9 de marzo de 2006

Me aburro

¡Hola!
Los Oscar...

—Paso.

El bautizo del hijo de Mette-Marit.

—¡Vade retro!

Raquel Mosquera...

—Estoy hasta la mollera de la sin par peluquera.

La querida Rosa.

—De foca a foca y tiro porque me toca.

Santiago, eso es una grosería. Y además, una falsedad: la chica ha adelgazado un montón.

—Aun con todo, no le arriendo la ganancia a su pareja en mira quién baila: levantarla sin gato y hacer al mismo tiempo un degayépadeburré, ¡eso sí que es digno de Oscar!

Ahora, la que pasa soy yo. Empecemos por Rosa, una mujer que —las revistas lo decidieron y cualquiera les lleva la contraria— que tiene que caernos bien a todos. De hecho, siempre se refieren a ella como «la querida Rosa»...

—Eso suena a que tienes una amante en un barrio de mal vivir.

(A palabras producidas por laringes inconscientes, trompa de Eustaquio en estado de aletargo).

Sin embargo, ahora titulan: «Rosa, enamorada». El afortunado es su logopeda. Es decir, el tipo que lleva meses enseñándole una fonación normal a ella, que tiene dificultades de pronunciación.

—Vale, ya sabe cómo pronunciar las cosas. Ahora sería estupendo que supiera las cosas que dice.

Como no supere pronto la depresión, me corto las venas. O me las dejo crecer.

Diez Minutos
Santiago, ¿y esto qué te parece? Publican las cartas de amor de la Reina de Inglaterra. Y en una de las misivas cuenta lo mucho que le riñó su madre cuando ella, enamorada de un Felipe entonces buen mozo, decidió colgar en las paredes de Palacio un retrato de él.
—Brase visto, la muy procaz.

No lo soporto, de verdad que no puedo con él. Yo entiendo que las noticias cardíacas no son como para enardecer a la peña, pero lo de este hombre se pasa de castaño oscuro. Todo empezó cuando vio por la tele un reportaje sobre gastronomía china. Al parecer, allí también creen que de lo que se come se cría, y hay un restaurante que ofrece penes de distintos tipos y en distintos cocinamientos. El caso es que Santiago, que anda pitopausico, me pidió pene para comer. Y yo, que creí que era broma, le puse un plato de pasta que no se lo salta un presbítero: penne rabiata. Dice que me río de su desgracia, y anda de capa caída.

—Uy vecina, si sólo fuera la capa.

Dita sea: tengo que instalar un inhibidor de frecuencias, a ver si MariPepa deja de leerme el pensamiento. 0 al lado de ésta es un novicio.

Semana
Pues nada, que eso. Y que dicen las revistas que «Los príncipes inculcarán a Leonor la pasión por la lectura»...

—Noticia sería si le inculcarán la pasión por las colecciones de coleópteros de antenas con nueve articulaciones terminadas en maza, élitros lisos, cuerpo deprimido, con cabeza rombal y dentada por delante, y patas anteriores desprovistas de tarsos que buscan el estiércol para alimentarse y hacer bolas, dentro de las cuales depositan los huevos. Vulgo, escarabajos.

... y que Doña Elena está «a favor de que todos los niños del mundo tengan juguetes»...

—Tonto soy, a mí sólo se me ocurría que tuvieran qué comer, a ser posible todos los días y no los impares de los años bisiestos. En cualquier caso, noticia sería que estuviera a favor de que todos los niños del mundo NO tuvieran juguetes.

Lecturas
... y que el Duque de Lugo está «seducido por la moda»...

—A ver si creen que se ha ganado el motete de «Duque de Lujo» en una rifa.

... y que Isabel Preysler «sorprendió» a los fotógrafos que la esperaban a la salida de una fiesta cuando abandonó el ágape al volante de su propio automóvil.

—Noticia sería que se hubiera ido galopando en una jaca enjaezada de Loewe y con herraduras de Porcelanosa.

... y que Concha Velasco asegura que, desde que se separó, «no he vuelto a hablar con Paco»...

—Qué curioso: a mí me llama más la atención que, desde que se separó, no ha vuelto a hablar de otra cosa que no fuera Paco. Y le pagan por ello.

En fin, termino ya que en la cocina los huevos a la flamenca se han puesto un poco chulos, y tienen a la vitrocerámica encendida. Dice Diez Minutos que la cadena de televisión nueva, La Sexta, hará un concurso de monólogos en el que participarán, entre otros famosos, Alfredo Urdaci, ya saben, el de Ce Ce O O. Quién le ha visto y quién le ve.

—Mujer, gracia tenía. Lo que me preocupa es lo que durará ese programa si, en lugar de interpretar los monólogos, los deletrea.

En eso te doy la razón.



mlimon@divertinajes.com
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