27 de mayo de 2005

¡Aghhhhhh!

Ernesto bebe.

—Vive.

Vivir, vivirá, pero beber, ¡vaya si bebe! Bebe, Santiago, bebe. Yo no sé qué pensará Carolina, pero no es de recibo. Él debería hacer como Belén Esteban, que tras su última recaída ha sido tajante: «No quiero jugar con mi salud».

—¿Y con la nuestra?

La nuestra le da igual, ya verás cómo dentro de nada, exclusiva mediante, vuelve a emponzoñar el ambiente como si tal cosa. Pero lo de Ernesto tiene delito. Lo más curioso es lo que dicen las revistas.

«Las imágenes del príncipe bebiendo han sembrado la duda sobre si está o no cuidándose», escriben en Semana.

«¿Cambio de vida?», se pregunta Diez Minutos al pie de una foto en la que Ernesto enciende un cigarrillo colocada estratégicamente junto a otra en la que apura una copa con lo que parece ser vino tinto.

«Degustando, encantado, un refresco», apunta una sorprendente Lecturas que quizá confunde los deseos con la realidad: «disfrutó especialmente de una copa que, a pesar de su apariencia de bebida alcohólica, sin duda debía ser un refresco de cola, puesto que desde que sufrió una pancreatitis, se cuida al máximo».

Carolina y Ernesto, concluye ¡Hola!, «en la fiesta de la trashumancia». ¿Mande?

En fin, que como siga así, mucho me temo que el tal Ernesto podrá declarar pronto lo que Bertín Osborne ha dicho ya: «Una bodega me retirará del escenario». Sólo que en el caso del ¿cantante? ¿presentador? no será porque se la haya bebido.

Noticia de alcance: Eugenia Martínez de Irujo asistió hace unos días al cumpleaños del osito Tous. Estooooo... tomate no sé si hay, pero esto no es normal. Tampoco me parece muy normal que a Paz Vega la hayan elegido «Mejor calzada de España»; o quizá sí: habida cuenta de que tiene un vestirse que parece un desnudarse, lo único en lo que un amante de la ropa y los complementos puede fijarse es en sus zapatos...

—Panda de degenerados. ¿A quién le importa cómo se calce Paz Vega? Si acaso quién se la calza. Con lo buena que está.

Santiago, haciendo gala de su fina capacidad dialéctica. También está muy afectado por el hecho de que Sharon Stone haya sido nombrada en Francia Caballero de las artes y las letras...

—Estos franceses se merecen todo lo que les pasa. Pero, ¿no han visto Instinto básico? Y si la han visto, ¿cómo se les ocurre nombrarla caballero? Yo también lloraría...

Y es que Sharon aparece cual dolorosa en la foto que acompaña a la noticia que comentamos.

—País de miopes, oye.

Mejor, así se ahorrarán el disgusto de ver lo feo que es, pobrecito mío, el hijo pequeño de Rania de Jordania. ¡No se puede negar de quién son los genes dominantes! El niño es cagao y pintao a su padre. Habrá que quererlo igual, pero...

—Pero, ¿esta mujer ha estado embarazada? ¿Cuándo? ¿Seguro que no ha utilizado una madre de alquiler?

No, hijo, no, las ricas son así. Es el primer bebé del tan cacareado baby boom real que amenaza al mundo. ¡Pero si la única princesa que no espera descendencia es Camila, la mujer de Carlos de Inglaterra!

—Y con las nuevas técnicas uno ya no puede decir ni de esta agua no beberé, ni esta anciana no va a ser mi madre.

En fin, sugiero que cuando la guardería real esté rebosante de pequeños herederos, llamen a Ana Obregón, que puede con siete y con siete mil, para que se presente en corsé de ballenas negro (en Diez Minutos va ¿vestida? así) y diga lo que allí dice: «Los niños se pusieron a llorar porque yo no estaba».

Es, Ana querida, la diferencia entre un niño y un adulto: ellos lloran porque no estás y nosotros, los mayores, lloramos porque no hay manera de librarse de ti.



mlimon@divertinajes.com
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