4 de marzo de 2005

El énfasis y el acento

El Gemío
Isabel Gemio es como un embalse: tan pronto Nilo la llena, como se retira y la deja seca. Una vez más, la Gemio grita su dolor. ¿Y si adaptara su apellido a su realidad amorosa, y se llamara de una vez y para siempre Isabel Gemío?

Diez Minutos
“Se me ha roto la pasión”. Es ya un clásico de nuestras revistas: Isabel con amor, Isabel sin amor, qué bien, qué bien, hoy sentimos con Isabel. La presentadora, que con tanto arte defiende su vida privada, sale de nuevo a la palestra para contarnos cómo le va la vida. Resumen de lo publicado: Mal, la vida le va mal. Porque con Nilo le pasa como proclama la copla: Que ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio. Querida Isabel, lo dicho. Si ya superaste con éxito un primer cambio de apellido (de Gemio a Garbí), y luego frenazo y marcha atrás (de Garbí a Gemio), no te importará añadir una rayita a tu nombre de familia recuperado para adecuarlo a los tiempos que vives. Gemío te pega más. “El dolor humaniza y si no te mata te hace fuerte”. ¡Que alguien le escriba una carta, por Dios!

Semana
Claro qué, ¿qué importa el desgarro de esta mujer al lado de la confesión de esta otra: “No soy una sex-symbol”. Firmado: Ana Obregón. ¡Por fin se ha comprado las gafas de cerca y un espejo de luna para verse de cuerpo entero! Y para demostrar que lo suyo va en serio, añade: “Todas las monarquías desaparecerán”. ¿A ver si cuando ya nos habíamos resignado a creernos lo de que es bióloga, acaba resultando politóloga?

A las barricadas, a las barricadas. Liberté, fraternité, egalité. ¿Qué dirá de este arrebato social-republicano la reina Sofía, de la que esta semana unos dicen que durante su reciente visita a Argelia, Mauritania y Marruecos fue “una más en el Magreb” y a la que otros coronan “reina de África”? Claro que a doña Letizia, otros descerebrados la llaman “la princesa de las favelas”. “Están locos, estos íberos”, pensará doña Sofía. Fijo. Y luego pensará que su nuera quizá no sea anoréxica, pero que desde luego está muy delgada. Con lo bien surtida que está la despensa de palacio. Dios le da pan al que no tiene dientes.

Lecturas
Hablando de problemas estéticos y de salud. ¿Quién le ha hecho la cirugía estética a Tita Cervera? Lecturas la entrevista, e ilustra el texto con unas fotos de los últimos ventitantos años en los que la baronesa pasa de ser una cuarentona estupenda, a convertirse en una especie de muñeca de cera esculpida a puñetazos. Hija, cómo se quedan los cuerpos...

Los de Carlos y Camilla, por ejemplo, que están para el desguace. Físico y moral porque... ¡vaya semanita! Para mí, que están gafados. ¡Pero si hasta ¡Hola! se permite hacer bromitas! “Al Príncipe de Gales todo lo que le podía estar saliendo mal le está saliendo peor”. No entiendo la actitud de la revista: ¿dónde esta el señorío? ¿Dónde el seny? A lo peor se han contagiado del republicanismo de Ana Obregón: Carlos, nos cuentan, “ya ha empezado a padecer los arranques del humor popular, que no inglés, con bromas del tipo: Isabel II, Carlos 0”. ¿Se permitirían estos comentarios si el príncipe fuera el heredero del trono de España?

¡Hola!
Y eso no es lo peor. Lo peor es el asomo de mala leche que exhibe el periodista cuando muestra la sala municipal en la que la ¿feliz? pareja contraerá matrimonio civil. “A pesar de que la Reina ya ha anunciado que no acudirá al acto, los contrayentes no escaparán a su atenta mirada, ya que (...) uno de sus cuadros presidirá la ceremonia”. A no ser que Camilla, justamente indignada, vuelva el cuadro cara a la pared.

Debo confesar, y confieso, que los de ¡Hola!, esta semana, me han descolocado. Completamente. Reírse del pobre Carlos es fácil, pero el sentido del humor de los responsables de la revista va más allá. Informan, por ejemplo, del dispositivo de seguridad organizado por los Beckham para impedir que su retoño fuera fotografiado. “Sin cara de Cruz”, titulan. Brillante, como el arroz. Informan del éxito de Paulina Rubio en la entrega de unos premios de música latinos. “Se lleva lo suyo en los premios Lo Nuestro”. Espléndido, como el coñac.

En fin, lo dejo ya porque de tanto reír se me van a abrir los puntos. No, no es de cirugía estética: es que me pelee con un jamón, y perdí a los puntos. Tres, que me tuvieron que dar en la muñeca izquierda. Todavía no puedo entender cómo fue a parar allí el cuchillo. Además, Santiago tiene hambre y está a punto de soltar su afamado hipoaullido huracanado, y les juro que Pepe Pótamo, a su lado, era un aprendiz. Hasta la semana que viene.



mlimon@divertinajes.com
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