16 de junio de 2005

Sustituta

Suena mal, pero tiene su intríngulis. Mi compañera divertina Eva Orúe anda de gira, promocionando su libro Padres e hijos. La herencia del éxito, escrito en colaboración con Sara Gutiérrez...

—También divertina.

Santiago, que ha leído a Sade en un número para mayores de 18 años de Selecciones del Reader Digest y está que se sale.

—Es que yo creí que eran las obras completas de la cantante del mismo nombre.

Si es lo que yo digo: excusatio non petita, etc.

En fin. Que Eva me pidió que le guardara la ausencia (y me aseguró que luego ella haría mi turno) e iluminara su Círculo pero manteniendo un nivel. Y yo acepté, porque hacía un favor a una amiga y, de paso, me ahorraba los 7,20 que me cuestan las revistas.

Así que tras pasarme el día realizando, vaya novedad, las llamadas “tareas propias de mi sexo”, tan inadecuadas para mi seso, vulgo mollera, me he sentado a pensar. ¿De qué puedo escribir yo que no desentone?

Como tantas veces, mi hija, que parece que tiene un sexto sentido (además de la cara más dura que el cemento armado y una mano un poco larga, para desesperación de su hermano) me ha dado la solución cuando, pretendiendo hacerse la graciosa a propósito del enésimo suspenso, se ha defendido de mis acusaciones de lasitud y pasotismo:

—Joer, mama, hago lo que puedo. ¡Me dejo la piel en el pellejo!

Lo que me faltaba: la niña citando a los modelos (¿comprenden el doble sentido?) de la estulticia contemporánea.

Porque ustedes, que son gente memoriosa, recordarán que la perla cultivada salió de la cultivada boca de Sofía Mazagatos: “Trabajando me dejo la piel en el pellejo”, declaró la señora, que entre sus muchos servicios a la ciencia (infusa, como el Manasul) ha prestado uno impagable: aunar bella y bestia en un mismo envase, acabando así con una dualidad perniciosa.

Pero Sofía, no obstante sus muchos méritos, no es la única. Una amiga aviesa, a la par que viperina, me ha hecho llegar una colección de estupideces digna de atención, proferidas todas ellas por mujeres... lo cual no significa que los hombres no digan tonterías: sólo que, al menos en esta ocasión, nadie se ha encargado de recolectarlas. En honor a la verdad he de reconocer que no vienen con garantía de autenticidad, nadie me asegura que las frases sean efectivamente obra y chiste chusco (lo de gracia se queda aquí un poco corto) de las ilustres personalidades a las que se les atribuyen pero, como dice el clásico con frenillo, si non e vero, la hermana de Gonzalo, e ben trovato.

¿Se acuerdan de María José Galera, lumbrera posmoderna? “Endereza tú la ensalada”, pidió a uno de los concursantes de Gran Hermano, no sé si justo antes o si inmediatamente después de soltar lo que paso a reproducir: “¿No sabes qué día es hoy? Pues mira el candelario”. Como apostillaría una de las viejas de Forges: tantos años aprendiendo a decir almeñeque, ¡y ahora resulta que se dice candelario! Y los meses pares, calenderio.

De creer lo que se asevera en la hoja volandera de la que extraigo estas sentencias, Isabel Pantoja habría informado de que a un ciudadano no identificado le había dado “un simposium de corazón”. No debe extrañarnos, en consecuencia, que Terelu Campos, la certeza de cuyos diagnósticos ningún especialista cardiaco osará poner en duda, anunciara que el tipo (ése u otro, qué más da) había sido sometido a “una operación a vida o muerte para instalarle un pai-pai”. No sé si para activar el motorín del abanico, al sujeto (si llega a estar suelto, pa'luego se deja injertar un pai-pai en la jaula torácica) le darían “un corte en la misma vena arteria”, como añadió la hija de su madre.
Claro que a Terelu se le perdona todo, porque es una mujer compasiva: “No te imaginas lo que duele un cólico frenético”, exclamó en cierta ocasión, el rostro contraído de dolor solidario. Pues no, la verdad. Pero conste que siempre he sido una mujer realista hasta la náusea, aunque no tanto como para intentar convencer a mis hijos de que “la aspirina fluorescente es más rápida y eficaz”... que la aspirina sin brillo, supongo.

—Vamos, Maruja, no seas mala, hale, hale, que es gerundio.

Santiago confundiendo al personal. No sé, quizá quiso decir...

—Quise decir lo que he dicho, que es lo que dijo Yola Berrocal segundos antes de encender la alerta roja: abróchense los peluquines porque “hace garrafas de viento”.

Chico, yo escucho cosas así y me quedo fumigada del susto. Pero no nos detengamos...

—La verdad, Maru, es que me gustas más cuando hablas (mal) de los famosos que salen en las revistas.
—¡Pero si estoy hablando mal de los famosos que salen en las revistas hablando mal! ¿Tú sabías que la Jurado había dicho una vez: “De primer plato comimos bisesuá”?
—Y de segundo, transesuá. ¡Si la oyera la señora Botella, renovadora de la tradicional receta de la macedonia de frutas! Esta gente de la derecha está perdiendo los papeles.
—Y que lo digas. Si creemos al autor o autora de este pasquín, la misma Rocío dijo de alguien que “volvió del viaje refollante de salud”.
—Si es que la dislexia es muy malísima.
—Como todas las enfermedades que se transmiten por flagelos.

Sin embargo, habituales del Círculo de Iluminación que hoy os tenéis que contentar con unas Críticas cítricas y a lo peor apócrifas o similar, algunos jueves hay milagro y a veces estas deslenguadas contribuyen a enriquecer el tesoro común del idioma castellano. Sucedió cuando Sofía Mazagatos defendió a los que, como ella, están en el candelabro, ennobleciendo de un plumazo al prosaico candelero. Y lo hizo la Jurado un día que llovía muchísimo y ella lo expresó con esta bella imagen: “parecía el Danubio Universal”.

—Eso que dices es muy bonito. A veces se te ve que quieres ser mala, pero eres buena...

No crean. Déjeme que termine parafraseando a Einstein así, como quien no quiere la cosa...

—...y un poquito guarra...

Sólo dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana. Y no estoy segura de lo primero.



mlimon@divertinajes.com
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