10 de diciembre de 2004

Letizia recortable

Ya lo decía Peret: No sirve de ná, no sirve de ná, no sirve de ná. El rumbero lo aseveraba a cuenta de Eurovisión, porque con el musibodrio se fue a conquistar el Viejo Continente, pero su filosofía multiusos, versión martillo pilón, sirve también para explicar la situación contradictoria que vive Doña Letizia. Y no me refiero al hecho, notable sin duda, de que sea la Infanta Doña Cristina, cuya posición en la parrilla de salida de ascensión al trono la deja prácticamente sin posibilidades, sea la única dispuesta a hacer crecer la familia real. Hago referencia (que es otra manera de decir Me refiero) al hecho de que, aun habiendo sido proclamada por los lectores de ¡Hola! tercera mujer más elegante del mundo, ya ves tú los lectores del ¡Hola!, que confunden posición social con saber vestir, ve cómo Diez Minutos la convierte en una suerte de figurita de recortable cuando invita a sus lectores a que elijan para ella, la plebeya, un peinado: coleta, melena, moño... y la ayuden a fijar su estilo.

El juego que propone la revista me recuerda a mis años mozos...

—Siempre he dicho que tenías memoria de elefante, porque anda quen o hace tiempo ni nada....

Santiago, que está faltoso.

—A mí sin embargo me gustaría que tú, de elefante, tuvieras la trompa y sólo tienes el barritar...

Diez Minutos
Pa grosera yo, y pa pegar, mi madre. El caso. Que a mí el jueguecito en cuestión me recuerda a los recortables de mi infancia, aunque mi otroyó maléfico quiere convencerme de que también se parece mucho a eso quehace la policía cuando distribuye la foto de un criminal: dan la foto-base, y le ponen pelucas, bigote, gafas... Todos sabemos de qué estamos hablando, ¿no? Pues eso.

Hablando de actos delictivos. Mar Flores anuncia, quizá porque está convencida de que, al hacerlo, ya no será traidora: «Mi marido y yo iremos a por la niña». ¡S.O.S. niña en apuros! ¿Alguien sabe quién el alma cándida cuya tranquilidad la modelo amenaza? Porque si yo fuera la niña esa, y escuchara a Mar Flores decir: «iremos a por la niña» me echaría a temblar primero y a temblar después. No oía nada tan amenazador desde que me hablaron del peligro amarillo y del remix del Aserejé.

Semana
Pero lo peor de lo del recortable de Letizia no es, con serlo, el entretenimiento en sí. Lo peor es que hace escuela. Bisbal está sumido en una duda que dudo si calificar de existencial o de vital: no sabe si cortarse las guedejas. Si fuera monaguillo, el consejo sería fácil: en caso de duda, genuflexión, siendo cantante, y segura como estoy que su afamada pirueta a la manera de peonza no va a sacarle de esta angustia en que unos días se halla, y otros se encuentra, ha decidido pedir opinión «a las niñas», entiéndase sus fans, a través de su página web. Si el referéndum funciona, sugiero que aprovechen el tirón del cantante para que su página sea la página oficial del referéndum sobre la Constitución europea.

Pero Bisbal no es, permítanme que se lo diga, la única persona asediada por la incertidumbre. Yo, sin ir más lejos, también tengo mis zozobras.

Una: «Carlota Cashiragi, reina del Salón del Caballo 2004». ¿Qué piensan las jacas y demás representantes equinas de esta competencia, sin duda desleal? ¿Los organizadores no aprendieron en el colegio que no se pueden sumar peras y manzanas?

Dos: «Tras el "trote" de La Granja, a Loreto Valverde le gustaría ir a un balneario para descansar y recuperar la piel». ¿La despellejaron sus compañeros de encierro agroganadero y se le escondieron en un balneario? ¿Por qué los periodistas maquillan el verbo trotar con unas vergonzantes comillas, por qué no ponen "trote cochinillo"? ¿A mi qué me importa lo que hace Loreto Valverde tras salir de la Granja, es más: por qué no se quedó dentro?

Tres: «Esther Cañadas, en la fiesta de Moet Chandon». ¿Para cuándo una famosa glamurosa en la fiesta de vinos El Baturrico? ¿O de sangría Don Simón? ¿O de pipas Facundo? El pop art, por lo que veo, no ha llegado a nuestros VIPs, VIPs, ¡hurra!

Claro que todo lo que cuento son minucias, naderías, futilidades, bagatelas, al lado de las dos portadas que, esta semana, nos roban el sentío:

Lecturas
Lecturas planta en su primera a Rocío Carrasco que, una vez más (y van... para mí que se ha sacado un abono) proclama en esa revista lo feliz que es. Mi deber es felicitar a los fotógrafos porque, al paso que van, lograrán que en la próxima portada, la artista antes llamada Rociíto parezca una Spice Girl. ¡Pero si hasta le sale la nariz recta! Tengo que convencer a Santiago para que tire a la basura su Kodac Instamatic.

Y si la parte gráfica es hollywoodense, la parte declarativa es espeluztacular. «Sinceras declaraciones», anuncia la revista, y yo, que soy una crédula, busco. Y encuentro: «Pasaremos las fiestas todos juntos». ¿Se habrá creído la niña lo de que la verdad os hará libres? Yo no sé si esta chica, con tanta sinceridad, no se estará buscando problemas.

¡Hola!
¡HOLA!... Uy, ¡Hola!, qué fuerte, tía, nos muestra a Naty Abascal y a sus hijos (seguro que, de esta, los ficha ese tipo que hace trajes y perfumes y que utiliza siempre de modelos a unos bizarros ssssstupendos con pinta de marineritos perversos, cómo se llama, bueno, ya saben a quién me refiero, seguro).

El titular tiene mucho de «No sin mi hija»: «Todo por mis hijos», que siempre suena mejor que «Todo por la pasta» y se queda a un paso del «Todo por la patria» que ya sólo Bono se atreve a pronunciar. En páginas interiores, la modelo añosa, a la par que recauchutada (se parece un montón a las hermanas Ortiz, y no me refiero a las herederas —si es que las hay— del imperio conservero), posa como si ella fuera una jovencita en celo y sus hijos unos aviesos bailarines de tango inscritos a su pesar en un programa acelerado de reinserción social.

«A veces me cuesta mucho trabajo hacer de Naty Abascal, pero no tengo más remedio». Pues va a ser eso, que cuesta. La diferencia es que a mí me cuesta mucho trabajo hacer de Maruja Limón, y encima luego tengo que limpiar la vitrocerámica. Es lo que tiene ser mujer de hoy. Pero mi declaración favorita...

—¡Maruja! ¡Ven al cuarto de la niña, que la Barbie está tirando las maletas de Ken por la ventana!

¡Y luego dicen que la mili les hacía hombres! En fin, termino. Incorporo esta frase de Naty a mi libretilla-lapidario: «La vida para mí no ha sido nunca una pasarela, está llena de curvas, de barrancos, de subidas y bajadas, de luces y sombras». Y no tengo nada más que añadir, ni perrito que me ladre. Bueno, sí: que hable con el sindicato de Top Models, porque seguro que esas pasarelas no respetan las normas de seguridad en el trabajo.



mlimon@divertinajes.com
Archivo
Volver
Imprimir