13 de mayo de 2005

La lombriz y la perdiz

Mi tendencia a hacer ripios me lleva a pensar que los dos citados son animales contentos, y estos días pienso mucho en ellos a propósito del bebé real que está en camino, y de la sobreabundancia del adjetivo “feliz” en los medios de comunicación.

Me pongo a escribir estas líneas en plena resaca y no porque haya bebido, Virgen María, Dios me ampare, ni mucho menos, sino porque este jueves las compañeras divertinas Eva Orúe y Sara Gutiérrez tuvieron a bien invitarnos a la presentación de su libro Padres e hijos... ¡y conocí a Jaime de Marichalar! Chica, no es algo que una, consciente de su nivel y sus orígenes (soy clasista, ya ven) pueda dejar de apreciar. ¡Yo, Maruja Limón, de los Limón de baja cuna y alta... médica, dando la mano a un Duque emparentado con la Familia Real! Le pregunté por sus hijos, y me dijo que la niña es igual de simpática que el niño, pero que Froilán, hay que reconocerlo, tiene más carisma... ¡Más carisma! Eso es algo que yo jamás diría de mi Santiaguín. Yo, del lino diría que tiene más cara que la niña, y de la niña que me sale mucho más carísima que el niño, pero unir el término carisma a los nombres de mis retoños no se me pasaría por la imaginación. Hay que ser Duque para eso, supongo.

El caso es que he llegado a casa tardísimo, y aunque tenía las revistas desde el martes (no saben nada de plazos), les he tenido que echar un vistazo apresurado. ¿Para qué más? Todas coinciden en señalar que doña Letizia está feliz. ¡Jate tú! ¿No va a estarlo? Y aprovechan después para volver a mostrarnos esa colección de fotos y reportajes que tienen preparados para cualquier ocasión. ¿Qué el Príncipe tiene novia? Toma páginas y más páginas de su vida (ya sé que la expresión acuñada es: “vida y obra”, pero de lo segundo, de momento, no se tienen noticias) completa. ¿Qué se rompe un dedo? Toma páginas y más páginas de lesiones y contratiempos. ¿Qué visita oficialmente el país de los pigmeos? Toma páginas y más páginas de su amor por los niños...

Pues eso. Que ya están aquí no las tortas Teclo, que son las que venían, venían, en mi infancia, sino el enésimo repaso gráfico a la existencia muelle de este heredero XXL y de la que hoy es su mujer.

Todo muy previsible. Aunque observo algunos ramalazos de locura informativa:

- Semana hace un ránking de princesas fértiles y, bajo el titular: “Tardaron en quedarse embarazadas”, nos explica cuánto costó que la semillita prendiera en los úteros principescos de Mary Donaldson (9 meses), Máxima Zorreguieta (13 meses), Matilde de Bélgica (13 meses), Mette-Marit (20 meses) y Masako (8 años). En este ránking, Letizia no desentona: bravo por nuestra campeona. ¡Oe, oe, oe, oe!

- Diez Minutos nos muestra fotos de la actividad oficial de la futura mamá durante los tres meses transcurridos entre el momento de la concepción y el del anuncio del embarazo. “12 de febrero. Esquí en Candanchú. Posiblemente ni ella sabía que estaba embarazada en este viaje”. ¿Alguien ofrece una foto en la que aún le temblaran las piernas? Por favor, señores, un poco de contención.

- En la misma revista. “Responsable y fuerte, ha antepuesto sus obligaciones a las habituales molestias del embarazo”. O sea, que ha hecho exactamente lo mismo que todas las mujeres trabajadoras de este país que se quedan embarazadas. ¿Qué dirán los de Diez Minutos cuando la futura mamá sea una cajera de supermercado, o una peluquera, o una dependienta, obligada a estar 8 horas al día de pie?

- Lecturas: “Doña Letizia, con las manos en el regazo, un gesto característico de las mujeres embarazadas”. Las posibilidades son infinitas: “Doña Letizia, con las manos en la zona lumbar, un gesto característico de las mujeres embarazadas”. “Doña Letizia, sentándose, un gesto característico de las mujeres embarazadas”. “Doña Letizia, mirando a un niño, un gesto característico de las mujeres embarazadas”. La que nos espera, señor, señor.

Los Príncipes están, pues, felices. Aleluya. Es lo que tiene la paternidad...

—Pues a Alberto de Mónaco no le ha hecho ni pizca de gracia saber que tiene un hijo.
—¿Qué te hace suponer que no lo sabía?
—Bueno, que el mundo sepa que tiene un hijo.
—Yo creí, la verdad, que en las escuelas para futuros monarcas daban clase de sexualidad. ¿No le enseñaron al de Mónaco lo que es un preservativo?
—Si es que están crecidos.

En fin, termino ya que tengo que llamar a todas mis amigas para contarles lo del Duque de Lugo.

Veo las fotos del viaje de Kevin Costner a Leganés, donde el monstruo (je, je), para cenar en compañía de Isabel Preysler, “la musa de Porcelanosa”. Es una manera de sacarse unos dinerillos, desde luego, aunque poco glamurosa. Cuando veo estas cosas, yo pierdo la fe en Hollywood. Claro, que de este director del que tanto se esperaba, y tan poco hemos obtenido, se podía esperar cualquier cosa, y después de dirigir (y fracasar) Waterworld, lo lógico es que venga a por azulejos para su próximo estropicio. ¡Visita Villa Meona, a ver si surgen ideas para un nuevo filme! Y de paso, apadrina a uno de los numerosos Kevin, Kevin María y Kevin Costner de Jesús que habitan estas tierras.



mlimon@divertinajes.com
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