30 de enero de 2004

¡¡¡Borbones y caramelos!!!

Sobredosis de azúcar. Las revistas, de habitual melosas, vienen de lo más empalagoso. Melifluas, diría incluso, si no fuera porque no estoy muy segura de lo que eso quiere decir. En fin, todas hablan de La Boda, ya saben a cuál me refiero. ¿Todas? ¡No! Hay una que habla de otra boda, nada convencional, por cierto.

Veamos, digo, leamos.

¡Hola! Con motivo del 36 cumpleaños del Príncipe Felipe, la revista del corazón por excelencia y noble cuna nos atiza un especial de ¡¡¡220 páginas!!! Sobre la vida, obra y milagros del heredero.

En la portada, una foto que –me parece- he visto ya unas tropecientas mil veces de don Felipe con su novia de bolsillo. “Un número, para conservar, lleno de historia”. Nota de Maruja: anoto que estos chicos de ¡Hola! distribuyen las comas como yo el perejil, al tresbolillo, y me preocupo por ello.

Lecturas. “Felipe y Letizia, la cuenta atrás. 4 meses para la boda del siglo”. Mis objeciones:

   - La foto es la misma que la de ¡Hola!, o muy parecida.
   - Para echar la cuenta atrás de cuatro meses, que son un porrón de días, hay que ser de ciencias. Exactas, para ser exactos.
   - Decir que esta es la boda del siglo es degradar a años vista la boda del próximo heredero y/o la próxima heredera. ¿Somos o no somos monárquicos?

Semana. “El Príncipe cumple 36 años junto a su prometida. Felipe y Letizia, ilusionados”. Mis objeciones:

   - La foto es la misma que la de ¡Hola! y la de Lecturas, o muy parecida.
   - ¿Cómo que el Príncipe cumple 36 años junto a su prometida? ¿Acaso se conocieron en el nido de la clínica donde nacieron, ese antro de promiscuidad, y la Casa Real ha venido escamoteándonos la noticia desde entonces? Peor aún: ¿es Letizia más mayor de lo que confiesa?
   - Queridos compañeros, parece mentira que sea yo la que tenga que daros clases de periodismo. Que Felipe y Letizia estén ilusionados no es noticia, ¡noticia sería que estuvieran tirándose a la cabeza las lámparas de la mesilla de noche!

Diez Minutos. “Jesús Vázquez se casa con su novio”. ¡Ñññiiiiic! Algo chirría. ¿Cómo ha logrado colarse este advenedizo, homosexual para más INRI, en las edulcoradísimas revistas de la víscera cardiaca? ¿Dónde han metido a Felipe y Letizia? ¿Los ha secuestrado el FLG, el Frente de Liberación Gay? ¡¡¡NO!!! Los han arrinconado, los han colgado la esquina izquierda, una fotuca de nada, indigna de su rango, su alcurnia, su estirpe, su ralea. Eso sí, para no desentonar, la foto es la misma que nos muestran las otras tres revistas. Creo que eso se llama corporativismo.

Poco más he podido ver, porque soy diabética asimilada y con tanta azúcar me ha dado un jamacuco. No obstante, antes de perder el sentido, aún pude castigarme el cuerpo otro poquito, porque los profesionales del corazón se muestran inmisericordes.

Semana nos ofrece, como todas, las demás, un reportaje eminentemente gráfico sobre la entrega de los premios Teleprograma. Ver a todas las presentadoras de televisión con sus mejores galas es como asistir a la parada de los monstruos, seguida por un desfile benéfico de la corte de los milagros. Pero fíjense, sobre todo, (pág. 107) en Ana Rosa Quintana. Se presenta a un concurso de dobles de Ana Rosa Quintana y queda segunda.

Lecturas (pág. 89) tiene a bien ponernos a los pies de... Letizia Ortiz. Suena raro, pero es lo que es. En una columna apasionante y apasionada titulada “Los zapatos de Letizia Ortiz” (¿para cuándo una serie: “Las cosas de Letizia Ortiz. Su ropa interior, su rimmel...”. ¡Ummm! Promete), y junto a un primer plano de los pinreles pronto principescos, a la par que asturianos, leo: “Antes de que se supiera que era novia del Príncipe, se fotografió con estas juveniles sandalias que muestran sus bonitos pies y unas cuidadas uñas”. Los pies no son feos, pero tampoco es como para tirar cohetes; en cuanto a las uñas de esos mismos pies, antes se las mordía, pero abandonó el vicio hace tiempo, ¡no te jipia, los muy serviles!

¡Hola!, dentro de esa sección titulada “Casas con estilo”, eufemismo para: “Yo soy rico y usted no, se j... siente”, nos enseña la “espectacular” y “fantástica” mansión en la que vive una tal María León y Castillejo, que aprovecha para posar en cada foto con un modelazo distinto. No sé si la familia León ha pagado por todo lo que tiene, ni siquiera sé si la niña María ha pagado por los trapitos que luce, pero todo ello me parece un ejercicio de mal gusto. ¡Se me está poniendo una mala leche!

Lo único que me tranquiliza es comprobar que los ricos, además de ser millonarios en dinero, atesoran estupidez: ¿para qué diablos necesitan, en una casa sevillana, cubrir el tresillo de la biblioteca con lomos de no sé qué animal? En realidad, ¿para qué diablos necesitan, en una casa sevillana, un tresillo en una biblioteca? Más aún, ¿para qué diablos necesitan, en una casa sevillana, una biblioteca? Y lo del derroche de pieles que tan bien me quedarían a mí en torno del cuello no lo digo porque yo sea una ecologista trasnochada, no, sino porque con 40 grados a la sombra deben dar un calor, si leen mucho les debe sudar el cubanito... en fin, Maruja, que te pierdes.

Lo único que me alegra las pajarillas es una foto de Alejandro Sanz en Diez Minutos. El pobre niño rico aparece luciendo en la cabeza una de esas cintas de lana como las que usan los modernos un poco espesos para recogerse las greñas, sólo que la suya es de marca, Armani para más datos. Y en el cuello luce un par de chupetones en el cuello de un calibre tal que obligan a preguntarse algunas cosas. ¿Es su mujer muy apasionada o ha tenido el cantante un encuentro desgraciado con el Conde Drácula? Porque, como diría el clásico canoro, no es lo mismo.

Voy a ver si Santiago me saca de dudas. ¡¡¡Cariñoooooo!!!



mlimon@divertinajes.com
Archivo
Volver
Imprimir