7 de mayo de 2004

Estoy de ofertas hasta...

Diez Minutos
Confieso que he leído. Que he leído las revistas con desgana, al bies. Pero tengo justificación. ¿Quién se atreve a meterse de lleno en el proceloso mar del papel couché (no sé por qué me niegan la Flor Natural de los Juegos Florales de mi pueblo) despuésde haber carreteado desde el lejano kiosko de Domi las revistas con su carga de ofertas y propuestas?

Excepto cafinitrina, la prensa del corazón tiene de tó. Sus cabezas pensantes han sustituido la miel del poeta por regalos u ofertas casi tan superfluos como las revistas en su mismidad, cebos destinados a atraernos para que caigamos en sus acarameladas redes presas de patas y manos (ya altero la lógica poética, me merezco el Adonais).

Esta semana he subido a casa con un tremendo dolor de brazos, y de regalo otro de riñones, provocados ambos por los obsequios:

- Una revista de belleza.
- Dos revistas de decoración (la misma, dos veces).
- Una revista de coches “desde la óptica femenina”... ¿Anunciará productos de limpieza para todoterrenos? Machistas de [piiiiiiiiii].
- Una botellita de leche que no contenía yogur, como yo me temía, sino champú, mira tú por dónde.

Y le he dejado al bueno de Domi:

¡Hola!
- La película de la serie Reinas del Corazón (o Reinas de Corazones, que cuando se ponen, abruman) porque costaba casi 8 euros, y yo por esa pasta me voy al cine con Santiago el día del espectador y su señora.
- Las monedas de la Familia Real, que son feas como pegar a un padre. Están hechas con mala baba, como si las hubiera cincelado Jaime Peñafiel.

El caso es que con todo lo enumerado he subido tres pisos en esta casa sin ascensor. Parecía una una porteadora de película del sábado por la tarde (de película de las de antes, porque ahora no enseñan más que asesinatos y orgías).

Y, claro, me he puesto a leer las publicaciones, y se me agarrotaban los ojos y se me cerraban los dedos o viceversa, que tengo agujetas hasta en la goma de las bragas.

Y, claro (2), lo he hecho con mala leche; no con esa generosidad de espíritu que me caracteriza, no buscando el lado bueno de las cosas, no centrándome en las grandes ideas, sino descendiendo a los detalles, cuanto más chungos, mejor, porque de alguna manera tenía yo que vengarme...

Lecturas
Y, claro (3), he encontrado hechos y sucedidos espeluztaculares como el siguiente, que espigo en la revista Lecturas: Ángel Corella, bailarín exiliado (perdonen la redundancia), tiene un móbil con B. ¿Con B de Ballet o con B de Burro? Porque el periodista que escribe móbil con B es un burro. Yo venga a insistirles a los niños en lo importante que es la ortografía, y las revistas, material educativo de primera nece(si)dad, pervirtiéndomelos.

Así no hay manera de hacer carrera de ellos, oiga. Yo venga a recomendarles que lean, y ellos vienen diciéndome que han comprado un libro, escrito por una colaboradora de Diez Minutos (lagarto, lagarto) en el que la individua en cuestión “analiza el fenómeno Belén Esteban”. ¿Un libro, decís? ¿Por qué no una enciclopedia? ¡Pero si para analizar ese fenómeno no hace falta ni un folleto (con perdón), ni una hoja volandera. El reverso de una tarjeta de visita basta y sobra. Ganas de talar árboles, oye.

Qué pena, chica. La gente que sale en estos papeles no son ejemplo para nadie.

Fíjate tú en Donald Trump, con la de millones que tiene. No acabo de decidir si la ensaimada con la que aspira a ocultar esas entradas que más parecen vomitorios es un peluquín de todo a 100 o es que se perdió la primera lección del aclamado método Anasagasti.

O en David Bisbal, cuyo grado de horterez aumenta de manera directamente proporcional a la magnitud de su éxito. No pretendo hablar en nombre de nadie, ni erigirme en portavoz de nunguna plataforma ciudadana pero, por Dios, ¿no podría decirle nadie a este niño que con tanto rizo y tanto abalorio tiene todos los números para convertirse en el próximo ex de Estefanía de Mónaco? ¿Y que puede dejar de contorsionarse, que no le hace falta moverse porque los aparatos de fotos no te roban el alma? Gracias.

Ya nada es como era. Leo que “Jose Toledo y su marido conocen a la princesa heredera de Malasia”, creo, que yo para los países exóticos tengo muy mala cabeza. ¿Merece la pena recordar que el marido de Jose Toledo se apellida Franco de segundo? ¿Qué hace unos años el nombre en el titular hubiera sido el del nieto del Generalísimo (un tipo modesto: podría haberse hecho llamar Muy Generalísimo, para superlativizar el superlativo), y no el de su esposa, que se gana la vida con el cuerpo (es modelo, ojo)? ¿Cómo es posible que una chica guapa les robe la noticia a un nietísimo y a una mujer de sangre azul, por muy malaya que sea? La democracia y yo somos así.

Semana
Sin embargo, me parece profudamente antidemocrático que Alejandra Rojas, esa insuficiente con la que ya me metía la semana pasada, siga siendo objeto de atención periodística por el mero hecho de ser hija de quien es, novia de quien es, y de estar en Lisboa, que es la ciudad a la que los periodistas (manera de llamarlos) peregrinan para hacerle decir cosas como esta: “Ni se me pasa por la cabeza ser modelo”. Pero, hija, ¿en tu casa rica tenéis espejos de cuerpo entero, de esos de luna? “Es un oficio muy duro y la competencia es tremenda. No es lo mío”. ¡Uf! Menudo peso les ha quitado de encima a Naomi, Giselle, Esther y otras.

Este tipo de reportajes serviles son una muestra de garrulez que me sonroja, lo juro. Es como esa obsesión que les ha entrado a los periodistas (o asimilados) con lo de buscar en México a personas que demuestren que Letizia dejó huella en aquel país. Estoy por proponer a la insensata que ha escrito un libro sobre Belén Esteban que se ponga a redactar para una obra titulada: Hernán Cortés y Letizia Ortiz, los gachupines que nos amaron.

El caso es que ¡Hola! entrevista a Sara Cuellar, con la que la futura reina compartió piso. Sara, mujer prudente, repite la sarta de tópicos acuñados para la ocasión: Letizia era normal, rebelde, independiente, inteligente, bla, bla, bla, paso que de tanto salivar me va a dar un ahogo. Pero como Sara no es tan sinsustancia como nos la pintan, cuela un mensajito en un texto manuscrito que la revista reproduce: “¡Vístete como te gusta!”. ¡Otra que se ha dado cuenta de que, de un tiempo a esta parte, la señorita Ortiz Rocasolano más que vestirse, se disfraza de princesa.

PD.- Por cierto, misterio aclarado. Javier Soto, ex de Isabel Sartorius, ex de Felipe de Borbón, se llama ahora Javier Fitz-James porque ha invertido...

—¡En Bolsa!

... el orden de sus apellidos, lo cual no deja de ser una inversión porque en esos ambientes mega pijos por los que se mueve, siempre mola más apellidarse Fitz-James, como los herederos de la Casa de Alba, que Soto, como el cantante de La isla de los famosos. De paso, consigue que su nueva hija, Sol, no se llame Sol Soto, que es nombre de vino peleón o de urbanización de baja estofa. La duda es, ¿cómo se apellida Mencía, hija de Isabel y Javier, que nació antes de la estratégica inversión en el mercado de futuros?



mlimon@divertinajes.com
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