15 de julio de 2005

Punto redondo

—¡Nos vamos a la montplaya!

Habló Blas, punto redondo. (Entre paréntesis, ¿de qué otra forma podría ser un punto? Misterios insondables de la geometría ortográfica). Pero a lo que voy, Eloy. Que mi marido ha dictado una sentencia que él mismo gusta de considerar salomónica.

—¡Nos vamos a la montplaya!

La discusión había estallado a última hora. A la niña le gusta la playa, para ligar bronce...

—Que es lo único que puede ligar, la pobre.

Y a su hermano, ese gentleman, le gusta más la montaña...

—Para poder disfrazarse de explorador y no enseñar las mollas, que el niño viene con flotador incorporado.

La niña, una estilista. Ante semejante disyuntiva, terció Santiago:

—¡Nos vamos a la montplaya!

Que es donde le gusta a él. Concretamente, su aspiración es instalarse con la mesa y las sillas plegables, la sombrilla de Frigo y una neverita prieta de cervezas en un montículo pelado a varios kilómetros de la playa desde donde «el mar está a un tiro de piedra» y la montaña «allí mismo». Para que luego hablen de los creadores del flamenco chill out como los reyes de la fusión.

A estas alturas de soliloquio, quienes me quieren bien se habrán dado cuenta de que, en esta discusión, servidora no ha dicho todavía ni mu. Es cierto y fijo. Hace años que renuncié a entrar en semejantes batallas: mis vacaciones llegan cuando Santiago regresa al tajo, y mis hijos al colegio. ¡Qué paz! ¡Qué calma! Son vacaciones a tiempo parcial, pero vacaciones al fin y al cabo.

El caso es que nos vamos. Razón por la cual me ausentaré de estas páginas durante algunas semanas. La verdad es que todavía no sé si el próximo viernes podré escribir, porque la orden:

—¡Nos vamos a la montplaya!

No incluye fecha definitiva de partida. Pero de momento, y a expensas de la decisión de ése a quien no me atrevo a llamar «Mi santo» no sólo porque la expresión está cogida sino porque de qué, hombre, de qué, prefiero ir despidiéndome. Sé, porque me lo han reprochado, que en las últimas semanas he fallado más que una escopeta de feria:

Maruja, vida mía, que no nos puedes tener cada semana en vilo para ver
si se publica o no una de tus críticas cítricas.
Te debes a los lectores (que somos muchos) y te exigimos
la misma verborrea y lengua desafilada todas las semanas.
¡No nos puedes hacer esto!
Ana

Tienes razón, Ana. Bueno, no del todo: lo que no debo es hacerlo, pero poder, ¡vaya si puedo! No estoy orgullosa, que conste, pero como decía el clásico canoro, la vida es así, no la he inventado yo, y las últimas semanas han sido muy malísimas. En fin, no quiero aburriros con mis problemas personales...

El caso es que estoy preparándome para preparar las maletas. Es una tarea ardua porque las maletas son como los trajes de baño: los guardas en el armario en septiembre, y cuando los desempolvas... ¡han encogido! Así que la preselección del material es lo más difícil.

Y mientras lo hago, hojeo las revistas...

- «Carolina lloró recordando a su padre al convertirse su hermano, Alberto, en nuevo soberano de Mónaco» (¡Hola!). De rabia, quizá: con lo bien que le hubiera quedado a ella la corona, y no a su hermano la nenaza, que está dispuesto a reconocer cualquier niño que le pongan por delante con tal de acallar rumores.

- Nicole Coste, la azafata togolesa madre del hijo de marras, se defiende: «Procedo de la burguesía de Togo y no necesito dinero» (Semana). ¡La burguesía de Togo! Los enemigos de la clase obrera están en todas partes.

- «La Princesa de Asturias estrena traje de premamá» (¡Hola!). ¿Qué pasa? ¿Creían acaso que no le llegaba con los 100 euros de ayuda familiar? Y ya que estamos, ¿nos podrían informar los señores de ¡Hola! de si doña Letizia se ha comprado ya los sujetadores descapotables de los que ninguna madre lechera puede prescindir?

- Carmen Sevilla se muestra muy dolida por las cosas que de ella se han dicho últimamente en algunos medios: «Vivo el peor momento de mi vida» (Lecturas). ¿Y dónde están las ovejitas, ahora que las necesita? ¡Desagradecidas! ¡Cría cuervos!

- Beth desde China, donde ha pasado unos días de vacaciones. «La cantante nos habla de su nuevo disco y de su instinto maternal» (Lecturas). ¿Y tiene que irse al país del control de la natalidad para hablar de lo mucho que le apetece traer hijos al mundo? ¿Sabe lo que hacen allí con las niñas? No las mandan a Operación Triunfo, no. Otra duda: Beth estaba de vacaciones, pero ¿y el fotógrafo? ¿Pasaba por ahí, ningún teléfono cerca y no lo pudo resistir*?

En fin. Me quedo con el titular con pedigrí (lo utilizan todos los años) de Diez Minutos: «Famosas al sol» (Para futuras ediciones, les propongo una alternativa astral total: «Estrellas al sol». De nada.) «Famosas al sol» es como aquella serie que leía yo en mi tierna infancia, «Héroes en zapatillas», una manera de acercarnos a nosotros, simples mortales, a estos personajes de leyenda. Porque, al fin y al cabo, las figuras también son de carne y hueso. «Marta Sánchez y su marido juegan como niños en la playa». Que es lo que vamos a hacer Santiago y yo dentro de nada, pero en la montplaya.


* Agradezco a Luis Eduardo Aute su aportación imprescindible, a la par que involuntaria, a este comentario.
** Querida Ana y demás seguidor@as: en principio me reincoporo el día 19 de agosto, pero no descarto escribiros alguna carta desde la montplaya. Y la nueva temporada prometo ser más formal. Palabra de Maruja, de los Limón de toda la vida.



mlimon@divertinajes.com
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