9 de septiembre de 2005

La mano que mece la cuna

—Te veo más delgada, Maruja.

Celso, el frutero, es un encanto...

—Claro, que no llevo las gafas puestas.

¡Uggg! ¿Hay algo peor que un piropo con freno y marcha atrás? Le he dicho que estoy hasta los melocotones de sus bromitas, y me he ido al quiosco hecha una fiera. Al entregarme las revistas, Domi me ha susurrado: «Te vas a jartar de criticar y de criticar». Y en ello estoy.

Lecturas
Porque hay semanas en las que los semanarios del corazón me provocan taquicardia. Foto de Carolina de Mónaco con unas gafas de esas que las señoras de cierta edad tienen que usar cuando se les quedan cortos los brazos. «Carolina, intelectual», titula Lecturas. «Los años no perdonan» hubiera sido un titular más acorde con la realidad.

Y no perdonan, no. ¡Que se lo digan a Isabel Preysler, a la que han pillado haciendo compras en Nueva York! Tiene la cara tan estirada que parece la encarnación del cuadro ese...

—¿La Maja de Goya?
—No.
—¿La Mona Lisa?
—No.
—Entonces...
El grito, de Munch.

Los protagonistas de la semana viajan mucho. Gonzalo Miró está en Nueva York, y Eugenia está... bueno, depende un poco de la revista que hojees, pero en una de ellas ha llegado a Osaka, en compañía de su madre. Porque, boba, tienen costumbre de hacer un viaje al año juntas y por no molestar, se han ido al otro lado del mundo.

-¡Que se queden, que se queden!

¡Hola!
Para más inri, a Gonzalo le han desposeído ya de su título honorífico de Hombre del Año, que ¡Hola! atribuye ya a Cayetano Rivera Ordoñez. Cuánto traidor, con las semanas de gloria y ventas que les ha dado el aspirante a cineasta. Por lo demás, Carla Royo Vilanova...

—¿Mande?

Santiago, que no está al tanto. Una inoperante que se las da de exquisita y se dedica a aconsejar al resto de la humanidad cómo comportarse y demás. El caso es...

—Un periódico de sucesos.

...que «apura sus días de vacaciones». ¡Ya ves! Y yo preocupada por lo sucedido en Nueva Orleans. Chica, si es que no tengo criterio, ni sé establecer prioridades. Otro titular trascendental: «Carla Goyanes ya piensa...

—Ya le tocaba, chica, que si no se usa, se atrofia.

...en boda». Y luego querrá tener hijos, como Cayetana Guillén Cuervo, que ha sido casarse, y preñarse. «Nunca he tenido instinto maternal, pero no quería perderme la experiencia de ser madre». Vale, bonita, y una vez que hayas dado a luz, una vez que hayas vivido la experiencia de ser madre, ¿qué harás con la criatura?

—Mujer, es una manera de hablar.

Semana
Será, que no digo yo que no, pero muy desafortunada. Hablan de la maternidad como si tener hijos fuera parecido a hacer puenting: una descara de adrenalina y a otra cosa. Como Ana Rosa: «Me gustaría tener más tiempo para mis hijos». Pues deja tu puesto a otra, que las hay deseando trabajar, y dedícate a los niños. Porque luego los dejáis en manos de niñeras y pasa lo que pasa. Semana crea una nueva categoría de mala oficial: la niñera-roba-maridos. Siempre es útil tener a mano un chivo expiatorio, y las revistas han encontrado al más adecuado: la niñera. Ahora resulta que son ellas las que tienen la culpa de que los famosos se porten como verracos en celo. Acabáramos. Si es que ellos no quieren, pero les obligan las muy aviesas, brujas insaciables.

No me extraña que, así las cosas, y visto que su marido fue víctima de una de estas niñeras voraces con vagina dentada...

—¡Maruja!

...Victoria Beckham haya decidido cuidar de sus retoños, aunque sea a costa de no leer. Porque ella no es que no lea: es que no tiene tiempo para terminar los libros, innumerables, que empieza. ¡Con decirte que no se ha terminado ni el cuento ese del dinosaurio! Una mártir, la pobre niña rica.

Diez Minutos
Y es que las hay muy sufridas. Una dama de honor, o primera dama, vaya, que no ganó, de Miss España, de nombre Mireia, declara con la firmeza y la convicción propias de su edad: «No me operaré de nada». Así le estalle la vesícula de piedras. ¡Eso son principios!

En fin. Voy cerrando, que en la cocina los huevos se han puesto flamencos.

Carmen Sevilla «ha donado un Cristo de su marido». Así cualquiera, Carmen, perdona que te lo diga. ¿No podías donar algo tuyo?



mlimon@divertinajes.com
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