21 de octubre de 2005

La estratosfera

Desde hace tiempo mantengo, sin que los líderes mundiales hayan prestado la menor atención, que el llamado Primer Mundo se ha escindido. Porque no me dirán que yo, que vivo razonablemente bien, pertenezco al mismo mundo que, un suponer, Cayetano y Genoveva.

Ellos habitan en la estratosfera, o más allá. Ellos y toda la cohorte de personas, personajes, personajillos y personajuelos que les acompañaron el día de su boda, están en otra órbita. A ver si no: si yo me presentara ante el altar de la parroquia de mi barrio con mis dos hijos para casarme con el padre de ambos (que sí, es Santiago, por mucho que MariPepa, la nueva vecina, insista en que el pequeño se parece al quiosquero)... ¿Creen que don Braulio, que es católico, apostólico, romano y un poco sordo, aceptaría unirnos en sagrado matrimonio? Es más: ¿creen ustedes acaso que hubieran consagrado mi salón para habilitarlo como iglesia?

En fin. Las revistas que comento hoy salieron hace días, todas con la misma portada. Me daba repelús acercarme a comprarlas... y pereza hablar de lo que tantos expertos correveidiles llevan analizando tantos días. «Yo no», me dije, «yo no me ocuparé del bodorrio de estos inoperantes». A pesar de lo cual, al final compré los semanarios, sólo para comprobar, una vez más, que si por fuera son iguales, por dentro son idénticos.

Afortunadamente, como dijo el clásico aguafiestas, el demonio está en los detalles. Y como cualquier cosa es buena con tal de no ocuparse de los Alba, me he entretenido sacando polvo de los rincones.

—¡Maruja!

Es una metáfora, mujer, no lo lea al pie de la letra.

Semana
Abro Semana, encuentro una foto de Paz Vega y leo: «Paz Vega más cerca de Hollywood». Me alegro, chica, porque aunque no me parezca lo que se dice una actriz de talla internacional, pues puede hacerse un huequito. Pero atención al subtítulo, que lo carga el diablo: «Acude con frecuencia a presentaciones y estrenos de películas». ¿A qué? ¿A mendigar un trabajillo? «Zeñorito, zeñorito, que llevo tres meses sin rodar, un papelito por el amor de Dios». Virgen Santa, qué difícil es esto de ser actriz, casi era más mejor en los tiempos en los que bastaba con acostarse con el productor...

—¡Mamá!

Lecturas
Es otra metáfora, hija, qué literales estáis hoy todos. Aunque para literal, lo del nieto de Giovanni Agnelli, cuya adicción a la droga (Lecturas dixit) «conmociona a Italia». El chaval, porque es un crío, se llama Lapo. Lapo, según la RAE, es bofetada, trago o, tercera acepción, cintarazo, latigazo, bastonazo o varazo. En mi tierra, un lapo es un gargajo, una flema... ¡un esputo!

—De los varones se dice que son correfaldas, donjuanes o dondiegos, seductores o ligones. Que son putas sólo se dice de las mujeres.

Gracias, Santiago, por esta contribución de valor incalculable a la historia universal del machismo.

A lo que iba. Que si yo me llamara Lapo, también me aficionaría a algún tipo de sustancia que me hiciera olvidar. Pobre niño rico.

Diez Minutos
Pero, ojo, porque la pobreza de estos millonetis es siempre una fachada... o un malentendido. «Magdalena de Suecia, con los vaqueros de Victoria Beckham», leo en Diez Minutos. ¿Tan mal anda de dinero la princesita que ha tenido que robarle los pantalones a la mujer de David? Sigo leyendo: «La princesa fue de compras luciendo una chaqueta de estilo militar y los famosos vaqueros que ha diseñado la cantante». ¿Famosos? Ya lo entiendo: para diseñar vaqueros, que al fin y al cabo es una cosa que inventaron los que cuidaban vacas hace algunos años, no hace falta leer libros. Ni siquiera el manual de instrucciones. ¡Y total, como de leer la etiqueta con los consejos de lavado se encargan las chicas del servicio!

¡Hola!
Acabo abriendo ¡Hola!, y eso que ésta es la que más pereza me daba de todas porque, además de la foto del domador y la domada, trae una exclusiva en el que nos lo cuenta todo sobre el traje de la novia. «Gema Ruiz participa en el concurso ¡Mira quién baila!». Me lo creo porque lo dice ¡Hola!, pero... vale, me lo creo. Y entiendo ahora por qué Álvarez Cascos se separó de ella.

En fin, voy echando el cierre que en la cocina el tostador está de morros porque esta mañana he comentado que a lo mejor me compro una lámpara de rayos UVA y el pobre tiene celos.

Carlos Lozano «da a entender» (que tiempos estos en los que los famosos no dicen, ni confirman, ni anuncian: dan a entender. ¡Lo que no inventen ellos!) que ha roto con Mónica Hoyos. «Cada dos días, a lo mucho tres, tengo que ver con a mi hija. Luna es imprescindible en mi vida».

Querido Carlos: imprescindible en tu vida es respirar, y lo haces 15 veces al minuto. Si a tu hija te basta con verla «cada dos días, a lo mucho tres», entonces necesitas otro adjetivo. U otro modo de entender la paternidad.



mlimon@divertinajes.com
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