4 de junio de 2004

El diablo está en los detalles

Semana
Lo del titular lo decía un sabio, no sé si Séneca o El Fary. Y eso que el ilustrado en cuestión no había tenido tiempo de ver las revistas de esta semana. Son iguales que las de la semana anterior, ¡yo creí que las había comprado repetidas! Pero allí donde hace unos días hablaban al modo gordo (yo soy partidaria de traducir los latinajos), se dedican ahora a fijarse en los detalles. Justamente allí donde mora el diablo.

Porque hay que jodastidiarse, la de tela que hay que cortar. Yo que creía que estaba todo dicho, y aún que sobraba la mitad, y resulta que no, que siguen dale que dale y que dale, dale que dale al pandero. Pero, ya lo decía el clásico (hoy estoy subida de tono), en las distancias cortas es donde toda esta peña se la juega. Y en las distancias cortas, señoras y señores, hasta las reinas se revelan como simples mortales. Bueno, no todas, que las operadas se revelan como un edredón de esos que se hacen con restos de ropas viejas.

¡Hola!
¡Hola! es, como siempre, la más discreta. Al contrario que el periodista al que increpara Van Gaal, ella es siempre positifa, nunca negatifa. ¡Con decir que cuenta que un hijo de la Infanta Cristina perdió un zapato, y parece que ha dicho un taco!

A los de Diez Minutos, sin embargo, se les nota el origen plebeyo. En lugar de decir que fue todo mu bonito, mu espectacular, van y se dedican a sacarles los colores a las invitadas. Resulta que la mujer de Bono (no, el de U2 no, el otro) y la Duquesa de Alba llevaban el mismo estampado. Jate tú. Y que Elvira Lindo lució el mismo abrigo de la reina Noor de Jordania. Claro que, con ver los zapatos te das cuenta de que el sueldo de una articulista está a años luz de la asignación de una reinona, por muy operada que esté.

—Estoy harto de la boda —clama Santiago, empachado—. Dice mi jefe que es como los pimientos: repite.

Qué mala es la envidia, oye. Lo que le pasa a este hombre es que él no puede entender lo mucho que nos gusta darle vueltas a lo mismo, porque así hablamos con conocimiento de causa. Lo mío, he de decirlo, es la cháchara inane, a la par que fundamentada, en las antípodas de los tertulianos al uso. A Santiago le molesta que los ricos exhiban su riqueza, los guapos su belleza, los enamorados su amor...

—Lo que tú digas, Maru. Pero hay fotos en las que el Príncipe, tan alto, lleva de la mano a Letizia, que es normal, y me acuerdo de cuando mi hermano cogía la Nancy de mi hermana.

Diez Minutos
Ahí se te notan los años, marido. Pero tienes razón: estamos ya hasta el moño de tanta boda y tanta boda. Aunque tengo para mí que lo de casarse no es para los de la realeza sino una excusa para pegarse una vida a cuerpo de rey, nunca mejor dicho: se encuentran aquí, se besan como si se quisieran, se reencuentran allá, se vuelven a besar, van de fiesta, hacen regalos, venga a viajar y a viajar, a derrochar y a derrochar, y todo a costa del contribuyente. Hay años que mi Santiago no gana lo que costaron algunos vestidos de los que esta gente se pone una vez para no repetir modelito. ¡Que venga ahora Letizia a contarnos que hay periodistas que cobran del fondo de reptiles!

En fin. Punto y final, que el casorio este (con sus corolarios) parece el cuento de nunca acabar. Pero por si Felipe y Letizia están pensando en tener hijos, y supongo que sí porque a cambio de tanto lujo deben garantizar la continuidad de la dinastía; y por si, aunque de momento sea sólo un juego, andan pensando en un nombre para el heredero o la heredera, les recomiendo un reportaje de Lecturas.

Lecturas
¿Por qué los famosos ponen nombres raros a sus hijos?, se preguntan. Todo viene a cuento de Apple, manzana, la hija con nombre de ordenador de Gwyneth Paltrow. ¿De qué asombrarse si Bob Geldof llamó Peaches, melocotones, a la suya? El hijo de Beckham se llama Brooklyn (como si el mío se llamara Canillejas); la hija de Sting, Fuchsia; el de Woody Allen, Satchel, que significa cartera, o mochila; el de Jodie Foster, Kit, vaya, como el coche fantástico, que a su vez se llamaba botiquín...

Pero la palma se la llevan Marisa Berenson, cuya hija responde al nombre Starlite Melody, useasé, Melodía Iluminada por las Estrellas, y Sylvester Stallone, cuyo hijo dice soy yo cuando preguntan por Sage Moonblood (Sabia Sangre de Luna). ¡No puedo ni imaginarme cómo se las apañan estos pobres para poner su nombre en los documentos oficiales! Porque no hay espacio ni casillas que lo aguanten.

Que se sepa, las víctimas de este horror onomástico no han denunciado a sus padres por maltrato nominal, pero todo se andará.



mlimon@divertinajes.com
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