4 de mayo de 2006

La mano de Rocío

Semana
Ando tragediá, de tanto llorar y de llorar a cuenta de unas revistas rosas que se han vestido de luto. Saben que el drama no es lo mío, si acaso el espagueti güestern, pero la verdad es que hay Semanas (y de las otras ni hablo) que no ganamos para disgustos. Fíjense que hasta me he compadecido de Belén Esteban tras verla de luto y en zapatillas de andar por casa. La muchacha está destrozada.

La buena nueva es que, como dice ¡Hola!, por fin hemos podido ver a «Rocío Jurado de pie». Pero lo que más me ha impresionado no ha sido admirar a la Chipionera erguida, y bien flamenca, sino ver su mano: esta foto vale más que todas las descripciones del sufrimiento juntas. Pero no me hagan ir por ahí, que desbarro y no quiero.

Lo mío es la comedia bufa... en tanto que lo de Santiago es el bufé de comidas. ¿Captan la diferencia? Por ejemplo. Yo leo: «No consigo cuajar como actriz aquí porque fui Miss España». Firmado: Lorena Bernal. Y sin solución de continuidad (ganas tenía de escribir esto, que no sé qué quiere decir pero queda de lo más refinado), me dan ganas de preguntarle: Bonita de cara, ¿no has pensado que quizá no consigas cuajar como actriz aquí porque eres... mala? Vamos, digo yo.

—Mala eres tú, Maruja. Cuéntales, cuéntales lo que me has dicho esta mañana de José María Íñigo.
—Díceselo, díceselo.

Luba, que no pasa de los verbos de la primera conjugación.

—Por cierto, ¿quién ser ese Íñigo?

En los cursos de integración deberían enseñarlas las cosas que de verdad importan. ¿Cómo puede alguien instalarse en este país y no saber quién es José María Íñigo? El hombre que nos reveló a Uri Geller, el que descubrió a Miguel Bosé, el que lo mismo entrevistaba a Rita Haywoth que a un fulano cuya mayor habilidad era hacer música con una escoba y una puerta...

—No te vayas por las ramas y cuéntales.

Pues he dicho que los periodistas, que tan mala fama tienen, son gente buena y tierna. Porque llevan días intentando convencernos de que Íñigo se ha afeitado la cabeza para presentar un programa desde la selva dominicana cuando todos sabemos que llevaba años utilizando un peluquín.

—Y lo de Tony Anipke, di lo de Tony Anipke...

¡Hola!
Pues que el marido de la Mosquera muestra, en ¡Hola! y en exclusiva, la casa que se han construido en Nigeria. Y a mí me recuerda esos reportajes en los que dictadores terribles exhiben sus riquezas: la mega televisión de plasma, el BMW a la puerta... «Raquel está deseando ir a Nigeria para liarse con la decoración de la casa». Desde luego, siempre es mejor «liarse con la decoración de la casa» que «liarse con el decorador de la casa», al menos desde el punto de vista de la estabilidad matrimonial. ¿Para cuándo una sucursal de su peluquería? «Salón Raquel. Usera’s fashion hair». Queda bien.

—Y lo de Isabel Preysler y Anna Kournikova, di lo de Isabel Preysler y Anna Kournikova...

Lecturas
Pues que se han dejado ver juntas por primera vez en público (lo que Porcelanosa ha unido que no o separe el hombre). Semana se luce: «Kournikova juega su primer doble con Preysler», brillante metáfora tenística; y Diez Minutos, puesto a decir dos chorradas, apunta que «coincidieron en el tipo de escote de sus vestidos y ambas llevaban tacones». Ya vez. Hay más coincidencias que no se atreven a señalar: las dos tienen dos ojos, dos orejas, una nariz, una boca, un cuello, dos te...

—Y lo de Gonzalo Miró, di lo de Gonzalo Miró...

Pues que hay que ser babayo para decir, a estas alturas de pesebre: «Creo que mi apellido me puede abrir puertas». ¡A ver si este niñato se cree que lo suyo es por generación espontánea! ¿Qué pasa? ¿Qué hasta ahora lo de ser hijo de Pilar Miró sólo le había abierto ventanas?

—Y lo de...

MariPepa ya está bien, que parezco el catálogo de maldades de La Redoute o un epígono con faldas de los hermanos Malasombra, que eran malos de verdad, eran como una espina, que sólo sabe pinchar, y más malos que la quina

—Pues te faltaba lo de la Infanta Elena.

Es verdad. ¡Hola! la convierte en protagonista de un reportaje titulado «La hija mayor de los Reyes es profesora de inglés en una escuela infantil de Madrid. La Infanta doña Elena, en su papel de maestra». Y puesta a reflexionar, me he preguntado si vivirá de su sueldo de maestra... Y me he respondido que no. Y entonces me he preguntado por qué no deja el puesto para otra. Y me he respondido que no lo sé. Y luego me he dicho: Vaya publicidad para el colegio en cuestión, en el que, nótese el detalle de buen gusto y mucha clase, los niños van uniformados... y las maestras también. Camisa blanca, pantalones y jersey rojos, me he dicho. «No», me ha contestado ¡Hola!, siempre atenta a los matices. «De color guinda». Osús qué joder. El inicio del reportaje es para vomitar:

« “¡Elena! ¡Elena!”. Los niños reciben a su profesora de Inglés [así, con mayúscula, como si por darlo ella fuera más que un idioma] a la entrada del colegio con toda naturalidad. A su edad sería muy difícil entender que su maestra es una infanta de España». Y si el inicio es vomitivo, el resto es emético. Que digo yo que si quiere dar clases de inglés, que se las dé a su cuñada. ¿O doña Letizia ya ha aprendido todo lo que tenía que aprender?

Diez Minutos
—Para, Maruja, que te pierdes.
—Te pierrrrdes, te pierrrdes.

Paro, sí. Además, en la cocina los espárragos cojonudos están a punto de montarla y gorda con el aceite virgen. Que dice Carla Goyanes que «las transparencias no son para mí». Imagino que de la sinceridad ni hablamos. Hasta la semana que viene...



mlimon@divertinajes.com
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