13 de febrero de 2004

La que nos espera

A mí, qué quieren que les diga, la boda del siglo me trae al pairo. Pero, una no es de piedra (mientras que Felipe y Letizia ya son de cera, qué espanto, habría que ajusticiar al responsable del doble engendro), y no puedo evitar sentirme abrumada por todo lo que anticipa el real casorio. Eso sí, se nota que los novios se quieren porque ya empiezan a hacerse concesiones mutuas: ella aprende a esquiar, él se deja fotografiar con una bolsa de plástico (¡oh!) de una prestigiosa librería (¡ah!).

ELLA

¡Hola!, que está en su salsa (rosa, por supuesto), lo resume así en un pie de foto más empalagoso que Antonio Gala bañado en miel: “Doña Letizia tiene muchas ganas de agradar, de hacerlo bien, de aprender, y se nota a leguas que no es forzado. No se hace la simpática ni actúa falsamente por ‘quedar bien’. Se comporta de una forma muy natural y tiene una inmensa curiosidad por todo”. Los de ¡Hola!, pudorosos, dicen que la frase es de un amigo del Príncipe, pero a fe mía (vaya ramalazo tengo hoy) que lo piensan. Incluso lo creen.

Los periodistas escriben en trance. “A ojos de todo el mundo, doña Letizia ya no es una aguerrida periodista (aunque de corazón lo siga siendo el resto de su vida) dispuesta a salir corriendo tras el mejor reportaje periodístico”. ¡Madre del amor hermoso! ¡Pero si trabajaba a las órdenes de Urdaci, al que los más aviesos llaman Urnaci! Por Dios, que alguien explique al responsable de esta prosa tan melosa lo que es un telediario.

El “intenso aprendizaje” de la futura Princesa de Asturias ocupa y preocupa a los plumillas rosáceos. “Letizia ya sabe esquiar”, proclama Diez Minutos con el orgullo de una madre. Todo les parece bien: la cinta con la que recoge el pelo, las gafas irisadas, la sonrisa radiante... Letizia Ortiz ya no tiene defectos, mira tú por dónde. Lástima que todo lo que hace unos días eran virtudes propias de su condición de plebeya normal, sean ahora carencias, porque si el Príncipe se enamoró de ella sin que ella supiera esquiar, ni navegar, ni yo qué sé qué más... ¿a cuento de qué viene ahora lo de cambiarla de cabo a rabo? Había una peli, creo, o un libro, quizás, que se titulaba así: te quiero, eres perfecto, ya te cambiaré. Pues eso.

PD. Letizia, guapa, no te creas que todo el monte es orégano, ni que la Zarzuela es sólo un palacio. Si crees que por ser vos quien vais a ser te vas a ahorrar las labores propias de tu sexo, estás apañada. Mira tú la pobre Estefanía, un poco pelandusca, pero princesa al fin y al cabo, haciendo la comida a unos saltimbanquis. Y no lo digo yo, lo dice Iván, hermano de Adans, el último capricho de la devorahombres. “”Nos gusta mucho la pasta [sin dobles intenciones, ¿eh?, buen rollito], y ahora que cocina Estefanía, no nos levantaríamos nunca de la mesa”. “Y mucho menos para fregar los platos”, apostilla Santiago, que de machismo sabe un rato.

ÉL

De él no sabemos que haya alterado en lo sustancial su manera de ser y estar. Pero, pero, ha sido fotografiado con una bolsa de La Casa del Libro que, como su propio nombre indica, es una librería. ¡Albricias! (Jesús, qué mal me ha sentado el cocido, no hago más que soltar antiguallas).

En fin, paso del tema que se me altera el metabolismo republicano. ¡No, no me dejan pasar! Pertegaz, el encargado de hacer el traje de novia, sale por todas partes. “Me considero un hombre sencillo”, proclama mientras posa en su sencilla masía sencillamente catalana del sencillo siglo XIV. “A veces soy absolutamente barroco, y otras, absolutamente asceta”. Para ser un tipo sencillo me ha salido un poco alambicado.

Está visto que las bodas nos alteran, y eso no hay Tranquilín que lo remedie. Antes, los famosos se casaban por lo civil, por lo eclesial, posaban para los reporteros y se iban a disfrutar de su intimidad. Ahora, parece que no estás casado si no te bendicen con la portada del ¡Hola!. El Cordobés bis se ha casado con esa novia venezolana con aspecto y alma de protagonista de culebrón, ¡va más maquillada que Sara Montiel en un día de exclusiva! Y ahí los tienes, en el altar del papel cuché. Los obispos, tan propensos a la majadería ofensiva, deberían decir algo al respecto.

Luego vienen los niños, que acaban siendo un engorro (perdonad a vuestra madre, hijos míos, que no sabe lo que escribe). Que se lo pregunten a Carla Duval y a su marido que, tras años de paternidad responsable, se han tomado unas vacaciones sin churumbeles. Eso sí, como les da miedo tanta soledad, se han llevado a los periodistas, que también son revoltosos y (me imagino) pagan mejor.

Claro, que los niños también aguantan lo suyo. Nos cuentan que el bebé aún no nato de Güinet –o como se escriba- Paltrow se va a llamar Bruce tanto si es niño como si es niña aunque, en este segundo caso, se llamaría Bruce de segundo. A nosotros, los españoles, eso no nos sorprende: le pone María antes, y tira millas. María Bruce, mira tú qué nombre tan bonito.

En fin, voy terminando, que tengo las palomitas en el microondas.

Si todo lo que les he contado no les asusta, sepan que las cosas pueden ir peor. Una semana después de saber que Blanca, la ex de Cayetano Ordoñez, se propone iniciar una carrera musical, nos cuentan que Mar Flores, cuya primera experiencia como actriz se saldó con un fracaso rotundo, se propone relanzar su ¿carrera? con un corto. ¿Alguien podría explicarle lo de que el tamaño no importa? Gracias, en nombre de Oscar y en el mío propio.

PD2.- Estoy muy dolida. La semana pasada me esmeré como nunca para realizar un fastuoso fotomontaje y ninguno de ustedes vosotros tuvo la delicadeza de agradecérmelo. Una ya está acostumbrada a que su marido e hijos, respectivamente (no pega, pero queda de muerte natural), ignoren los esfuerzos gastronómicos, ese servir cada día al que me veo abocada. Pero que ustedes vosotros, gentes de buen vivir y mejor entender, personas humanas capaces y educadas no valoréis mis esfuerzos como se merecen me acompleja. La verdad es la verdad, la digan Agamenón o su porquero, la escriban Ana Rosa Quintana o Lucía Etxebarría.



mlimon@divertinajes.com
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