30 de marzo de 2006

Querid@s lector@es divertin@s:

Confío en que al recibo de la presente se encuentren bien de salud. Por aquí las cosas no están mal del todo... y cuando digo «cosas» no me refiero a Santiago y Santiaguín que, sí, muestran síntomas de lo que ellos, grandilocuentes y absentistas, llaman gripe pero mi madre, que es más corajuda, define como «un catarro de nada que les tapona la nariz». Y en opinión de mi madre, que se graduó en medicina en la Universidad de Jack el Destripador, «la nariz no es del cuerpo».

Nos conocemos desde hace tiempo y saben ustedes que yo, como el algodón, no miento.

—Estoooooo.....aaaachús!
Santiago, estornuda si quieres pero ni se te ocurra interrumpirme.
—Vale, andipádica, que eres una andipádica.
—Y coje un clin y, en nombre del bacilo de Koch, ¡suénate!

... no miento en general, y no miento si les digo que hoy me he acercado al quiosco y se me han quitado las ganas de comprar nada cardiaco. Las portadas eran elegiacas.

Descansa en paz, Marieta.

Pero, claro, yo tenía que escribir sobre algo o, mejor aún, contra alguien. Pues bien, tras leer el Pantumaca de Sara Orúe, he decidido escribir contra los guarros, que son muy socorridos. Además, no creo que nadie, excepción hecha de Mercedes Milá, que una vez dijo en televisión que a ella le gustaba hacer pipí en la ducha, esté dispuesto a salir en defensa de la gente cochina, marrana, capota gitana, mantón de barril, no bebas vino que te vas a morir.

(Ustedes sabrán disculpar la evocación escolar, primero de primaria, aquellos maravillosos años. Me sé otras canciones sin sentido: «Yo soy la cantinerita, niña bonita del regimiento» y «Al corro de la patata, comeremos ensalada, como comen los señores». Qué mundo ese en el que los señores comían ensalada. Dios, cómo pasa el tiempo).

Resulta que, cuenta Sara, los ingleses no se cambian muy a menudo de ropa interior. Vaya, que les preguntan y ellos dicen que no son partidarios. Y eso que el reino que olía a podrido, según Shakespeare, era el de Dinamarca. ¿Cómo se dirá en inglés eso de ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio?

—¡Ay! Donnou.
—No, no hay Donuts. ¿Quieres rosquillas?

En fin. Que dicen los ingleses, los muy mugrientos, que en muchos casos, a lo más que llegan es a darle la vuelta a los gayumbos: lo de dentro, p’afuera, lo de detrás, p’adelante. Ellas, sin en cambio, no pueden darle la vuelta al proteje slip, porque se les quedarían adheridas las liendres.

Maduja, plis, ¿poddías pod favod ahoddadte los dedalles?

A mí, la noticia no me ha extrañado. Hace tiempo, un amigo mío chileno que, por razones políticas tuvo que abandonar su país e instalarse en Londres, me contó que le habían echado del primer piso que ocupar pudo. La razón: se duchaba todos los días, y eso sólo podía querer decir que tenía algún problema de piel o así. A mí, su historia me recordó algo que cantábamos de pequeñas en el colegio con la música de La Bamba:

Cada vez que me baño,
cada vez que me baño se emboza el caño
y por eso me baño,
y por eso me baño una vez al año,
ay, arriba, y arriba...

En fin. Que se me ocurrió que para distraer la pena, podía hablar de cerdos, malolientes, desaseados, sucios, despreciables, deshonestos, impresentables...

—¡Maduja! De estás pasando podque no puedo contestadte...
—Pero Santiago, mi blandiblup, mi Baby mocosete, el baby que es un solete, que en todas partes se mete... Si es que Mister Proper y el Hombre Blanco de Colón están a punto de suicidio. Esta mañana les he visto saliendo de la cocina, agarraditos los dos, camino del psicólogo.
—No se puede espedad nada de un país cuyo hedededo dijo hace tiempo que quedía sed el tampón de su amante.
—¿Qué el tampón de su amante tenía sed? ¿Qué clase de obscenidad es esa?
—¡NOOOO!! Que él quedía sed el tampón de su amante. Que quedía deencadnadse en un tampax.

En verdad os digo, herman@s divertin@s, que estoy deseandico que le hagan efecto las aspirinas. El caso es que cuando buscaba documentación al respective, una amiga...

—¡Cita tus fuentes, periodista de investigación, Pulitzer del arrabal!

MariPepa, para no ocultarles nada, me envió esta esquela:

Lo cual me dio pie para una profunda reflexión sobre lo efímero de nuestra fama: los ingenuotes dirán que fue una errata, pero para mí que fue un subordinado desaprensivo aunque eso... ¡nunca lo sabremos!

De verdad que esta semana, las risas son más necesarias que las revistas.

Hasta la próxima.



mlimon@divertinajes.com
Archivo
Volver
Imprimir