18 de febrero de 2005

Príncipe Azul Varicoso

Supongo que la lógica del IMSERSO se impone: antes, las novias llegaban al altar vestidas de blanco nuclear, y salían agarrando a su Príncipe Azul con cara de: Caíste, pajuaro. Ahora, las contrayentes llegan contraídas y muy llevadas y los aspirantes a marido tienen cara de suegro. Carlos y Camilla se casan. Aleluya, aleluya, cada uno con la suya.

Treintaytantos años de amor para esto: una boda. Las revistas, hartas quizá de tanta princesa locuela y clase media (el día que la Monarquía se instale en un pareado habremos completado el ciclo revolucionario), disfrutan del noviazgo añoso con frenesí. Incluso me parece adivinar una cierta simpatía por esta mujer tenaz de la que, hasta hace nada, lo mejor que se les ocurría decir era que se parecía a Mercedes Milá. Jate tú.

Lecturas
Los titulares son diversos, pero tras todos ellos subyace (qué bonito verbo, subyacer, y qué picardioso, Santiago, quita esas manos que luego van al pan) un leit motiv (primo hermano de Leit Garret, ¿le recuerdan?): Por fin. Los periodistas de la sección de coronarias, que también tienen su corazoncito, se descubren ante el triunfo del amor... y poco importa que los protagonistas sean un príncipe heredero en edad de mausoleo y su mujer, que nunca será reina, quizá porque su Romeo la imaginó Tampax.

He disfrutado, y lo confieso, con ese cotilleo de ¡Hola!, publicación que nos cuenta lo que le dijo ella a él cuando se conocieron, allí por el siglo pasado. “¿Sabes que un antepasado tuyo fue amante de mi bisabuela”, le soltó. Se rumorea que de aquellos polvos vienen estas gimkanas genéticas. Lo desconcertante, tratándose de personajes con semejante pedigrí, es eso de que viven juntos desde hace dos años “pero no comparten habitación”. ¿Y cama? ¿Comparten cama?

Semana
Si acaso, y por poner un pero a este derroche de melaza provocado tal vez por la mala conciencia, me molesta que algunos incidan en el aspecto físico de ella, como si él fuera un Adonis de riguroso incógnito. “Camilla no era una joven agraciada, pero sí compartía con Carlos ideas, gustos y aficiones”, leo en Semana. Pero son cobardes, y no se atreven a rematar. Ya puestos, podrían escribir: “Camilla no era una joven agraciada, como tampoco lo era Carlos”. A no ser, claro, que aparecer en las antologías de Parecidos Razonables al lado de un 600 con las puertas abiertas sea un marchamo de belleza.

Sin embargo, los periodistas una vez más pierden de vista lo esencial. Y lo esencial es que después de haberle pedido matrimonio de rodillas (lo ha dicho la misma Camilla), ¡Carlos se pudo levantar! ¡A su edad! Vamos, hago yo eso ahora mismo y para la comunión de Santiaguín me tengo que hacer el traje tamaño Nancy.

En fin... Que leo el despliegue realizado por las publicaciones pintureras y me quedo estresada, como dice la Duquesa de Alba que se ha quedado ella como consecuencia de la persecución periodística a la que se ve sometida. Antes la gente estaba estresada, o se estresaba. Ahora nos quedamos estresados... siempre es mejor que quedarse patidifuso, o quedarse para vestir santos.

¡Hola!

¡Hola!, tenía que ser ella, nos ofrece una entrevista exclusiva perfectamente prescindible con los hermanos Chábeli y Julio José Iglesias, los más inanes de todo el clan. No me interesa tanto lo que dicen, que no tiene interés alguno, como el modelo de exclusiva que se consolida: anteayer fue la Preysler con sus tres niñas; hoy, los dos retoños del matrimonio original; mañana, Dios dirá. Es la versión couché de las combinaciones matemáticas: Sea E un conjunto finito con cardinal n ³ 1y sea p £ n. Se llama combinación de p elementos de E o combinación de elementos de E tomados de p en p a todo subconjunto de E que tenga p elementos. El número de combinaciones de p elementos de E es igual a C(n,p).

[Se han quedado estresados como la Duquesa, ¿eh? Es que María de la O se quiere sacar el graduado social en CCC y me ha dejado echar un ojo a los libros.]

Admitirán conmigo que este nuevo formato tiene gran futuro, sobre todo en familias numerosas como la que nos ocupa. Las posibilidades son infinitas... Jesús, qué mareo me da sólo de pensarlo. ¿Se imaginan el primer posado de Julio Iglesias con el hijo de su padre, que no es él sino el bebé Jaime? Espeluztacular.

Diez Minutos
Termino ya, que tengo que solucionar el caso de doble personalidad de esas lentejas que se creen lapas y se han pegado a la olla.

Diez Minutos es la única revista que no sitúa en portada a los novios británicos: a quien nos muestra es al nuevo amor de Tita Cervera. No es un pimpollo, pero sí es más joven que ella, y profesor de kárate, por más señas. Moraleja: Todo va bien, señora baronesa. Y mejorando.



mlimon@divertinajes.com
Archivo
Volver
Imprimir