1 de octubre de 2004

Ya no puedo más, zas

Yo, como Camilo Sesto, ya no puedo más, zas, porque siempre se repite la misma historia. Y ya no puedo más, zás, estoy harta de rodar como una noria.

Sin embargo, a diferencia del filósofo canoro, lo mío no es morir de amor, sino de inanición. Hace tiempo decidí que ya no leería las revistas del lunes (Qué me dices, Sorpresa) porque con comprar las del jueves (Hola, Diez Minutos, Semana, Lecturas) tenía suficiente: 7,20€ cada siete días. Una pasta, oiga. Total, para leer lo mismo cuatro veces. ¡Todavía, si —un suponer— Hola fuera en castellano, Lecturas en catalán, Semana en euskera y Diez Minutos en gallego!

Y ahora resulta que las del jueves no sólo ya no salen los jueves, sino que se alían para ¡juntas! sacar Diva, mientras otros ponen en la calle Gala. ¡No hay presupuesto familiar que aguante! Ni corazón que lo resista, ni sentido común que lo avale.

Nace Diva y, en su portada, Gema, ex de Álvarez Cascos... Por cierto, que como apellido me gusta mucho más “FitzJames-Stuart” —otro suponer— que “ex de Álvarez Cascos”.

El caso es que Gema llevaba varias semanas rondando los focos, pululando por las páginas interiores de muchas revistas, a cuenta de su recién estrenado don de la ubicuidad: tan pronto estaba en el camerino de Chayanne como en la boda de su mejor amigo o en el pase de modelos de algún tipo nada ejemplar. Pero ya ha dado el gran salto a las portadas.

A mí lo que me asombra es que el único mérito conocido de esta mujer es haber pillado en horas bajas a un cuarentón súper hormonado cuando ella era una pija veinteañera, Gema cazadora. ¡Años de lucha feminista se van al garete por féminas como ésta! Sí, ya sé que estudió Derecho; y sí, ya sé que anuncia que va a ejercer, pero... lo suyo fue un braguetazo. Como hay Dios (creo).

O a lo peor le pasa como a Eugenia Silva, la modelo que aprendió leyes. “Estudiar Derecho es un reto intelectual ya que como modelo no tengo que pensar mucho”, ha declarado la hermosa percha. Pena de oportunidad perdida. Podría haber dicho: “Estudiar Derecho es un reto intelectual ya que como modelo lo más que tengo que hacer es andar derecha, y no siempre” y hubiera quedado como ingeniosa, a la par que bella e inteligente. Necesita una publicreleishions.

Los de Semana, además de conseguir lo imposible: que George Clooney salga feo en una foto, caen en un error muy frecuente —lo destaco, amiguitos, para que no volváis a hacerlo— cuando elogian a la periodista Isabel Sansebastián por ser una “trabajadora infatigable”. ¡Lo meritorio es lo mío, que estoy hecha unos zorros y sigo dale que dale que dale, dale que dale al plumero! Entre otros adminículos de limpieza.

Otra portada inquietante: ¡Hola! nos explica cómo es Carla Goyanes. ¿Alguien se lo había pedido? Porque a mí, cómo sea esta niña bien me la trae al pairo. “Su vida, su manera de pensar, sus proyectos y sus mejores fotografías”. Un catálogo completo, vaya. ¿Qué lobby de presión estará trabajando para mejorar la imagen de la señorita? Porque esto es una campaña en toda regla. “Así es Carla Goyanes”. Yo, hay algo que ya puedo afirmar: es raquítica, porque posa en portada con la camiseta de Victorio y Lucchino que la revista regala a sus lectoras, talla única... ¡y es la única a la que le vale! En mi casa, ni a mí, ni a mi hija, ni siquiera a mi hijo, que es pequeño... se la regalaré a la vecina, para que abrigue a esa rata a la llama perro de la que está tan orgullosa.

Hojeo así al desgaire los reportajes sobre la boda de Lydia Bosch. Repaso los pies de foto de las fotos de los asistentes (y de las asistentas: allí estaba la Juani de Médico de familia. Pobre actriz, se llame como se llame, vaya cruz. Eso es peor que apellidarse “ex de Álvarez Cascos"). En todas pone: Fulanito, Menganita, Zutanito con su acompañante Perenganita... Sin embargo, en el pie de foto de Paloma Cuevas pone que su traje es de Valentino. Sospechoso, ¿no? Huele a publicidad que atufa. Que, por cierto, el tal Valentino debe tener un montón de trajes para prestar porque la mujer de Enrique Ponce, boda que hay, boda en la que se aparece. Es como el perejil de todas las salsas matrimoniales.

Pero si de pies de foto hablamos, atención a este. Diez Minutos ofrece un reportaje (el mismo que las otras revistas) sobre Rocío Jurado y Ortega Cano en Houston. Y leo: “Una flor entre flores. La rosa más delicada del jardín de Ortega Cano”. ¡Apesta a cursilina! ¿Alguien, entre quienes me leen, tiene Peusek o algún producto para el mal olor de pies... de foto?

Leo que Tita Cervera ha estrenado un barco y que lo ha bautizado Mata Mua. “Como el cuadro de Gauguin”, asegura, aunque a mí me parece que tiene más que ver con la cara que se le ha quedado a ella después de tanta operación de estética. No me pregunten por qué, pero a mí Mata Mua me suena a insulto al cirujano que perpetró esos labios con los que no puedodecir ni Pepe ni Pamplona. Igual es una tontería, pero si vieran las fotos me entenderían...

Termino ya, que estaba preparando un sandwich y el pan inglés no se lleva bien con la tortilla francesa.

Después de que Ana, una hija de Isabel Preysler, sufriera una apendicitis en Bora-Bora (que no es el bar exótico que hay debajo de su casa), Tamara, otra hija de Isabel Preysler (las tiene para todo momento y ocasión), se quedó sin gasolina en la M-30, una de las carreteras de circunvalación de Madrid.

Dos hijas, dos desgracias, dos escenarios. Los ricos también lloran. Pero ellos, más lejos. O en mejores coches.



mlimon@divertinajes.com
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