16 de septiembre de 2005

El regreso del piedefotista enmascarado

Quienes me siguen desde hace tiempo (y, por sorprendente que pueda parecerles a algunos, los hay fieles) saben que la figura del piedefotista es una de mis más íntimas obsesiones. Me lo imagino como un personaje oscuro, quizá un periodista fracasado, casi-casi con manguitos y visera, el último profesional manual en un mundo digitalizado... aunque a lo peor es el director de la publicación que, de vez en cuando, quiere regresar a la redacción, oler la tinta...

Maruja, ¿sabes de qué estás hablando? En las redacciones no huele a tinta, los trenes no necesitan madera y el cine es sonoro.

Lecturas
Lo mío era una licencia casi poética, pero Santiago está reñido con la lírica y con la rama materna de su familia, esto último por una cuestión de herencias. El caso es que el piedefotista estaba desaparecido, y ha regresado. Casi de puntillas, en un reportaje que Lecturas publica sobre Rafa Camino y su esposa, dos personajes que no sé si hacen algo de provecho pero que, de cuando en vez, salen en las revistas. Lo hace para glosar una foto en la que ambos se meten en el mar, y pone: «Una imagen muy simbólica que podría representar la unión y el amor de la pareja a la hora de enfrentarse juntos al oleaje de la vida». ¡Glups!

Junto a este regreso, contundente, he de anotar también la vuelta de otro personaje periodístico interesante: el del redactor aficionado a convertir en noticia lo que por definición no es noticia, vamos, digo yo.

«La princesa Michael de Kent acude en Madrid a una cena en su honor». Vamos, digo yo que estando en Madrid y en plena posesión de sus facultades, lo noticioso sería que se hiciera la sueca y se fuera a una cena ofrecida a) en su deshonor, o b) en honor de otra.

«María Eugenia Fernández de Castro, muy apenada en el funeral por su padre». Vamos, digo yo que lo noticioso sería que estuviera muerta de risa en el funeral por su padre.

«Camilla en la boda de su hijo». Vamos, digo yo que lo notable sería que no fuera (a la boda) o que no fuera (su hijo, que descubrieran a estas alturas que era adoptado o así).

Otros, sin embargo, entienden perfectamente el fenómeno informacional: «Silvia Jato nos abre las puertas de su casa balinesa en Benalmádena (Málaga)». Claro, tiene que aclarar ya en el titular que Benalmádena está en Málaga porque siendo la casa balinesa alguien podría pensar que Benalmádena estaba en Bali, o que lo propio de Málaga es una casa andaluza.

¡Hola!
Por lo demás, me llama la atención el derroche a todo lujo y alcanfor de ¡Hola!, siempre fiel a sus compromisos con la Historia (permítanme que me ría). 25 páginas dedica a... espera que lea cómo se llama... porque no se me ha quedado, Genoveva Casanova, la madre de los hijos del apolíneo jinete, a la par que conde de Salvatierra, Cayetano Martínez de Irujo, a la sazón hijo de la duquesa de Alba. En definitiva: una mujer que es noticia porque está a punto de casarse con un tipo que es noticia porque es el hijo de una mujer que, esa sí, es relevante.

En portada nos anuncian una entrevista excepcional, y puede que lo sea: confieso que no he tenido el coraje de leérmela. Porque me siento intimidada: ¡pero si los créditos del reportaje son más largos que los de La Guerra de las Galaxias! Están los que peinan, los que maquillan, los que le prestan los vestidos, los que le prestan las joyas... ¿Era usted, amiga lectora, amigo lector, de los que aún creían que la actualidad se hacía en un pis pas, aquí te pillo aquí te mato? ¡Este reportaje lleva más planificación e intendencia que una operación militar! Y total, ¿para qué? Para que ella acabe diciendo lo que tantas otras dijeron antes: que si le molesta ser juzgada por su físico, que si escribe pero no quiere que nadie piense que se aprovecha de su posición para publicar, que sui lo único que no perdona es la traición... todo eso mientras, por ejemplo, posa en el jardín de su finca sujetando a dos galgos con collares de cuero repujado.

Semana
Diez Minutos
Y si la de Genoveva es la exclusiva de la semana, la de Mario Cimarro, el gavilán Juan Reyes, es el bochorno de Semana. Y encima, como con recochineo: «La otra cara de Mario Cimarro», anuncian. ¡Pero si es la misma que la de Diez Minutos! Las dos revistas traen a sus portadas no sólo al mismo personaje sino exactamente con la misma foto. Y en el interior, las coincidencias se repiten. Qué tristeza.

Más triste es aún ver a Flavio Briatore, el jefe de Fernando Alonso, un millonario que no se avergüenza de serlo: tiene un avión privado porque «trabaja cuando viaja»...

—Yo también.
—Ya, pero tu eres camionero y entonces no vale.
—Vale.

...lleva las iniciales bordadas en las zapatillas de andar por casa, va siempre con mujeres espléndidas que podrían ser sus hijas (y que indudablemente se sienten atraídas sólo por sus innumeras virtudes cardinales y no por su dinero) y acaba de lanzar su propia línea de ropa, Bilionaire, de la que es —leo— «el mejor modelo». Modelo será, pero ¿ejemplo? Ejemplo no lo es, para nada.

En fin, voy terminando que en la cocina la bayeta ecológica está poniendo verde al trapo del polvo.

Carmen Sevilla hace su tradicional posado en la clínica esa marbellí donde cada año se somete a un recauchutado, posado que, imagino, le valdrá un sustancial descuento. Tan absorta debía estar en su dieta de adelgazamiento que se ha olvidado de teñirse el pelo, y luce unas raíces que ríete tú de Kunta Kinte. Y luego va, y dice: «Soy una mujer de hoy y admito todas las libertades menos las injurias, las calumnias y las mentiras», declara. No sabía yo que «las injurias, las calumnias y las mentiras» fueran una forma de libertad, pero siempre hay una Carmen para iluminar a una Maruja y convertirla en una Maruja ilustrada. Como las ensaladas de mi infancia.

La próxima semana, más.



mlimon@divertinajes.com
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