22 de abril de 2005

Qué dispendio

Jueves, 13.00 horas.

—¿Estás segura de que te vas a comprar las revistas? —me pregunta Domi—. Mira que salieron el domingo y están rancias.
—¿Y cuándo sale el próximo número?
—Si yo lo supiera...

Señoras y señores de las revistas. ¿Son ustedes conscientes del desequilibrio que han introducido en nuestras vidas, antaño tan ordenadas? Mi ritmo vital venía marcado por una cadencia cadenciosa (como su propio nombre indica): los jueves, corazón. Y esa certeza, tan firme como la de que tras el invierno llega la primavera, y después el verano justo antes de que el otoño haga su aparición, ha quedado destruida, pulverizada. ¿A quién le importa el fin de las ideologías, o el de la historia? Entre el efecto invernadero y ustedes, ansiosos por ganar tiempo al tiempo (sí, porque ¿dónde se ha visto que un semanal aparezca cada cinco días?), han acabado con las pocas seguridades que me quedaban.

—Siempre nos quedará...
—¿París? —pregunto esperanzada.
—Iba a decir la hipoteca...

Santiago, ese materialista. Llevo unos días que no me los merezco. Desde la elección del nuevo Papa, ya nada es lo que podía haber sido...

—¡Habemus Papam! —gritó el niño.
Ratzinger —precisó Santiago.
—¿Zeta? —preguntó mi hermana, que estaba de visita.
—¡Puños fueraaaaa!
—¿Cuál será su Afrodita A?
—¡Tetas fueraaaaaa!

Mi hermana, esa señora tan mayor.

—¿Y cómo se va a llamar?
Benedicto Decimosexto.
—¡Uy! Casi somo Camilo...
—¡Pero mira que sois brutos!
—¿Y con qué rima Decimosexto? Porque Juan Pablo Segundo / te quiere todo el mundo era fácil y propio de manifestantes partidarios de la rima consonante, pero ¿Decimosexto?
—¡Benedicto / Decimosexto / dicta edictos / formato texto!

El niño, que asiste a clases de informática.

—Ya veréis qué pronto acaban llamándolo Benedicto Dieciséis...
—Ya están en ello, pero eso es incorrecto.
—Pero Dieciséis rima con queréis...
—Y con la segunda persona del plural del presente de indicativo de los verbos de la segunda conjugación.
—¡Benedicto / Dieciséis / tanto si queréis / como si no queréis / es lo que tenéis / para que os fastidiéis!

Yo, que soy papista-fatalista.

—Bueno, pero si te has comprado las revistas, ¿por qué no hablas de ellas? Sácales partido a esos 7 euros y 20 céntimos que malgastas cada semana.

Semana

Santiago tiene razón. Lo que ocurre es que no es fácil, no, porque aburren. No sólo porque llegan tarde casi siempre, a pesar de la prisa que se dan, sino sobre todo porque son clónicas: mismas fotos, mismas frases manidas.

Yo creo, además, que han entrado en un periodo de relajación de la moral. De lo contrario, ¿cómo explicar que Semana contraponga (páginas 4 y 5) una foto del féretro de Rainiero con el titular «Réquiem por un soberano» y un anuncio de El Corte Inglés «Festival de complementos»? ¿O que Diez Minutos muestre a Carolina, Alberto y Estefanía, «Tres hijos unidos por el dolor», al lado de una modelo fusiforme que venta las bondades de una mermelada al grito de «La disfrutas mientras... y después»?

¡Hola!
Qué falta de tacto, la verdad. Estamos perdiendo las buenas costumbres. ¿A qué viene que Carlos Herrera, cuya foto encabeza su sección en Diez Minutos, incluya en el cuerpo de su comentario una foto en la que aparece... Carlos Herrera? Yo, mi, me, conmigo.

¡Hola!
Afortunadamente, siempre hay un reportaje que te reconcilia con la vida. Lo encuentro en ¡Hola!: Génesis, la hija de José Luis Rodríguez... ¡no! El otro, El Puma, Pavo real, uhhhhh, Pavo real, uhhhh, se ha bautizado en las aguas del Jordán. A mí la vida religiosa de nuestros famosos de medio pelo (o de pelo entero: el tupé del cantante es de los que crean afición) me la trae al pairo pero, como observadora atenta que soy de los fenómenos capilares, esperaba ansiosa el momento en el que José Luis, que vestía de blanco nuclear y también se metió en el río, se decidiera a mojarse la cabeza. En vano: el cantor lacado no se moja ni las puntas, y sin necesidad de gorro de baño. ¡Eso es estilo!

En fin, les dejo ya que en la cocina el Minipimer de un brazo y tres velocidades le quiere hacer una demostración a Carmencita, la de las especias, y eso sí que no.

Lecturas
Me escribe Martha, desde Perú. Quiere saber si Maruja es nombre real de pila (no: es de pila alcalina) y si Limón es apellido pata negra, o si esta firma, Maruja Limón, esconde a una escritora rica, famosa y, a lo que se intuye, desocupada, puesto que puede dedicarse a estos menesteres. Querida Martha: antes revelo mi edad que mi personalidad. Y los años que tengo son un secreto bastante bien guardado.

Martha se ha dado cuenta también de que con cierta frecuencia utilizo la expresión «feliz como una lombriz» que, lo confieso, le he copiado a Juan Antonio Cebrián. «No se si sabrás de dónde viene el dicho —me dice— pero igual te paso una de las teorías que encontré en la web. Un abrazo».

Si están interesados, pinchen aquí. Y para Martha, un beso.



mlimon@divertinajes.com
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