6 de mayo de 2005

El hombre bidimensional

Tengo una teoría...

—Y yo una navaja suiza.

Creo que Julio Iglesias carece de lado izquierdo. No sé, quizá le fue extirpado por algún cirujano loco, o tal vez se lo robaron una noche, mientras dormía, y está junto al carro de Manolo Escobar. El caso es que sólo tiene lado derecho. Y que para ocultar esta falta, cuenta con la inestimable complicidad de los periodistas.

¿Cómo si no se explica que en el reportaje exclusivo que publica ¡Hola! Iglesias aparezca siempre de perfil, y siempre del mismo perfil? Hasta hace nada yo pensaba que él, como todos, tenía un perfil bueno; ahora empiezo a pensar que tiene un perfil único, más aún desde que he leído esta confesión:

“He ido un par de veces al cirujano... facial, claro. Una para quitarme las arrugas de la cara otra para que me arreglaran el desarreglo que me hicieron”.

Cuate, aquí hay tomate. ¡Quince fotos, y en ninguna mira de frente a la cámara! También estoy a punto de incorporar a mi corpus doctoral la idea de que, después de años de tomar el sol, necesita estar con los pies a remojo para hidratarse. ¿Qué otra podría ser la causa de esa obsesión suya por fotografiarse dentro del agua?

—Quizá piensa que el fondo marino realza su perfil bueno... bueno, o único.

Dicho todo lo cual, lo más gracioso del reportaje es que muestra al cantante sentado a una mesa con dos nativos dominicanos, Julio de blanco inmaculado...

—Quizá piensa que el blanco realza su perfil bueno... bueno, o único.

...y en el pie de foto se puede leer: “Julio juega al dominó (a veces gana, a veces pierde) con dos viejos amigos ya de Punta Cana. Unas cervezas dominicanas sobre la mesa”. Pero eso no es nada con el remate del texto, en el que el periodista...

—Quizá piensa que Tico Medina realza su figura.

...cual Playtex de la información, se propone embellecer a la figura con esta frase: “Y el viejo cóndor, vestido de joven quetzal, vuelve a levantar el vuelo”.

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—¿Qué te pasa, Maruja?
—Me he quedado sin habla.
—Pues recupérala, mujer, que algo tendrás que decir de Ernesto de Hannover.
—Sí, que el viejo cóndor, vestido de joven quetzal, vuelve a levantar el vuelo.
Maruja, estás catatónica.
—Y a punto de sofronizarme.

Jesús, Jesús, qué experiencia religiosa. No obstante, relativicemos porque ya les tengo dicho que los periodistas cardiacos son gente dada a la hipérbole. ¿En qué otro género periodístico se atrevería nadie a poner, bajo una foto en la que un hombre se lleva las manos a la cabeza sonriendo, que ese hombre está haciendo “un gesto simpático y espontáneo”? Pues es lo que dice alguien que habla del marido de Carolina de Mónaco. Claro, que otro se refiere a él como “el noble alemán” y a lo que sé, ningún teutón ha protestado todavía.

Por lo demás, las revistas vienen primaverales y no porque me den alergia, que también, sino porque no hacen más que hablar del corazón y de los embarazos.

Lolita, la hija de la Faraona, asegura que ella no tiene amor, ni pareja, “pero sí rollitos”. No sé si felicitarla o si darle el pésame porque ese tipo de confesiones suenan a; dime de qué presumes, y te diré de qué careces, también conocido como: confundir los deseos con la realidad.

Elsa Pataky, por su parte, se ha ido a pasear su amor por Malibú que, en contra de lo que pudiera parecer, no es un parque temático en la costa levantina. Mira que son, ¿no lo podría pasear un poco más cerca?

E Isabel Pantoja declara: “Necesito a Julián a mi lado tanto como el agua”. ¿Para que necesita esta mujer agua a su lado?

—Para apagar los incendios que acechan su vida.

Este Santiago es un romántico. ¡Incendios, dice! Se referirá, digo yo, a tener un compañero sentimental condenado por la Justicia... y ni siquiera nos queda el consuelo de decir que Julián es, como Julio, un viejo cóndor, vestido de joven quetzal, que vuelve a levantar el vuelo. Porque con esos pantalones de cuello alto que me lleva, subidos hasta la nuez, es imposible batir las alas.

En cuanto a las preñeces, los semanarios, al tiempo que insinúan que quizá, tal vez, a lo mejor, doña Letizia está a punto de embarazo, dan cuenta detallada de lo que alguna llama “el baby boom real”: la mitad de las princesas del Viejo Continente se hallan en estado de buena esperanza. ¡Las camas reales echan humo! Como se nota que estas familias tienen servicio doméstico, y no como el resto de las mortales, que lo único que tienen son —como dicen ahora— problemas para conciliar la vida personal con la profesional: antes decíamos que las madres trabajadoras iban como puta por rastrojo y acabábamos antes.

En fin, acabo ya que en la cocina el pan negro ha iniciado una campaña a favor del lenguaje políticamente correcto que me tiene revuelta la despensa. Alguna de estas publicaciones tan prescindibles como necesarias (el que nos ha tocado vivir es un mundo lleno de paradojas y contradicciones) cuentan que el Gobernador de California, antes conocido como Terminator...

—¡Estoy deseando que el Papa Mazinger le conceda audiencia! Eso sí que será un choque de civilizaciones, y no lo de los cristianos y los musulmanes.

...quema la ropa de sus hijos cuando se la encuentra tirada por ahí. Si en mi casa aplicara yo la misma política, hace tiempo que mi marido y mis hijos irían desnudos por la vida porque no recogen nada. Pero mis reivindicaciones maternales no importan, y los derroches de este saco de músculos manirroto son cosa suya. A mí lo que me tiene loca es pensar que, si como imagino, en la residencia de Arnold hay un sistema antiincendios, cada vez que se declara un fuego, se disparará la alarma y empezará a llover dentro de la casa.

—A lo peor es que necesita el agua tanto como la Pantoja y Julio, pero no sabe cómo pedirla.

¿Y si fuera una nostalgia de tiempos pasados, una estratagema para seguir inmerso en un mundo de efectos especiales? Esto da para un simposio de psiquiatras, de título: En estas manos estamos. En fin.



mlimon@divertinajes.com
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