todos collares al cuello como en un expositor de bisutería... un espectáculo, oyes.

Habían pasado algunos años desde que Gelu hiciera popular aquello de:

Por qué, por qué…
los domingos por el fútbol me abandonas
no te importa que me quede en casa sola.
no te importa
por qué, por qué…
no me llevas al partido alguna vez!
Quizás quizás…
tu me mientes al decir que vas al fútbol
es seguro que lo empleas como excusa
es seguro
quizás quizás…
yo me entero alguna vez de la verdad!

—Hija, Maruja, qué memoria histórica...
—Ya ves, MariPepa, una tiene el disco duro a pleno rendimiento.
—Ya. Y cuando dices «el disco duro», ¿te refieres exactamente a qué?
—Es una metáfora, mujer. ¿De qué te ha servido a ti el curso de informática del Hogar del Pensionista?
—Para darme cuenta de que los hombres se jubilan demasiado pronto.
—Pues no quiero abrumarte, pero ¿te acuerdas de Rita Pavone?
—¿Rita qué?

Rita Pavone, amig@s, una italiana que debía medir metro y medio, cantaba la misma canción pero en italiano, y era muy habitual en la tele de la época.

—Perrro, ¿de qué época tú hablarrr?
—En España teníamos a Franco, y vosotros debías estar gobernados, calculo yo así, a ojo, por aquel tipo de las cejas como cepillos de ropa y gorro de astracán.
—Todos errran así. Más pistas.
—No le recuerdo bien, Luba. Creo que tenía nombre de chocolate belga...
—¡Leonidas! Leonidas Brezhnev. Prrronuncio su nombrrre y me tiembla hasta la úvula...
—Hija, qué español más raro os enseñan en la academia esa.

Decía, que hacéis perder el norte a una brújula, que habían pasado algunos años desde que Gelu hiciera popular aquello de «Por qué, por qué… los domingos por el fútbol me abandonas», y faltaban otros muchos para que doña Teresa Rivero llegara a la presidencia del Rayo Vallecano y demostrara al mundo que se puede estar a la cabeza de un club sin tener ni idea de lo que es un corner.

—¡Un instrumento musical de viento, semejante al clarín, aunque mayor y de sonidos más graves!
—¡El cuerrrno que usarrr los porrrquerrros parrra llamarrr al ganado de cerrrda!

Hija, qué vecindario: sabio, a la par que ignorante.

—Sin faltar. Además, una cosa es que no te compres las revistas y otra bien distinta que nos sueltes todo este rollo. Llevo una hora haciendo como que tiendo mientras te atiendo, a la espera de que digas algo sustancioso, y me tienes in albis.
—No como tus sábanas, que están en grises. ¿Con qué las lavas?
—Primero, no las lavo yo, las lava la lavadora, que para eso la tengo contratada por horas. Y, segundo, no intentes despistarme con el truco Ariel del «a quién se lo has contado» porque no cuela. Así que, Maruja, responde ante la historia: ¿por qué no compraste las revistas?
—Porque me zampé todos los periódicos deportivos previos a la final de la Copa de Champiñones.
—¿Y a qué viene este discurso femenil sobre el fútbol y las mujeres?
—A que no se crean los varones que sólo ellos tienen un pasado balompédico. Nosotras tenemos un pasado vergonzoso, un par de canciones absurdas... en fin, que mirar la vista atrás será bueno a veces...
—Ya lo decía la tovarish Karrrina: uh, uh.
—Pero en el caso del fútbol y las mujeres es mejor mirar al futuro y olvidarse incluso de ese anuncio en el que Ronaldinho se pone una peluca rubia, en un cruce de Santiago Carrillo, la madre de Psicosis y Vestida para matar, tras mascar un chicle sin azúcar pero sin duda con otras sustancias tóxicas...
—Si es que Dios le da pan al que no tiene dientes.

Santiago, que es del Real Madrid y está que echa las muelas.

En fin, termino ya que en la cocina el pastel de merengue se me está agriando, con esto del triunfo del Barça. Que sí, que lo confieso: que no compré las revistas porque ayer sólo me importaba el fútbol.

—¿Te gusta el fútbol, Maru?
—Lo que me gusta es tener temas de conversación. Y en este país si no hablas de fútbol o del Estatut, no eres nadie. Y a mí el Estatut me aburre. Así que, ¡Força Barça!
—Manque pierda...
—No seas vengativo, Santiago. Ya verás como el año que viene el Madrid hace algo...
—No, si hacer ya hace, hace el ridículo.
—A ver, repite conmigo: Força Barça.
—For... for... ¡no me sale!
—Tenemos todo el día...
—¡Ughhh!





mlimon@divertinajes.com
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