19 de marzo de 2004

Hola, y adiós

Esta semana, los semanarios rosa son revistas del corazón... partío. Inevitablemente, todas vuelven sobre lo sucedido en Madrid hace justo una semana, y recordarlo (aunque en estos siete días no lo hemos olvidado), duele. Inevitablemente también, y quizá por aquello de que la cabra tira al monte, no dejan de dar la palabra a su galería de clásicos. Nunca los famosetes fueron tan patéticos como esta vez.

No queda otra: en estos días, hay que ponerse seria. Y una, aunque su fama la preceda (me encanta hablar de mí en tercera persona, ya soy como Aída... o como Ibarretxe, qué ilu) y a veces le haga la puñeta, puede ser seria. Muy seria, incluso. Hiper seria. Además, lo confieso, aunque las revistas de lo superfluo no publican ni una sola imagen que no hayamos visto ya una, cien, mil veces, no dejo de emocionarme. Claro, que siempre hay algo que sorprende, o que chirría. Por ejemplo, ver a Alejandro Sanz firmando en un libro de condolencias vestido con de chándal. ¿Es que este chico no tiene dinero para comprarse un traje como Dios y las circunstancias mandan?

Por lo demás, los famosuelos, reyes de lo nimio, vuelven por donde solían, y sus voceros (los periodistas, agentes necesarios para la propagación de esta plaga de proporciones casi bíblicas), también.

Como últimamente he estado muy atareada, no me había enterado de que Belén Esteban había tenido una subida de azúcar. Cachis en la mar salada, oyes, qué conmoción. De verdad de la buena que no sé cómo he podido sobrevivir al espanto sin esa información capital. Capital y sorprendente, porque conociendo a la joven rabanera lo que una espera es una subida de bilis. Pero el cuerpo humano es una máquina compleja.

Me entero también de que Nuria Roca y su marido están redecorando su casa. Y me siento identificada con ellos, porque me acabo de comprar un cenicero de alpaca y siento que, yo también, estoy redecorando mi casa, y mi vida. Es lo que tiene la publicidad: que te hace creer que comprando cosas vas a cambiar el mundo que te rodea. Snif.

Y me entero de muchas cosas, casi ninguna trascendente, sobre la nueva segunda dama, a la que Lecturas dedica su portada. Tiempo habrá de conocerla, aunque de entrada tiene algo que a mí me gusta: no es Ana Botella, y con eso ya tenemos mucho ganado. Me gustaría creer, además, que Sonsoles, que es cantante, no dará el cante.

Hay noticias que me dejan abandonada a medio camino entre la estupefacción y la putrefacción.

- Pero, Maruja, ¿qué tendrá que ver una cosa con la otra?

- Nada, Santiago, lo admito, pero es que quería que rimara...

- Pues pon animadversión.

Hay noticias que me dejan abandonada a medio camino entre la estupefacción y la animadversión.

- Y a mí que me da que esto tampoco es...

- Confía en mí...

- Si no queda más remedio.

Ejemplos prácticos. Carlos Herrera ha decidido dedicarse en sus ratos libres a la cría de cerdos y a la venta de jamón ibérico. A mí, la deriva españolista de este radiofonista pata negra me preocupa, cada día me recuerda más a no sé qué personaje rancio de una telenovela adaptada de una obra de don José María Pemán o plomazo similar. Como siga así, dentro de nada van a vender el muñeco Carlos y olé en las tiendas de recuerdos, junto a las gitanas esas de bata de cola que se llevan los japoneses para humanizar sus ordenadores de última generación.

Para terminar, a modo de despedida, les dejo una pregunta, que es una duda que me corroe. Veo unas fotografías de Jaime Marichalar acudiendo al funeral de Mariam Suárez. Va en el coche, con su mujer, la Infanta Elena, y lleva puestos los auriculares. En realidad, si se fijan, don Jaime lleva siempre los auriculares. Y mi pregunta es: ¿escucha música porque no le interesa lo que pasa y dicen a su alrededor o recibe instrucciones sobre qué hacer en cada momento?


PD.- ¿Han leído el Pan tumaca de esta semana? Sara Orúe habla sobre los nombres de pila...

- ¿Qué tiene que ver el conejo de Duracell con esto?

- Hija mía, te voy a prohibir ver tanta televisión, que la caja esa no sólo es tonta sino descreída.

... de pila bautismal. Tiene razón, como casi siempre. Y eso que no sabe que la hija de José Luis Rodríguez, El Puma, pavo real, uhhh, pavo real, uhhh, se llama Génesis.

- ¡Pero si ése es nombre de compañía de seguros!

- ¡Se acabó la tele, hija mía! Hala, a ver si me lees un poco y te ventilas las ideas.





mlimon@divertinajes.com
Archivo
Volver
Imprimir