20 de abril de 2006

Malita

Esta semana no he comprado las revistas...

—Hija, Maruja, se está convirtiendo en una costumbre.

... porque estoy malita.

—¡Ay, Marusiña! ¡Pobriña!

MariPepa, ejerciendo de ferrolana.

—¡Maruja Limón! ¿Qué te pasa a ti en los clisos?

María de la O, que tras meses viviendo en casa de su madre (y a dieta de folclóricas, a lo que se ve), ha vuelto al barrio.

Maruzha ras, dua, tri.

Luba, una vecina rusa recién llegada. El trío la, la, la, vaya.

—¿Qué tienes?
—¿Qué tienes?
—¿Qué dolerrr?

El corazón contento, desde luego, no. Porque el médico, tras auscultarme y diagnosticarme ansiedad y angustia de una tacada, me dijo que, visto mi historial, mejor nada de revistas de estas que me gustan a mí, al menos durante unos días. Podían provocarme taquicardias.

—¿Y por eso en la Seguridad Social no tienen revistas del corazón? ¿Para evitar alteraciones del ritmo cardiaco?
—Mira, bien pensado... Se ahorran un montón en cafinitrinas.
—¿Qué serrr las rrrevistas del corrrazón?

Para que luego digan que en los cursos de español lo enseñan todo: nada como aprender sobre el terreno. ¡Ese Instituto Cervantes! Menos literatura y más caraduras, que al fin y al cabo es lo que nuestros visitantes foráneos van a encontrarse cuando lleguen a España.

—¡Se me llena la boca de decir España!
MariPepa, lo de la medicación hay que tomárselo en serio.
—Vivirrr perrrjudica grrravemente a la salud. Se lo digo yo, que de esto sé un rato.

Así que aquí me tienen, intentando cumplir mi compromiso con los de Divertinajes pero sin materia prima. Y sin comer, dicho sea de paso. Porque Santiago, tras constatar que no estaba yo como para ejercer de ama de casa y llamar a mi madre («Yo es que soy muy malo para estas cosas», se ha justificado) para que se me hiciera cargo de la situación y me llevara a urgencias, se ha ido con los niños al bar de Paco.

—No te preocupes por nosotros, que bajamos a donde Paco y comemos cualquier cosa.
—Y luego nos podemos ir al cine, para no molestar.
—Pero hija, si es día de colegio.
—Tampoco les molestamos a ellos, mamá. No te creas, lo van a agradecer.

¡Y se han ido, los tres, agarraditos, tan pichis! ¿Y a mí quién me cuida? ¡La enferma soy yoy! Pues nada, ni un tapergüer me han traído.

—Hija, Maruja, haberlo dicho antes. Tengo unos canalones...
—A mí me han sobrado unas croquetas...
—Yo tener una botella de vodka... ¡Nashdarovia!

La rusa, que aún no ha asimilado las costumbres gastronómicas del barrio. Tampoco han pensado en traerme un vídeo, para aliviar el paso de las horas en el lecho del dolor. De hecho, todavía no han vuelto, los muy descerebrados. ¿Y si me hubiera pasado algo? Cría cuervos...

—... y te sacarán los ojos.
—... y tendrás cuervitos.
—... ¿está perrrmitido crrriar pájarrros en casa?

En fin. Que mientras MariPepa calienta los canalones, María de la O descongela las croquetas y Luba se lee las normas de convivencia de nuestra comunidad, me he dicho: «Hija, Maru, haz de tripas corazón y escribe lo de Divertinajes, que estos señores confían en ti porque eres una mujer cumplidora».

Yo es que soy como Bono y el lendakari, que hablo de mí en tercera persona.

Y en eso estoy. A ver si se me ocurre algo.



mlimon@divertinajes.com
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