2 de marzo de 2006

Filtreando con el abismo

Semana
A veces, las revistas pueden sorprendernos. Esta semana, Semana lleva una portada que más que de publicación rosa parece de periodismo político. «Nueva polémica en la Casa Real», proclaman en grande, a propósito del lío celular de madre y muy señor mío en el que la han metido; y en más pequeño, aunque bien visible, «Iñaki Urdangarín en Baqueira, ajeno a las críticas sobre las ganancias de su empresa». Cierto, lo que sigue en páginas interiores no es un modelo de periodismo de investigación, pero esa portada ha ido más lejos de lo que se atreven a llegar muchos diarios de los tenidos por serios.

Maruja, hija, respira, que como sigas por ese camino te va a contratar Pedro Jota como editorialista de El Mundo.
—Antes me ofrezco como columnista para todo de La Razón, jate tú lo que te digo.
—Sectaria.
—Cotilla.

Tengo que acabar con este espionaje vecinal. No sé cómo se las apaña MariPepa pero me lee el pensamiento...

—¡Acabas de escribir mi nombre!

... o quizá es que sabe lo que escribo porque descifra el ruido del teclhado...

—¡Teclado se escribe sin h intercalada!

... el caso es que me está entrando una paranoia que no es normal, es paranormal.

Lo gracioso es que estos superpoderes sólo se manifiestan a la hora del articulillo para Divertinajes. En fin... Aquí hay tomate. Para consolarme, leo algunas de esas declaraciones que, a fuer de repetidas, parecen principios constitucionales. «He luchado por lo que quiero y por suerte lo he conseguido. No soy la típica niña mona y tonta». Hay tantas niñas monas que dicen que no son la típica niña mona y tonta que empiezo a dudar de que la típica niña mona y tonta exista.

—Hombre, mamá, tampoco te pases de optimista. ¿Quién ha dicho eso?
—Una tal María Bonet, que es nueva en Los Serrano.
—Ah, la serie esa en la que nos toman por tontos a nosotros: los que hacen de diecisieteañeros rondan ya la treintena, ¡y quieren que traguemos!
—Pues la tal María a mí no me parece tan mona. Tonta no sé, pero mona... bueno, tiene los ojos verdes. Pero también Zapatero los tiene claros, y nadie dirá que su mirada es arrebatadora.
—Además, fíjate en los zapatos que lleva: le van grandes.
—Es que les prestan la ropa para los reportajes.
—La ropa, el hotel, el maquillaje, los zapatos... Los reportajes han dejado de ser un género periodístico para convertirse en una exhibición.
—Una vergüenza.
—Un ultraje.

Mi hija y yo, que cuando nos ponemos a despellejar no necesitamos ni aire para respirar.

¡Hola!
—¿Y el reportaje que le han hecho los de ¡Hola! a Gonzalo Miró? ¡15 páginas en las que intentan convencernos de que es modelo!
—¿Para quién?
—He dicho modelo, mamá, no paradigma.
—Tanto estudiar griego va a acabar con la unidad de esta familia.
—Míralo, como si hubiera hecho en la vida algo de provecho. La foto de la portada, con la estatua de la Libertad al fondo, es como para echarse a llorar: el símbolo de los Estados Unidos, el símbolo de España.
—Y la periodista babea: «Uno ochenta y tres de galantería y caballerosidad son la planta y la carta de presentación de Gonzalo Miró... posando como un auténtico James Bond».
—Te digo yo que a esta el culo se le hacía gaseosa, ¡qué adulación tan servil!
—Mamá, que estamos en el siglo XXI...
Pilar Miró, que estás en los cielos junto a Gary Cooper, a esto ha llegado tu rala progenie.
—¿Qué tiene que ver uno con la otra?
—Es que tú no viviste la Transición.
—¡Pero si apenas tengo la regla!
—A mí me dan arcadas: verdaderamente, nunca tan poco ha vestido tanto.

No me digan que no tengo razón: el mero hecho de que este inoperante haya llegado a ser un habitual de las revistas, las tertulias radiofónicas y las fiestas donde los famosillos cobran por asistir es razón suficiente para estar convencido de que nuestro país no va por el buen camino. ¡Váyase, señor Miró, váyase! A ver si lo casamos con la duquesita de bolsillo, y su suegra lo encierra en el Palacio de Liria. El colmo de la indignación llega al cierre de lo que apenas merece el calificativo de reportaje: Gonzalo con los bomberos de Nueva York, los héroes de la ciudad. Pues ya ven la diferencia: los héroes y el trepa. No me digan que no es un título bonito para su primera película, si es verdad que lo que hace allí es estudiar cine como él asegura.

En fin, voy a tomarme una dosis extra de Tranquilín Forte. Que digo yo, que los informadores de la prensa cardiaca deberían pasar la ITV, porque están todos gagás. La que estuvo con Gonzalo aún sigue soltando feromonas, y el responsable de los pies de foto del reportaje sobre la familia real holandesa en la nieve (dicho sea entre paréntesis: ¿de verdad a todos les gusta esquiar o es sólo que les parece que les favorece el blanco?) todavía no ha superado el empacho de azúcar: «un primer plano de Alexia que lo dice todo, los labios congelados, pero un paisaje bellísimo en sus ojos aún incontaminados».

Precisiones:

-Alexia es la hija pequeña de Guillermo y Máxima.
-Si tiene los labios congelados, sus padres pueden ser acusados de maltrato, porque tienen dinero más que de sobra para mantenerla calentita. Claro, que siempre es mejor tener los labios congelados que tener las células (¡ay, madre!) congeladas.
-Lo de los ojos aún incontaminados es un hallazgo. Dos explicaciones posibles: es muy niña, vive entre algodones y no ha visto aún los horrores de este mundo, o bien, vive en Holanda y no en el centro de Madrid.

En fin, voy terminando que esto me ha salido muy largo.

Lecturas
No pierdan de vista a la hija de Andrés de Inglaterra y Fergie: 17 años y ya se relaciona con un pobre-niño-rico de 24 que estuvo implicado en el homicidio de un estudiante. Esta chica promete.

Y no se pierdan la meteórica carrera de Gema Ruiz, que ya desfila como modelo. En Badalona. Dentro de nada la veremos estudiando cine en Nueva York, en la misma escuela de absentistas que Gonzalo Miró.

Hasta la semana que viene...

—Si ya has terminado, vecina, te espero en el patio y vamos juntas al mercado.

Lagarto, lagarto.



mlimon@divertinajes.com
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