8 de diciembre de 2005

Buenas vibraciones

—Ya estás con el rollito navideño, qué empalague.

Si esta hija mía supiera en qué estoy pensando, se le caerían los palos del sombrajo... por cierto que vaya expresión: los palos del sombrajo. Los pelos del sobaco, todavía, pero ¿los palos del sombrajo?

—¿Quieres ir al grano, Maruja, que tengo las lentejas en el fuego?

MariPepa, mi vecina, mujer de mucho aparato. Se come la longaniza y l’echa la culpa al gato.

Jalouse
—¡Maruuujaaaaaa!

Vale. Que hay una revista femenina francesa que, con su número de diciembre, regala un vibrador.

—...
—Te has quedado sin palabras, ¿eh?
—Estoy intentando imaginármelo.
—Borra esa estúpida sonrisa de tu cara, MariPepa. Y deja de temblar...
—Me haces vibrar, Maru, con tus noticias. Franceses tenían que ser. ¿Qué es lo que regalan aquí? Sandalias en verano, fulars en invierno.
—No es lo mismo, no.
—Se né pa la mem chos.
—Guien de guien.
—Ye ne guegrete guien.
—¡Ay!
—Uyyyyyy....
—Como Juan Palomo: yo me lo guiso...
—... yo me lo como.

Sí. Como la familia Alba-Ordóñez, Emporio Mamani. Porque por mucho que se quejen, viven todos de la teta rosa.

¡Hola!
En ¡Hola!, «La Duquesa de Alba, entrevistada por Belén Ordóñez». ¡Lo que nos faltaba! La madre de la ex mujer entrevistada por la hermana de la fallecida madre del torero. Total, si al final vamos a tener que hablar, ¿por qué no nos lo montamos y sacamos unos dinerillos? Belén no es periodista, Cayetana no tiene nada que decir, pero ¿a quién le importa?

Las preguntas, eso sí, son de alcance y contenido. «Cayetana, ¿qué problema, si pudiera, solucionaría en el mundo?». «El hambre espantosa», responde —previsiblemente— la duquesona. Pero la pregunta está mal planteada: «Cayetana, ¿qué problema, usted que puede, va a solucionar en el mundo?». Porque con su patrimonio no podrá arreglarlos todos, pero está en condiciones de acabar con «el hambre espantosa» de al menos un país pequeño.

De paso, y gracias a la sagacidad travestida en docilidad de la inquisitiva señora Ordóñez, nos enteramos de que la de Alba no sabe contar: «Si tuviera que definir a cada uno de sus hijos con una palabra, ¿cuál emplearía?». «Alfonso, recto y trabajador». A ver, doña-doña. UNA palabra. Qué pena, cómo está la nobleza.

Lecturas
Y mientras estas dos se enriquecen espíritu... ja, ja, ja... almente, Fran Rivera, de 31 años, se ha enamorado de una prima de su ex, Blanca Martínez de Irujo, de 39 años (al diestro le van talluditas). «Conocidos desde hace tiempo, su amistad ha derivado en un sentimiento más profundo», dice Lecturas. «La chica...» ¡Alto ahí! ¿La chica? ¿Con 39 años? «Dos primas muy unidas», dice también Lecturas. Tanto, que se pasan el chico. «Juntos en una montería», remacha ¡Hola! Como si a mí me interesara cuándo y cómo se lo montan...

Y mientras... Eugenia va de boda y presenta a Gonzalo Miró a su madre. Sí, porque mientras Fran se enamora de una mujer mayor que su ex, ésta —es bien sabido— ha atrapado a un pipiolo que sigue asegurando que estudia cine en Nueva York, cuando para mí que está haciendo un cursillo intensivo de cuentista aquí mismo.

Para completar el panorama, Cayetano-odio-a-la-prensa-Martínez de Irujo y su mujer, Genoveva, lucen esplendorosos en el rodaje de una película de Milos Forman quien, sin duda, los ha contratado por sus espléndidas dotes (¿comprenden el juego de palabras?) actorales, ampliamente demostradas en este culebrón que tantas portadas ocupa y que ríete tú de Pasión de gavilanes. «Finalizan el rodaje de su primera película», proclama Semana, como si ellos fueran los protagonistas. Por cierto, que el de Salvatierra ha declarado que le gustaría tener en España el mismo trato que recibe en el extranjero. «Ciudadano Martínez»: yo también querría que su familia me dispensara a mí el mismo trato que dispensa a los ciudadanos de otros países: cero o ninguno. Porque me tienen harta y aburrida. Ahora bien, ya me contará de qué vivirían todos ustedes en una República que hubiera decapitado a sus nobles, por llamarlos de alguna manera. ¡Grandes de España! ¿Ustedes? ¡Ja!

Grande es Isabel Pantoja. «Estoy preocupada por Julián», dice. Como para no estarlo, que se sube tanto los pantalones que cualquier día aparece muerto por asfixia. Eso, por no hablar de las causas que tiene pendientes con la justicia. Yo, Isabel, qué quieres que te diga: estaría más preocupada por la gente perjudicada por los desmanes del ayuntamiento que tu novio dirigió y al que vendiste tu imagen. Pero yo, claro, no soy tan sensible como según tú es el tal Julián.

¡¡Tengo una idea! ¿Y si Gonzalo Miró debutara como director de cine, con Cayetano y Genoveva como protagonistas, en una película que narrara la historia de un torero cuya madre —separada de su padre, también matador, que a su vez se había casado en segundas nupcias con una folclórica de la que se decía que era lesbiana pero que acabó amontonada con un ex alcalde macarra juzgado por desmanes urbanísticos— murió en circunstancias sospechosas, que tras casarse con una mujer baja de la alta nobleza —hija de una familia de ringorrango y mucha leyenda, cuya matriarca era una señora obsesionada con las pelucas afro— se separa aunque no quiere porque la quiere aunque se tenga que separar y luego calma su pena con la mejor amiga de su ex, o no ex, y luego, cuando su ex disfruta de la vida con el huérfano de una notable mujer de tendencia socialista, acaba liado con la prima mayor de la exposa pequeña? No, no es muy creíble y a la gente le gustan las historias de carne y hueso.

Diez Minutos
Por ejemplo, la de Carlos Larrañaga. «Se sincera», pregona Diez Minutos. Pues será la primera vez.

O la de Isabel Preysler, a la que en la misma revista fotografían con una boca que o bien le han dado un guantazo, o bien la han operado y le han dejado el labio superior como si le hubieran dado un guantazo. «He estado triste, pero no deprimida». No lo lamentes: en cuantico que te veas la boca de almorrana que te han dejado, te deprimirás.

O la de Arancha de Benito. «Acudió a la fiesta, pero no habló sobre su matrimonio». ¿Y de cuántas cosas más no dijo ni mú? ¿Habló acaso de política nacional, del Índice de Precios al Consumo, del programa Petróleo por Alimentos? Estos piedefotistas no dejan de sorprenderme. «Maruja Limón fue al mercado pero no abrió el buzón de correo». Las posibilidades son infinitas...

En fin, voy acabando porque oigo ruidos en la cocina. Al leer lo del vibrador, las lentejas se han puesto a dar palmas.

Gema Ruiz, cuyo gran mérito profesional hasta hace nada era ser la ex de un ex ministro, nos sorprendió en su día apuntándose a un programa de televisión en el que tiene que bailar y, ahora, ha debutado como modelo. Aclaro para los que no entiendan nada que «modelo», en este caso como en tantos otros, no es sinónimo de «ejemplo». Ni de Claudia Shiffer. O que pasa es que algunas se niegan a aceptarse como son. A lo peor es que nadie dio a Gema el consejo que, según la hija actriz de Ana Belén, Marina, le dio su madre: «Sé tú misma». ¡Qué mala baba!



mlimon@divertinajes.com
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