24 de junio de 2005

A nivel de cultura

Llevo años escribiendo sobre los habitantes de esa extraña capa atmosférica, la famosfera, y nunca, jamás, me ha escrito uno para decirme ahí te pudras. Sin embargo, la semana pasada hice una sustitución y aparecí el día y en el lugar de Eva Orúe perorando sobre cultura y sus derivadas (siendo las derivadas Sofía Mazagatos, Isabel Pantoja, la Jurado y otras glorias patrias, cuyas sandeces reales o supuestas glosaba). ¿Y qué ocurre? Que me escribe un señor, a la sazón compañero de Divertinajes.

Querida Maruja:

Me libertí (de eso se trata, supongo) mucho con tu nota en "reemplazo" de Eva.
Las (aquí en el Sud, las llamamos "metidas de pata"), sandeces que narras son de verdad deliciosas, aunque desconozco los y las personajes que las pronunciaron. Pero, igual, se aplicarían a muchos de nuestros "famosos".

"Estamos al borde del abismo", advirtió, por ejemplo, un estadista sudaca. "Por eso invito a la Nación a dar un paso adelante. "Sin miedo", agregó. Creo que la "nación", aceptó la propuesta.

No por eso es que te digo que sigas (sigamos), adelante.

"Al combate corred bayameses" dice la primera estrofa del Himno Nacional cubano. "Y, ¿por qué no corramos? He pensado en eso muchas veces", comentó el poeta Nicolás Guillén.

Sigamos.

Carlos G-C (Sud-Acá)

Le contesté, dándole las gracias por amabilidad, y aún me mandó otra remesa de perlas.

"De saber que mi hijo iba a ser ministro lo habría puesto a estudiar".

"Si uno no confía en la inexistencia de Dios entonces, ¿en qué? (actriz de TV)

Y es que, a nivel de cultura, las gente es amable, se cartea y —en general— no va a Crónicas marcianas.

Por eso hoy he decidido iniciar mi sección con una disquisición filosófica a propósito de las nominaciones. Y no, no me voy a referir ni a los concursos de la tele, que utilizan el verbo “nominar” de manera tan inapropiada, ni a Aquilino Polaino, ese hombre... al que casi estoy por perdonarle sus teorías, porque con semejante denominación de origen ha debido sufrir mucho de pequeño, y eso casi justifica sus desvaríos.

No. Me voy a referir a Odiseo (Semana), Odiseas (Lecturas), Odisea (Diez Minutos) u Odysseas Kimon (¡Hola!), que es como (sí, pero ¿cómo?) se llama el hijo de Pablo de Grecia y Marie Chantal, que es como Mari Puri pero en finolis.

Yo tengo una tendencia natural a creer al ¡Hola!, revista de credibilidad contrastada en estas cuestiones de realeza; desconfío bastante más de Diez Minutos, que es plebeya y a buen seguro dice que el niño (porque de un varón hablamos, más aún: de un GRIEGO, aunque sólo sea por parte de padre) se llama Odisea porque le tiene ojeriza, y para que Aquilino se fije en él. Porque Odisea, no me digan que no, es un nombre magnífico para encabezar la manifestación del Día del Orgullo Gay.

En fin. Otra que tiene problemas nominativos es la mujer de Carlos de Inglaterra, que es Camilla (con LL) para Lecturas, y Camila (sólo una L) para Diez Minutos. En la primera, leo: “Guillermo besa a Camilla en público”. ¿Acaso lo impide el real protocolo? ¿O es una nueva línea de investigación? “Guillermo saluda a Camilla en público y le pasa la sal en privado”. En la segunda, informan: “Camila debuta en Ascot”. Ah, ¿sí? ¿Y ganó a las rivales de otras yeguadas por cuántas pamelas de ventaja?

Por lo demás, el mundo de los rostros populares, que lamentablemente siempre vienen acompañados por el resto de su anatomía, sigue enrocado en las mismas estupideces.

Rafael Amargo, el bailarín que va de guapo y de mega progre, declara: “En cuanto mi hijo crezca le voy a mandar a Japón a que aprenda su cultura y su idioma”. Hay padres que tienen para sus vástagos planes de estudios que parecen planes de exterminio.

Maribel Verdú, no sé si tras hablar con Amargo, nos ilumina: “A mí me fascina la cultura de lo bello”. ¿Mande?

Y Gema Ruiz, cuyo mayor mérito conocido es haber sido esposa de un ministro del PP que luego la dejó por otra, afirma sin sonrojarse: “Me siento muy querida”, que es lo que pensó media España cuando se ligó a un hombre casado. Pero ella no se refiere a eso, ella lo dice porque le han dado el premio “Mejor bronceado del 2005”. Pero, ¿qué tipo de premio es ése? ¿Qué diablos reconoce? ¿La calidad de la melanina? ¿Qué méritos hay que reunir para hacerse acreedora a semejante galardón?

—Estar morena, y sin manchas.

Santiago, que llevaba un rato mordiéndose la lengua. Pero a mí estas noticias me descorazonan. ¿Cómo voy a convencer así a mi niña de que estudie una carrera?

Gema estudió Derecho, y le sirvió primero para cazar a un ministro y, ahora, para recibir el premio “Mejor bronceado del 2005”.

Vale, me rindo. Y ya que estaba yo en vena interrogativa: ¿puede alguien explicarme qué hacían Jaime de Marichalar y su mujer, la infanta doña Elena, en la fiesta de cumpleaños de Alessandro Lequio, uno de los nobles más innobles del panorama?

—Reconoce, mamá, que la polisemia de la palabra “noble” nunca ha estado muy justificada.

En momentos como estos es cuando una madre se comería a besos a su hijo.

Termino ya, que en la cocina las toallitas húmedas se están insinuando al bote donde guardo los penne. Andaba yo alucinada con la velocidad de crucero que lleva el proceso de beatificación de Juan Pablo II, santo subito, cuando leo: “Paz Vega se prepara para ser Santa Teresa”. En fin, que a la espera de tan fausta promoción, yo también vivo sin vivir en mí. Y lo que me queda.



mlimon@divertinajes.com
Archivo
Volver
Imprimir