27 de febrero de 2004

¡Priscilla, maña, nada en vertical!

Hace tiempo, en unas vacaciones a la orilla de la mar, no me vengas a buscar, que la noche es muy traidora, morena, estaba yo tomando un baño de sol, uo, uo, uo cuando escuché una voz de inconfundible acento baturro que gritaba: “¡Priscilla, maña! ¿No te tengo dicho que cuando pases por donde la boya nades en vertical?”.

Convendrán conmigo en que al lado de ese misterio natatorio, los misterios gloriosos y los secretos del universo son nimiedades de proporciones chiripitifláuticas. Pero el hipoaullido huracanado de esa madre, que no sólo desafiaba las leyes de la acústica sino que era como un torpedo en toda la línea de flotación de la niña interpelada (en efecto, ¿cómo se nada en vertical? ¿Cogiendo el aire dentro del agua?), removió en mí algo intangible y desde entonces, siempre que oigo ese nombre, Priscilla, Prisciiiiiiiilla, en mi fuero interno siento un no sé qué, que qué sé yo, algo como que me sube y luego me baja...

- ¡Ay, Maru, Maru, que va a ser un eructo!

Es una de las virtudes de Santiago: la finura y el sentido del matiz.

El caso es que cuando abrí Lecturas y vi que dedicaban un reportaje a Priscilla Presley, sentí de nuevo en mi ese fuego que creía extinguido. La señora, “una espléndida abuela y empresaria”, tiene 58 años, y menos arrugas que una sartén de teflón.

Vale, está estupenda, lo admito. Pero, claro, una, que se curtió con los aires de la renovación carismática, sabe lo que sabe. Por ejemplo, que la señora está más operada que Cher y más retocada que las fotos de la panda de amigotes de Stalin. “Una fotogenia digna de una modelo”. ¡Pero por Dios santo, si es como si le hubieran pasado por la cara una goma de borrar!

Y aunque su profesión reconocida es la de madre de la hija de Elvis, ella se empeña en tener vida propia: “Cantar no era lo mío, así que quise ser actriz”. Lo que no dice es que eso tampoco era lo suyo, pero no quería tropezar dos veces en la misma piedra, concretamente la piedra de la coherencia, y perseveró. Peor: ahora prepara un musical sobre su vida... Encima, me entero de que además de la hija mentada, madre de sus dos nietos, la planchada esta tiene un hijo que se llama Navarone, como los cañones. ¡Priscilla, maña! ¿Por qué no desapareces en vertical?

Yo no digo que estas famosas sean unas inoperantes, por muy operadas que estén. Lo que digo es que tienen complejo de robot multifunción, y se creen que lo mismo valen para desfilar, que para coser o cantar. Jaydy Mitchel, que va de actriz porque ha rodado una peli con Santiago Segura (que va de actor porque ha rodado varias pelis), dice ahora que si no se hubiera dedicado al mundo de la moda, le hubiera gustado ser periodista. ¡Urdaci, agárrate a Junior que vienen curvas! Alma de cántaro, ¿no tienes suficiente con ser guapa, estar casada con Alejandro Sanz y vivir rodeada de pelotas?

Y no seré yo quien diga que las mujeres independizadas tienen que dedicarse a las labores propias de su sexo...

- Eso es de pilinguis y suripantas –apunta Santiago, siempre al quite, manera Arniches. Corramos un tupido velo antes de que yo, sin anestesia, lo corra a gorrazos.

... labores propias de su sexo. Pero no me digan que Juncal Rivero no sería honrada como benefactora de la Humanidad si, ahora que ha pillado marido, dejara de torturarnos desde ese programa infame de televisión que ella, la mujer que se tragó una escoba y fue momificada en vivo y en directo, presenta. Y lo de “presenta” es una manera de hablar...

Yo, que soy como una madre, le digo lo que dicen los concursantes muy cutres de Gran Hermano VIP a los concursantes ligeramente menos cutres de Gran Hermano VIP: tú ya tienes contratos, afuera te esperan con los brazos abiertos, ¿por qué no dejas que peleemos por el triunfo final los que lo tenemos más crudo? Patético.

Claro que, si de bodas hablamos, hay que hablar de LA boda. Sara Orúe, en su sección, ha intentado evitarLA, pero lo ha conseguido a medias. Yo me había prometido morderme la lengua, pero ya me sangra, y tampoco es cuestión de autoamputarse la húmeda en aras de mi irrenunciable republicanismo. (En la escalera me llamar Maruja Pineda, ahora entienden ustedes la razón).

Pues sí, ¡Hola!, que es más monárquico que el monarca, nos sorprende con un nuevo número especial con el que podremos seguir paso a paso la boda del año. O sea, como el manual de instrucciones de mi Epilady, pero en Borbón. Y lo que nos queda... ¡Me aburren! ¡Me aburren soberanamente, y nunca mejor dicho lo de soberanamente!

Pero lo de ¡Hola! no es lo peor. Qué va. Las mentes retorcidas de este país han encontrado una excusa perfecta para cebarse en nosotros, los indefensos ciudadanos. En Lecturas, algún sádico ha puesto a toda página un enorme “Sí, quiero” que desemboca en esto: “ir a Madrid para la boda del Príncipe Felipe y Doña Letizia”. ¡Van a sortear viajes! Obsérvese que no ponen “para ir a la boda”, lo cual sería imposible, a la par que torticero, o viceversa, sino “para la boda”, como quien dice: “Voy a ir a Granada para la primavera”. O sea, como mera indicación temporal.

Pero hay quien da más. Una agencia de viajes, lo leo en Diez Minutos, organiza viajes, que es lo suyo, “para la boda”... ¡y da un diploma! “Yo estuve en Madrid el día de la boda”, proclamarán orgullosos los poseedores de semejante documento. “¿Y visteis a los novios?”, les preguntarán sus vecinos, incordiosos. “Mira que siempre tenéis que sacar el lado negativo de las cosas”. Los hay cenizos, desde luego.

Termino ya, que me dicen que Mister Limpio quiere a Mimosín de mascota, y el oso se resiste. Semana nos cuenta que Gema Ruiz, la ex de Cascos, para alegrar a sus hijos tras la tocata y fuga del padre, les ha comprado un perro.

- Un doberman, imagino –dice la niña.

- Pues no –replico, siempre dispuesta a salir en defensa de los menesterosos-. Un... espera que lo lea... “lasha-apso, raza canina de origen oriental, de carácter apacible y cariñoso”.

- No me digas más: ¡igualito que el añorado padre!

- Niña, eres una iconoclasta.

- Y tú, una iconoplasta, mamá. ¡Pero si hasta Emilia dice que Cascos se parece un montón a las hienas del Rey León!

Si llego a saber que me iba a salir tan respondona, la bautizo Priscilla. Y de segundo, Maña.



mlimon@divertinajes.com
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