29 de octubre de 2004

Quiero ser un bote de Colón

La primera vez que lo oí, pensé: «¡Qué modestos! En lugar de ser una carabela, se conforman con ser un bote. De remos, supongo». Suponía mal, claro. Ahora, la hija de Carmen Martínez-Bordiú Franco (Carmencita, para los amigos, y para los amantes de las especias) dice que quiere ser comisario. ¡De policía! Pies, para qué os quiero.

A Cynthia, que así se llama la aspirante, le mola lo de ser comisario (el masculino es suyo). Pero no comisario de exposiciones, como podría una suponer dada la profesión de su padre, anticuario; ni de comisario político, como podría una imaginar, dada la estirpe de su madre; sino comisario de policía. Chúpate esa mandarina.

Semana

Claro que, al menos, la joven Cynthia tiene aspiraciones posmodernas y no como Marta Sánchez, a la que el afamado piedefotista del pegamento le juega esta semana una mala pasada. Parece confuso y en realidad lo es. Me explico.

La cantante con frontón incorporado (malditos protésicos dentales: la Sánchez tiene unos piños como la forense negra de CSI Miami) concede una entrevista, la primera desde que falleciera su hermana. Con tal motivo, Marta nos enseña su guardarropa y nos ilumina con su filosofía de vida. Pero no contaba con la astucia, con el ingenio y el saber del mentado piedefotista pegamentoso, que es audaz y muy curioso y no se cansa de jo...faina. «La cantante, que cuida mucho los detalles decorativos, con blusa de...» O sea, que ella venga a convencernos y convencernos de que es lo más plus, y va el tipo y le destroza la argumentación intelectualoide convirtiéndola en un florero.

¡Hola!

La otra gran portada de la semana es la de Isabel Pleysler, recién sacada del frasco de formol, en ¡Hola!, que es a la señora de Boyer lo que el Monte de Piedad para las de mi clase: el lugar al que acude cuando necesita efectivo.

Pero, como no soy rencorosa, atraída por la promesa de apertura («nos descubre las claves de la elegancia para este otoño-invierno») acudo a páginas interiores cual mosca tentada por rica miel. Y me encuentro, amén de con la doña presumiento de mansión (eso sí que es una casa de protección oficial, y no las del Grupo Alférez Rojas de mi infancia), con declaraciones de los derechos humanos como la que sigue: «En el guardarropa de toda mujer que se precie de elegante tiene que haber unos vaqueros y una camiseta blanca, un vestido negro (“la petite robe noire”), una falda tubo con una bonita blusa y unas sandalias de noche». Ommmm... ¡Mechachís! ¡El yoga no me sirve para nada!

Amiga Isabel: No me precio de elegante, porque ser elegante es demasiado caro. Y no me vengas con eso de que la elegancia no es cuestión de dinero, porque entre las diez mejor vestidas yo aún no he visto a ninguna representante del lumpen proletariado. Tengo vaqueros, y una camiseta blanca, eso sí, llena de lamparones; y un vestido negro-ala-de-mosca (ye perdú la plum dan le yarden de ma tante, frere Yaque, frere Yaque, dorme vú. Es lo que doy de mí en francés). A mí las faldas de tubo no me caben, si acaso las de tubería, mis blusas no son bonitas (pero que cómo me la maravillaría yo) y, qué quieres, las sandalias de noche cantan un poco en mis tareas de día: lavar, comprar, cocinar, limpiar, aguantar... Pero, insisto, que no es nada personal.

Diez Minutos

Y ya que estamos en vena oriental... Atentos a las declaraciones de Mayte Medina, la mujer que se va a China para representar a España en el concurso Miss...terio oriental (es broma). Miss algo del universo mundo. Dice, la tía: «Al jurado le gustará mi sencillez», al tiempo que posa sentada sobre un piano de cola tocada con una diadema de todo a 100 mientras un pianista le toca los Feelings (que es lo que tocan antes o después todos los pianistas de hotel).

Y aquí, como en el circo, aún hay más porque la aspiranta, para rematar la faena, añade: «Mi amigo especial no podrá estar conmigo en China. Nos comunicaremos por Internet». ¡Mi amigo especial! ¿Qué tiene de especial? ¿Es verde, se reproduce por esporas?

Sigo. Pasemos por alto el hecho, insólito, de que algún estilista, trastornado quizá tras ver una película de Nicole Kidman, ha decidido hacer de la Infanta Cristina un clon talla XL de la australiana fusiforme: una Infanta con ese escote trasero vertiginoso es de lo más inapropiado. Y soslayemos también que Lecturas se haya gastado el dinero que yo y otras incorregibles le damos cada semana haciendo una encuesta sobre la Princesa de Asturias para concluir que «doña Letizia gusta». Si por las encuestas fuera, a lo peor llevaríamos tiempo siendo una República, así que cuidadín con los experimentos demoscópicos (toma ya lo que sé. Y eso que me callo mucho).

Termino ya, que el pan integral se ha vuelto integrista y me tiene la despensa alborotada.

Lecturas
Quería felicitar a los responsables de Lecturas, que esta semana abren la publicación con tres reportajes, uno detrás de otro, dignos de figurar en la Gran Antología del periodismo comprometido:

  • Penélope Cruz, espléndida en Santa Bárbara.
  • Los príncipes Haakon y Mette-Marit, con sus hijos en misa.
  • Carlota Casiraghi, gran amazona.

    Respiro más tranquila. Con guardianes tan celosos, la democracia está a salvo.

    PD.- Me escribe un amable lector con algunas atentas recriminaciones.

    Perdone que me comunique con usted varios meses después de ser publicado una artículo del que quisiera hacerle un pequeño comentario. Se titulaba Fantasía y pudor correspondiente al 11 de junio del presente año.

    En el mismo, justo al final hacía referencia a la esposa del hijo del jefe de estado y afirmaba, ahora viene el pequeño estirón de orejas, que en bable (asturiano) se denomina "paratu de afotiar" a la cámara de fotos. Desconozco la fuente que tan mal le informó de la traducción asturiana. Yo me gano la vida con esto, soy profesor de asturiano, y le puedo asegurar que ésta es simplemente denominada "cámara de fotos". Foto también tiene una segunda forma "semeya". Tradicionalmente siempre se la denominó cámara de retratar o de retratos, pero creo que es algo común a la mayoría de la Península.

    Disculpe mi intromisión.

    Atentamente,

    Xosé Nel Comba

    Estimado Señor Comba, le agradezco su comentario que, sin duda, tendré en cuenta. Permítame, no obstante, llamar su atención sobre el hecho de que Maruja Limón (me gusta hablar de mí en tercera persona, como hacen el Rey, el Lehendakari y los locos) no siempre ha de ser tomada al pie de la letra.

    Confío en, merced a este a modo de explicación, salvar mis orejas del estirón con el que me “amenaza”. Y si aún sigue con ganas de estirarme algo, tengo unas patas de gallo de lo más propicias.

    Suya afectísima,

    La que esto firma.



    mlimon@divertinajes.com
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