17 de septiembre de 2004

Corazón demoscópico

¡Hola!
«Macroencuesta sobre las futuras reinas de Europa», anuncia ¡Hola! en su portada. Y saca a cinco mujeres cuyo único mérito conocido es haber cazado a un heredero.

Mary, Letizia, Máxima, Mette-Marit, Matilde... La revista del corazón más elegante se ha gastado el dinero en una macroencuesta para elegir «a la princesa más atractiva, más elegante, con más estilo, más deportista, más profesional, más simpática, más enamorada». El resultado final: «Máxima ¡Es la máxima!», juego de palabras que, a fuer de obvio, sonroja.

Inciso: el otro día se me ocurrió a mí uno mucho mejor, que reproduzco a continuación libre de copirait para que brillen ustedes en sociedad, no sé, a la salida de un restaurante megapijo. «Éste [y aquí, el nombre del cocinero, ahora llamado restaurador] es divino, aunque ¡cobra unos precios gastronómicos!». Precios gastronómicos, ¿lo entienden? De astronómicos y gastronomía... en fin, pues eso, que yo también sé hacer inanes malabares con el vocabulario.

No pienso discutir las bondades de la futura reina de Holanda, porque me traen al pairo, pero sí querría plantear algunas cuestiones que, increíblemente, se han quedado fuera de este despliegue demoscopio. A saber:

- ¿Por qué no preguntaron sobre Victoria de Suecia, que ella sí va a ser reina por derecho propio.

- ¿Por qué todas las princesas consortes con suerte, excepción hecha de la española, tienen nombres que empiezan por M? ¿Es un complot?

- ¿Por qué los encuestadores puntúan el atractivo, la elegancia, el estilo, las capacidades atléticas, la profesionalidad, la simpatía y el grado de enamoramiento de las citadas y no interrogan a los encuestados sobre su inteligencia? ¡Ah, se me olvidaba! Los floreros no necesitan tener cociente intelectual.

Las princesas en cuestión han renunciado a sus carreras profesionales y a sus convicciones por amor... ¡qué romántico! Tengo para mí que ellas suscribirían lo que ha proclamado Victoria Abril: «Hay que dejar de ser feministas y ser femeninas». Las bastaría con darse una vuelta por mi barrio para que se percataran de lo lejos que estamos algunas de haber conquistado casi nada.

Lecturas
Me cabrean, de verdad. Cuando esta mañana llegué al quiosco y vi la portada, casi me da un vahído. Menos mal que Dioni, que me conoce como si me hubiera parido, se dio cuenta y desvió mi atención a la portada de Lecturas...

—Mira qué bonito. Raquel Mosquera, la dicharachera peluquera de Usera, se ha echado un novio nigeriano.

... para, sin solución de continuidad (qué ganas tenía yo de poner esto, para que se chinche la simple de María de la O) empezar a tararear:

—De qué color es la piel de Dios, de qué color es la piel de Dios, dije negra, amarilla, roja y blanca es...

Es lo que tenemos los hijos de la renovación carismática: que se nos nota. Pero sí, es bonito. Raquel, además, demuestra que la peluquería es una escuela de vida: «Si hay personas que hacen algún comentario, espero que sea para bien y estarán encantados de que vuelva a ser feliz; yo sé que la gente me quiere. Y los que piensen lo contrario, ¡qué pena para ellos!». ¡Que la nombren embajadora de la UNESCO ya! Lástima que la propia Raquel hable de su pasión como si fuera un producto de higiene íntima femenina: «Estar de nuevo enamorada me hace sentir segura y protegida». Manera de malbaratar su momento Cupido, que por cierto, lleva alas.

Diez Minutos

Pero la cursilería, aunque molesta, no impide. Tan radiante está, que Raquel incluso se olvida de sus kilos, protagonistas de casi todas sus entrevistas. Tanto mejor, porque luego los periodistas pueden llegar a ser muy crueles. Fijaos que en Diez Minutos y una página, hablan de Isabel Sartorius en estos aviesos términos:

- Primero, aseguran que está «ilusionada y más delgada», manera de decir que antes estaba deprimida y hecha una foca;

- Después, apuntan desenfadadamente, como quien no quiere la cosa, que «pasea por las calles llena de energía»... ¡ni que fuera el conejo de Duracell! No me extraña que la Reina, que es muy suya (aunque la mantengamos entre todos), le pusiera pegas.

La verdad es que me alegro por ella. No por la Reina, que también, sino por la viuda de Pedro Carrasco. Llevaba meses, años diciendo en las revistas que ya estaba preparada para iniciar una nueva relación y se ve que Tony, que así se llama el novio, lee los anuncios clasificados por palabras de la prensa del corazón. Su destino habría sido otro bien distinto si, un suponer, hubiera querido ligarse a Inés Sastre porque la modelo es firme: «No quiero que nadie me conquiste». Freud tendría mucho que decir al respective de semejante declaración.

—Hija, Maru, qué nivel.
—Chúpate esa mandarina.

A ver si Santiago se cree que los crucigramas no enseñan nada. También sé que yunque de platero de tres letras es tas, y que drama de Shakespeare de cinco letras es...

—¡Sordo!
—¿Sordo? ¡Otelo, Santiago, Otelo! Mira que eres burro.
—Pero Shekspir era sordo, y eso es un drama.
—¡Sordo era Goya!
—¿Y Betoven?
—¡Betoven era alemán!
—¿Y Borís Becker?
—Pelirrojo, a la par que tenista.

A mí me la va a dar. Aunque a veces... lo admito, soy tan inocente que parezco un ave zonza. Fíjense que he leído: «Nieves Rodríguez y Pierce Brosnan, nuevas estrellas del cava». ¡Y he creído que era cava del verbo cavar!

—Cava como champán, pero doméstico, mamá. Son las estrellas del anuncio de Freixenet de estas Navidades.

Un sucedáeo, vaya. Pero es que la publicidad los vuelve locos. ¡Si hasta Fran Ribera ha aceptado ser la imagen de marca de un reloj! Y no me pregunten cómo, pero los estilistas le han puesto un tupé con el que han logrado que el torero parezca un mutante, un ser a medio camino entre Tom Cruise y Loquillo.

Semana
En fin, termino ya que he puesto los garbanzos a remojo y no saben nadar. Me escribe, dos lectoras, una de Brisbane, Australia (Carmen), y otra de Lima Limón, digo, Perú (Martha). Lo digo para presumir, porque una está necesitada de impulsos positivos (Santiago no es muy bueno en eso... marido, al fin y al cabo) y porque el hecho de que me lean demuestra que si una tiene mensaje, en el mundo siempre hay personas dispuestas a escucharl@, al mensaje y a una. Por extraño que parezca. ¡Gracias, amigas! Vuestro testimonio es prueba de que cotillas somos, y en la famosfera nos encontramos. Porque de esta caspa no nos libramos ni inyectándonos Head&Shoulders en los vasos capilares.



mlimon@divertinajes.com
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