9 de febrero de 2006

Revolucionarios del amor

Esta mañana he sorprendido a la niña, tan consumista ella, tan poco propensa a efusiones sesentayochistas ella, cantando por el pasillo: «Unidos en la lucha, no nos moverán. Unidos en la lucha, no nos moverán. Igual que el pino junto a la ribeeera, no nos moverán».

«¡Aleluya!», me he dicho. Es que soy muy dada a comentarme en voz alta mis propias emociones. Visto que nadie me hace caso, es el camino que me queda. «¡Aleluya! Gracias a Dios, el cruel capitalismo no ha arrasado con el espíritu del pueblo». Y en ese trance casi místico estaba cuando la jodía niña ha cambiado de tonada: «Estamos tan a gustiito!».

—¿A qué viene esto? De Joan Baez a Ortega Cano sin solución de continuidad —le he espetado. Hago notar que he utilizado la expresión «solución de continuidad», que le tenía yo ganas, y el verbo «espetar», porque yo sé que, además de espetar sardinas, se pueden espetar palabras.
—¿Quién demonios es Joan Baez?
—Pero si estabas cantando su canción... La de unidos en la lucha...
Semana
—No sé, me ha venido a la cabeza al ver la portada de Semana. Y luego...
—... sin solución de continuidad...
—... me he pasado a Ortega Cano. El caso es que la canción se ha apoderado de mí, me sonaba pero no sabía de qué...
—De los tiempos gloriosos.
—Más bien de esos vinilos del cenozoico terciario. Lo siento mamá, sé que he sido una decepción para vosotros...
—No te preocupes, hija, una se acostumbra a todo. Y yo te quiero igual.

Diez Minutos
Es lo que se suponía que le tenía que decir, ¿no? En fin... La Jurado llena portadas y páginas, en las que curiosamente coincide con la otra esposa del fallecido Pedro Carrasco, Raquel Mosquera. No voy a comentar nada sobre sus enfermedades, me merecen demasiado respeto... aunque tengo para mí que la dolencia que corroe a Raquel se llama Tony y se apellida Anikpe. Dice Semana: «Raquel Mosquera intenta recuperarse envuelta en el escándalo de su marido».

—¿Y no sería mejor que lo intentara en un centro médico? O envuelta en un chal... Porque el tío da escalofríos. Lleva de marca hasta la cera con la que se abrillanta la calva, ¡y eso que no trabaja! Señor, Señor. ¡Pero si sólo el reloj con el que acudió a la tele para vender sus miserias vale cuatro millones de pesetas! Cagun tal.

Lecturas
Santiago, que aun siendo varón está hecho una hidra. Y no me extraña: todo lo que sucede en los últimos tiempos en torno a Raquel Mosquera es una vergüenza. Y lo del marido vendiendo exclusivas, de juzgado de guardia. Claro, que quien siembra vientos recoge tempestades.

—Muy bien dicho, Maru.

Ya verás lo poco que tarda ella en pasar por taquilla, es decir, por la tele para hacer caja. En lugar del peiperviú, estos se apuntan al peiperdiú (verbo decir en catalán, que hay que estar lista para lo que sea que ha de venir). En cualquier caso, ojalá se recupere.

He de añadir, aunque no consuele a nadie, que Raquel y Tony no son los únicos que rompen, aunque otros lo hacen con más elegancia. Lance Armstrong y Sheryl Crow también han partido peras. «Son dos triunfadores en sus profesiones, sin embargo, su amor ha fracasado», decreta Lecturas, muy en la afamada línea editorial «los ricos también lloran». Mal de muchos, consuelo de tontos.

—Muy bien dicho, Maru.

¡Hola!
Gracias, Santiago. Más contentos parecen Fran Rivera, definitivamente convertido en Francisco, y su novia Blanca y radiante. «La sobrina de la duquesa de Alba», nos dicen: se creen los plumillas en la obligación de precisar el parentesco, como si no fuera conocido. Lo cierto es que cada día es más difícil orientarse en el frondoso ramaje genealógico de la famosfera...

—Muy bien dicho, Maru.

Santiago, que se raya.

En fin, voy cerrando que tengo una protesta organizada en la galería de la cocina: la lavadora clama que está harta de bragas, y proclama que su destino es lavar dinero.

La noticia más inquietante de la semana es ésta: «Magdalena de Suecia inicia su vida en Nueva York acompañada de su novio, Jonas Bergstrom, y sus tres mejores amigas». Leído así, se diría que la corona sueca apuesta por la poligamia. O por el menage à quatre. No es el caso, claro, pero es que los hay que no saben cómo titular para llamar la atención.

La noticia más tranquilizadora, esta otra: Carolina no está embarazada. Lo dicen todas las revistas, pero la que lo razona es ¡Hola! en un destacado del enésimo reportaje de la de Mónaco esquiando. «Carolina, que acaba de cumplir cuarenta y nueve años, jamás se hubiera arriesgado a deslizarse por las pistas de Zurs de estar embarazada», escribe el redactor, al que sólo le falta añadir: «Si lo sabré yo ».

La noticia más... menos noticia es que Isabel Preysler sigue siendo guapa a los 55. Lecturas cree necesario ilustrar a las Marujas que hojeamos sus páginas con los 10 secretos de belleza de la filipina liofilizada. He de decir que los 9 primeros están fuera de mi alcance. Sin embargo, el décimo me conmueve: «Suele lavarse el pelo en casa [qué sacrificada], con un champú neutro [qué equilibrada]. En la intimidad del hogar se peina con una coleta [qué juvenil] y no va maquillada [qué discreta]». Yo no sé a qué espera España para reconocerle sus méritos, antes de que se nos momifique del todo.

Termino, ahora sí, con un aviso: como las cuatro revistas que cada semana compro y comento sigan publicando exactamente lo mismo con las mismas fotos (excepción hecha de las reinonas de ¡Hola!, tan suyas, Rania nunca daría una exclusiva a cualquiera de las otras tres) voy a empezar a reducir mi ración: lo echo al pito, pito, gorgorito y con una me apaño. El que avisa no es traidor.

—Muy bien dicho, Maru.



mlimon@divertinajes.com
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