4 de noviembre de 2005

Anacrónico forense

—No me lo puedo creer...
—Pues ya ves...
—¿Pero cómo así?
—Soy consecuente...
—¿Contra quién, hija? ¿Cómo puedes estar en contra de que una mujer reine en España?

En vano llevo toda la semana intentando convencer a MariPepa de que lo mío no es obstinación, sino Cítrica de la Razón Pura: si la monarquía es en sí misma un anacronismo, como la muela del juicio o el coxis, un órgano vestigial...

—Por Dios, Maruja, no digas palabrotas.

... poco importa que la mujer esté relegada en la línea de sucesión. Los que dicen que esa discriminación es un anacronismo tienen razón, pero no deja de ser un anacronismo dentro de otro anacronismo mayor.

—Cotilla y republicana.

Sí, Santiago. Y además, como tu tocayo Carrillo, atea por la gracia de Dios.

—Entonces, de leer las revistas ni hablamos.

¿Para qué me voy a gastar el dinero? Si llevamos toda la semana en loor de Leonor, qué horror. Que no digo yo que no esté bien que las parejas jóvenes procreen y contribuyan así a la perpetuación de la especie, pero de ahí a darle tanta importancia al nacimiento de una monada, llorona y redondita, de 47 centímetros (indudablemente, ha salido a la madre) va un abismo. Y a la criaturita la llaman Doña: Doña Leonor. ¡Por favor!

Además, la gente ha perdido los pedales. Apenas ha abierto los güellos (me he informado: es como dicen ojos en asturiano) y ya andan revueltos todos con el asunto de Internet. «Los dominios de Leonor». Ni que fuera una terratenienta. Y hay una página güeb, www.elheredero.com en la que, como si no fuera poca metedura de pata el hablar en masculino cuando se dedica a una niña («monísima», según su tía Elena, recordemos, la esposa del marido que cuando nació el pequeño Froilán declaró ufano: «se parece a la madre, el pobre»), preguntan a los visitantes:

¿A quien crees que se parecerá la Infanta Leonor?
a) Al padre.
b) A la madre.
c) A la familia real.
d) A ninguno de ellos.

Pero, ¿qué diantres están insinuando? Porque yo seré republicana, pero los hay que son perfectamente malintencionados.

Mas (y no Artur, que estoy del Estatut hasta el moño) volvamos al hecho onomástico, y así daremos respuesta, si no satisfacción, al caviloso Tío Ra, que también habita estos Divertinajes. ¿Por qué Leonor con lo bonito que es Jennifer Vanessa?

—Te pasaste, Burt Lancaster.

Santiago, que ha alquilado un DVD y ya se cree que es Garci. ¿Por qué Leonor, pudiendo llamarse Covadonga? Leonor, dicho sea con todos los respetos, es nombre de suavizante para la ropa.

Esta de los nombres es una cuestión que me interesa, y me aflige. Yo de pequeña tenía una conocida (con ella no se llegaba a intimar nunca: era imposible recordar su nombre completo) que se llamaba Blanca María de las Nieves Teresita del Niño Jesús. Era asmática y tenía problemas para identificarse: un par de veces a punto estuvo de morir en el intento. Nunca supe si sus padres la llamaron así por amor, o para que pareciera un accidente. Para Blanca María de las Nieves Teresita del Niño Jesús llamarse Leonor hubiera supuesto un respiro.

Tengo también unos familiares cuyo nieto se llama Moisés. ¡Qué lío! «Pon a Moisés en el moisés», se oía todas horas. Claro que peor es tener un bebé y ponerle Merlín, que es nombre de gato...

—¡De mago!

O cristianarlo Viriato.

—Yo conozco a uno.

Pues de ese hablo. Y también de Gil Gil Gil, un tipo al que conocí (lo juro por el recambio del mocho) y que era tan buena gente que nunca pensó que lo de matar al padre fuera otra cosa que una ocurrencia de un sabio loco.

En fin, que Leonor no está tan mal, máxime teniendo en cuenta que la España más tradicional está llena de Sagrarios, Angustias, Dolores... denominaciones todas ellas problemáticas. Porque piensen ustedes, yo lo he deducido leyendo las revistas del corazón, que son un pozo de sabiduría...

—Sí, porque en ellas se ahoga cualquier atisbo de conocimiento.

... que así como los nombres de pila de los plebeyos no se traducen, Rodríguez Zapatero es José Luis aquí y en Tombuctú, los nombres de los reyes sí se adaptan al idioma del país en el que hablan (mal, a ser posible) de ellos. Así, el heredero fosilizado del trono de Inglaterra es Charles en Londres, pero aquí se le llama Carlos, cuando no cosas peores. Imagínense ahora traducir los nombres antecitados. ¡Niña! ¿Cómo se diría Infanta Dolores en inglés?

Princess Pains of Spain.

—Hija, parece el estribillo de Maifarleidi. ¿Estás segura de que cuando me dices que vas a la academia, vas a la academia?

En fin, que nos acostumbraremos a Leonor. Lo cual molesta pero no impide: estamos instalados en lo anacrónico. Regreso al futuro, se llama la película.



mlimon@divertinajes.com
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