25 de noviembre de 2005

Tardanza real

Me reprocha una lectora, y con razón, que cada día publico estas Críticas más tarde. Su reproche, por un lado, me irrita: las escribo cuando me sale del politono. Por otro, me reconforta: hay quien espera impaciente su dosis cítrica semanal…

-Tampoco es para que se lo crea demasiado, doña Maruja.

Esto de laborar en medios interactivos y tener lectoras de respuesta inmediata me enloquece. Pero, querida amiga, está usted en lo cierto. Y si me permite explicarme, que no justificarme (adoro matizar. Matizar y rebuscar en los bolsillos del pantalón de Santiago son dos de las cosas que más me gustan. Me prestan por la vida) le explico. Si no me lo permite, también.

Las revistas que antes salían los jueves, ahora salen los miércoles. Pero una (me refiero a mí misma, no se me despiste) tiene sus rutinas: yo a Domi lo veía los jueves, y quiero que siga siendo así. Así que voy el jueves a comprarlas… y desde hace algunas semanas, acto seguido (significando: inmediatamente después de comprarlas, no lo que alguno de ustedes estaba pensando. Monomaniacos, que son ustedes monomaniacos) entro en estado catatónico, tirando a catalépsico. Tanta melaza real me entontece.

Diez Minutos
Ojo al pie de foto de Diez Minutos: “Los Reyes entrelazan sus manos y se miran con dulzura ante un retrato de Felipe V, el primer Borbón que reinó en España”. ¡Borbones y caramelos! ¡Pipas, chicles, golosinas! ¡Melona rosada de la India! Y un poco de Alka Seltzer, por fa plis.

¡Hola! dedica la portada a Don Juan Carlos, un rey de portada. Por eso está en la portada. Emental, mi querido Quetson. Y venga a darle coba. En Diez Minutos, se extrañan porque, entre otras habilidades, Su Majestad tiene la de “romper el protocolo para saludar a la gente”. Pues si ara saludar a la gente hay que romper el protocolo, se rompe. Y si hay que partirle el cuello al que hizo un protocolo que impide al Rey saludar a la gente, también se le rompe.

Semana
En Semana, siempre atentos al coté femenino de las cosas, nos muestran “La otra cara de la Reina”. ¿Tan fea es, que la oculta? ¿O acaso insinúan algo? ¡Qué van a insinuar, si no saben ni lo que significa eso! La otra cara es una de las muchas que hemos visto a lo largo de estos 30 años. Multifacética, doña Sofía.

Ya entrados en harina real, las revistas se ocupan profusamente de la coronación de Alberto (sí, sí, ése azotacalles) como soberano (es cosa de hombres) de Mónaco. Lecturas dice que, según Estefanía, Alberto “es recto, justo y con gran capacidad de análisis”. Claro, y por eso reina en, lo dice ¡Hola!, “La Roca” que -todos los amantes del cine lo sabemos- es un presidio. Que es donde deberían estar cienes y cienes de los residentes en ese paraíso de la evasión fiscal. Por cierto, que en la misma ¡Hola! qué tal sacan unas fotos del mentado Alberto con bigote postizo y atuendo de chico de las vacas…

-Mamá, se dice cowboy.

¡Hola!
… de las vacas, decía. Y de esta guisa, declara: “Monarquía no es sinónimo de tristeza. Por eso, mis funciones futuras no me impedirán que siga siendo yo mismo”. Pues qué lastima, hijo, porque rectificar es de sabios. Es como Ana Obregón, que también sigue siendo ella misma. “Ana Obregón y su inconfundible estilo”. No estoy de acuerdo con ustedes, señores de ¡Hola!: a mí el estilo de la Obregón me confunde. Inclusive me avergüenza.

También siento vergüenza ajena cuando veo a la hija de Guillermo y Máxima de Holanda, la heredera Catharina Amalia, vestida como un adorno del árbol de Navidad. Y aún con todo, es la más elegante de la familia. ¿Quiénes los visten? ¿Los republicanos holandeses, los muy ladinos? Pero, qué curioso: dos años y ya saluda como una Reina. Estos deben venir con el vaivén del brazo de serie.

La historia humana de la semana es la de la ya ex princesa Sayako, que por casarse con un funcionario (ella sí que sabe: las monarquías caen, las burocracias permanecen) ha perdido la asignación que le pasaba el emperador y su trabajo como ornitóloga. Lo primero, puedo entenderlo; lo segundo, a duras penas. A no ser que como ornitóloga fuera una nulidad, y sólo la aguantaran por ser quien era. Ahora, Sayako tendrá que conducir, comprar, limpiar, cosas todas ellas que no sabía hacer ni puñetera falta que le hacia. Parece ser, que en un momento de esta metamorfosis, la princesa preguntó: “Ah, pero ¿hay que limpiar?”. Es como lo de doña Letizia, pero al revés. A la ex periodista se le ha olvidado todo lo que hacía antes: conducir, comprar, informar, limpiar… “Ah, pero ¿había que limpiar?”. Qué frágil es la memoria.

En fin. Blanca Romero, la ex de Cayetano, se deja fotografiar como Juana de Arco. Pero el traje está lleno de agujeros provocativos. Más que la doncella de Orleans parece la pu…

Marujaaaaa!

… la puntita, que soy doncella.

Voy terminando, que en la cocina las galletas napolitanas están amenazando a los espaguetis. Si es que vienen con muchos vicios.

Lecturas
Lecturas publica un reportaje cuya estrella es Candela Rabal. Ah, ¿no les suena? Pues procede de una saga de “grandes artistas”: Paco Rabal, Teresa Rabal, Liberto Rabal (su hermano) y Candela Rabal. La degeneración de la especie, se llama la película. “Trabajo como actriz y camarera”, declara. Pues conserva el hábito de llevar la bandeja, bonita, que siempre te será de utilidad.

Por cierto, que Diez Minutos se suma a la moda de Pasión de Gavilanes con una colección de DVDs. ¿Quién dice que la estulticia no es contagiosa? Y los champiñones se mueven por flagelos. Fijo.



mlimon@divertinajes.com
Archivo
Volver
Imprimir