21 de mayo de 2004

Otra oportunidad perdida

Este jueves no he comprado las revistas. No las he comprado porque salieron el lunes, y no tengo el cuerpo para cambios bruscos de hábitos adquiridos.

Además, no está la Magdalena para tafetanes: me he gastado todo el dinero en el traje de la boda, y no podía despilfarrar 7 euros y 20 céntimos más, que es lo que me cuestan los cuatro colorines.

Y no es por no gastar, pero gastar por ná es tontería. Y como yo soy yo y mis circunstancias económicas, ahorrar más de 1.000 de las antiguas pesetas es casi una heroicidad. El traje para el sábado, he de confesarlo, me ha dejado seca.

Por si acaso les cabe alguna duda aclararé que no, no estoy invitada a la boda. Pero aunque soy republicana de razón y corazón, soy perfectamente consciente de que no casamos a un heredero talla XXL todos los días. Así que aunque voy a ver el casorio por la tele, me vestiré como si estuviera allí. Dentro de mis modestas posibilidades, claro...

Por cierto, que ya podrían hacer OTRAS lo mismo, y no miro a nadie. Que digo yo que a la familia de ELLA la habremos vestido con el dinero de nuestros impuestos, porque no me parece que TODAS estén en condiciones de pagarse un guardarropa a la altura del compromiso histórico, y no se trata de que LA SUEGRA Y LAS HERMANAS hagan el ridículo delante del GOTHA, que es como se llama el colegio profesional de nobles inoperantes, no sé si porque están a dieta estricta de marisco o porque estaban de cachondeo el día en que eligieron su denominación común.

Porque mucho decir que Letizia es una chica normal, y que ése era su principal mérito: ahora resulta que anda enfrascada en un cursillo acelerado de pijería y otras superficialidades (inglés, esquí, vela...), y se lo estamos pagando entre todos a escote. Mucho dale que te pego con que el Príncipe no se lo tiene muy creído y yo qué sé que qué sé yo cuántas majaderías más. Y a la hora de la verdad, nada de nada: en lugar de mantenerse en su sitio, la familia de la bella plebeya va a intentar emular a los grandes de España y de parte del extranjero. Otra oportunidad perdida.

Con lo bonito que hubiera sido escuchar a los comentaristas elogiando la vestimenta de las damas invitadas al casorio. Un suponer:

“Por parte del novio, Carolina de Mónaco, de Christian Dior... Victoria de Suecia de Vitorio y Luchino... La Infanta Elena de Carolina Heguegá-Paguí...”.

“Por parte de la novia, sus hermanas Telma y Loui... digo, Telma y Erika, de Mango y Zara, respectivamente; su madre, Paloma Rocasolano, de Cortefiel; y su abuela, Menchu, de Meyni...”.

¿Meyni?, se preguntarán los abstrusos. Sí, Meyni, la tienda de modas de Merche y Nieves, las de Cuéntame. Y, en lugar de la marcha nupcial, la canción de Fórmula V:

Cuéntame
Cómo te ha ido
Si has conocido la felicidad

¡Estoy por llorar de la emoción! O mejor me contengo, que se me corre el rímel y Santiago me va a atizar en todo lo alto de la cabeza con la bandera republicana que se ha comprado para manifestar su descontento. Esta mañana me ha organizado una concentración en el pasillo, a la puerta del retrete: “¡Menos bodas reales y más gastos sociales!”. Si es que Dios da pan al que no tiene dientes.



mlimon@divertinajes.com
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