29 de abril de 2005

Don Quijote revisitado

Es lo que tienen los centenarios: que aturden. Porque la cultura hay que tomarla en dosis homeopáticas, que si no estás acostumbrado, puedes ser víctima de sobredosis. Ejemplo: ebria de quijote, una tal Gero, que hace de Dulcinea en una obra titulada Sancho Panza (qué acelerón), asegura que lo más hermoso de la del Toboso “era su pureza. Es similar a la de la Virgen María, etérea y maravillosa”. ¿No tienen una peana para esta iluminada? ¿No hay en la Academia de la Lengua un sillón para esta letrada? De letra mayúscula o minúscula, da igual. Y si en lugar de ser sillón, es silla o traspuntín, tampoco molesta y/o impide.

País de pretenciosos, oye. Las revistas nos muestran unas imágenes del rey don Juan Carlos pavoneándose ante sus sobrinos del coche que se acaba de comprar: un Bentley que le ha costado 180.000 euros, que son, en dinero de verdad... ¡30 millones de pesetas!

—Te estás poniendo colorada, Maruja. ¿Es otro sofoco de esos menopáusicos?
—No, es vergüenza ajena. ¡Gastarse ese dinero en un coche! Claro, que casi es tan grande como el estudio que acaba de comprarse Adrián en el centro de Madrid, y los dos han pagado lo mismo.
—Al menos el coche te da movilidad...
—Sí, pero aparcado en el cogollo de Madrid, un coche así dura menos que un paparazzi en un ring con Ana Obregón, Julián Muñoz y Al Bano.

Hablando de menopáusicas... “Demi Moore y Ashton Kutcher podrían estar esperando su primer hijo”. A mí me chiflan estos títulos: “podrían estar esperando...” ¡O no! Imagínense el filón: “El Presidente del Gobierno podría estar pescando congrios”. “Pedro Erquicia podría estar entrenando para competir en Mister Universo”. “Maruja Limón podría estar pensando...

—¡Eso sí que sería una noticia!

...en mandar a su marido a barrer el desierto”.

Por lo demás, la vida sigue incluso para Ernesto de Hannover, que dice que es demasiado joven para morir. Todas las revistas reproducen la misma entrevista, y las mismas fotos.

Leo en ¡Hola!: “Mi hija sólo tiene cinco años. Quiero aguantar al menos un año más”. Y el periodista aclara: ríe burlonamente. Es que la ironía y las otras figuras retóricas dan muy mal en papel couché, y hay que explicarlas. Pa por si.

—En clase de inglés hemos descubierto la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad sobre el marido de Carolina: su verdadero nombre es Ernesto de Hangover...
—¿Mande?
—Un juego de palabras, mamá: hangover quiere decir resaca.
—Hija, tú ya sabes que yo me apunté a Opening...
—...y te dejaron con el curso al aire.
—A mí también me gusta jugar con las palabras...
—Pues a mí me llegó un SMS en el que se aseguraba que Ernesto había pedido que, llegado el caso, no lo incineraran: que él quería ser flambeado.
—Niño, un poco de respeto. Mira a la pobre Carlota Casiraghi, que “sigue de luto por respeto a la memoria de su abuelo”.
—¡Pero si va enseñando la tripa!
—El dolor va por dentro. Ya verás como este verano lleva bikinis negros...
—Mira que llegáis a ser descreídos.

Les reprendo, pero les comprendo. ¿Cómo no perder la fe cuando en revistas serias, arietes del apostolado como Diez Minutos aseguran, en portada, que “Benedicto XVI se baña entre fieles”? ¿Acaso no tiene agua corriente en sus apartamentos vaticanos?

Un error, me dirán. Pero no sé si me convencerán: porque yo también creía que se equivocaban todos los que hablaban de esas famosas que llegaban a un sitio en “olor de multitud” y ahora resulta que la misma Diez Minutos (debe ser el tiempo que emplean en reflexionar sobre sus textos) titula un breve en el que aparecen Alejandra Prat, Anne Igartiburu y Estefanía Luyck, esas tres espigadas inoperantes, de aquesta manera: “Bellezas con aroma”.

Y en la misma publicación, y por abundar en la cuestión monegasca, muestran a Alberto de Mónaco —ese azotacalles pinturero— en el Vaticano bajo este otro titular: “El príncipe Alberto, arropado por las casas reales”. Gugu, nene, ajo... ¡Dan un calorín, las casas reales! Con su rancio abolengo, su calefacción pagada con el erario público, con sus toquillas centenarias, sus tapices gobelinos, sus... sus... ¡sus coches de 30 millones de pesetas!

Maruja, hora para la pastilla.

Os dejo, que cuando me da el arrebato Santiago se pone nervioso. Feliz puente.



mlimon@divertinajes.com
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