26 de marzo de 2004

Las trillizas y una más

De pequeña (bueno, de joven, porque pequeña sigo siendo), mis peores pesadillas estaban habitadas por una versión tenebrosa de Jaimito, Juanito y Jorgito, los sobrinos clónicos del Pato Donald. Pasó el tiempo, y vino la oveja Dolly, otra que tal bala. Y ahora, nuestros miedos se han hecho realidad en la portada de ¡Hola!.

A mí, qué quieren que les escriba, me parece casi un sacrilegio. Mamá Preysler con sus tres hijas: Chábeli, Tamara y Ana (Iglesias, Falcó y Boyer, respectivamente). Las cuatro diferentes pero clavaditas, las cuatro vestidas iguales, como para obligarnos a participar en un siniestro juego de las siete diferencias.

Si no fuera porque ya tiene a la mayor colocada (y aún así), yo diría que doña Isabel ha puesto a sus niñas en el mercado y anda en busca de dote. ¡Qué bien, qué bien, hoy cobramos con Isabel! “Ser una experiencia familiar está siendo una experiencia muy gratificante”, declara Tamara, y por un momento creo que se refiere al negocio de venta de exclusivas, pero no. Lástima, porque era una declaración que me daba la razón, y eso siempre gusta.

El reportaje es almibarado, muy previsible, pactado, aunque no por ello exento de riesgos y peligros, como cuando el plumilla describe a las tres herederas: “Ana, una excelente estudiante; Tamara, licenciada en Estados Unidos y abriéndose un horizonte profesional, y Chábeli, con muchos proyectos pero ahora dedicada al cuidado de su marido, Christian Altaba, y a su hijo”. No seré yo quien diga que dedicarse al marido y a los churumbeles es un fracaso, pero ¿no les suena un poco a eso? Es como cuando ponen fotos de señoras de ringorrango y empiezan: “Fulana, bellísima; Zutana, espléndida; Mengana, exuberante; Pelengana llegó en un coche rojo”. Definitivo.

Por cierto, si leen u hojean, o si incluso sólo ojean ¡Hola!, percátense de la nómina de colaboradores que han hecho falta para la elaboración de este reportaje: 20, entre peluqueros, maquilladores, sastres, estilistas... Así sale guapa cualquiera. Creo.

Ante la primera aparición conjunta de este póquer de extraterrestres (¿de verdad cree alguien que lo suyo es de este mundo?), el resto de la actualidad palidece. Pero no puedo evitar plantearme algunas dudas. Al loro cantimploro:

- Si la modelo Judit Mascó no quiere ser un ejemplo para nadie (observen el interesante juego de palabras: modelo-ejemplo, que una también tiene su prurito lírico, más ahora, cuando ya la primavera ha llegado y mi alergia ha despertado), ¿por qué escribe un libro titulado El libro de Judit Mascó?

- ¿Por qué es noticia que una famosuela de tres al cuarto haga lo que toda hija de vecina hace? Verbigracia (¡olé, salero!). María Chávarri, a pesar de su avanzado estado de gestación, “sigue cargando con las compras y ejerciendo de ama de casa”. ¿Y? ¿Dónde está la noticia? Además, ¿alguien la ha visto abrillantar la vitrocerámica, adecentar el inodoro o bajar la basura? ¿Eh, eh, eh?

- “Carolina y Ernesto van a una misa a París”. ¿Qué pasa? ¿No podían haber ido a misa en la parroquia más cercana? ¡Ah, que era un funeral! Porque hija, eran ganas... yo pensaba que pretendían aparecer en los libros de historia, como el rey ese que dijo que París bien valía una misa.

- “Enrique y Kournikova hacen realidad el sueño de unos niños enfermos”. Y se esfuman. Porque es imposible que unos niños enfermos quieran tener al lado a esos dos arremangaos. Curioso, por ende, que digan Enrique y Kournikova, y no Iglesias y Kournikova o Enrique y Anna. ¿Qué pasa? ¿Si dicen sus nombres de pila los niños les piden que canten La Gallina Cocouaua?

- “Belén Esteban celebró con su hija el Día del Padre”. ¿Qué pasa? ¿Se perdió el capitulo de Barrio Sésamo en el que explicaban la diferencia entre papá y mamá? ¿Nunca se aprendió la canción de Los Payasos, la de la familia unida? ¿Se le olvidó lo de Te necesito toa, toa? Es todo muy confuso, muy difuso e incluso obtuso.

- “El académico de gastronomía Rafael Anson ha sido galardonado con la Gran Cruz del Mérito Naval...” ¿Qué pasa? ¿Sobrevivió a una jartá de marisco? “... que le fue impuesta por el ministro de defensa en funciones Federico Trillo”. Claro, y antes de abandonar el machito, hay que entachonar la pechera de los amiguetes.

- “Una actriz llamada Olivia de Borbón”, nos cuenta Semana refiriéndose a una recién descubierta sobrina del Rey. “Mi apellido puede ser un obstáculo”, proclama la aspirante a star. ¿Qué pasa? ¿Querías llamarte Olivia de Haviland pero ya estaba pillado? “Mi apellido me viene de mis padres y estoy orgullosa de ellos, me parece injusto tener que renunciar a él y no lo haré, aunque sea más duro”. ¡Ay, qué risa, tía Felisa!

- “¿Cómo logras la belleza de tu corazón?”, pregunta un cursi a Beatriz Rico. ¡Operándome a corazón abierto en Corporación Dermoestética, no te jipia! ¿Qué pasa? ¿Acaso los periodistas ya no saben hacer preguntas? Al lado de informadores tan inquisidores, Torquemada era como el aprendiz de brujo.

- Ana Obregón ha sido fotografiada junto a Davor Súker, arreglá pero informá (esto es, con su chándal, su visera y sus deportivas de marca). ¿Alguien podría regalar a la bióloga un espejo de cuerpo entero? Está como los dibujos polacos de mi infancia: un cuerpo como un saco de patatas y unas garrillas como alambres. ¡Ay, cómo se quedan los cuerpos! Koniek.

Pero lo menos comprensible de la semana es que ¡Hola! diga que "parece" que el padre de Letizia se ha casado, cuando la portada de Diez Minutos nos lo muestra de luna de miel en París. Hablando de Letizia. La pobre está tan delgada que parece la estampa de la misión, y para colmo le han compuesto una canción en su tierra que parece una venganza. Se titula La mocina asturiana y entre otras cosas, dice así:

Una mocina asturiana de güeyinos picarones,
Ye la más dulce de España, la más guapa de las flores.
De Asturias tiene que ser una Princesa asturiana,
¿Dónde si no iba a nacer, si en Asturias nació España?

Aclaración para legos en la materia: los güeyos son los ojos. Y no sigo transcribiendo porque me da una alferecía. Lo siguiente es proclamar eso de “Asturias es España y lo demás, tierra conquistada” y llamar Pelayo al heredero, para que su primo Froilán no se sienta solo.

¿Alguien puede extrañarse, leído lo escrito, de que haya ganado la izquierda? Claro que en los reportajes que nos hablan del pasado de José Luis y Sonsoles, los nuevos inquilinos de La Moncloa, encontramos datos para la inquietud: él comulgó en las Discípulas de Jesús; ella estudió en la Purísima Concepción. La izquierda no es lo que era, ni lo que debería ser. Y cómo me la maravillaría yo.



mlimon@divertinajes.com
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