9 de enero de 2004

Ligero de Cascos

Por segunda semana consecutiva, la vida amorosa del ministro de Fomento de la natalidad es carne de revista. ¿Será un síntoma de falta de liderazgo de Pepe en el PP? ¿O mejor le echamos la culpa a Mariano, que es un blando? ¿O será una tapadera para desviar nuestra atención, a la vista de que las futuras reinas de Europa son casi todas unas advenedizas?

La duda me corroe y eso no puede ser, porque yo soy una mujer de certezas y, a estas alturas de folletín, lo único cierto es que la llegada de Paco Cascos a las páginas rosas convierte más que nunca a la prensa cardiaca en mostrador de casquería. ¡Qué desPrestige!

- ¡Pero qué mala eres!

Habló Santiago. Pero yo no soy mala, soy perspicaz. ¿Acaso puede ser inocente este comentario, al pie de una foto del hijo de Aznar en Baqueira: “José María, con anorak rojo y su novia, con mono blanco...”? ¿O creen que querían llevarnos a pensar que el “mono blanco” es el novio de la novia? ¿O que la novia tiene el síndrome de abstinencia?

- ¡Pero qué mala eres! ¡ Y qué abstinencia ni qué abstinencia, si estos se pasan todo el día de aquí para allá y de acullá a Cornellá, y de la Meca a la Ceca y al valle de Andorra!

Ahí tiene razón. Que todas estas mosquitas muertas de la derechona hacen vida matrimonial antes de ser esposados...

- Se dice desposados, lista.

Llámale hache. Todos estos famosetes retozones se creen que nos chupamos el dedo. Como Isabel Pantoja, la reina del pollo frito, que elogia a su Julián: “Hasta que no presentó su demanda de separación no tuvo nada conmigo, nuestra relación era sólo por teléfono”.

¿Y cuál era el prefijo? Más claro, agua. Eso por no hablar de que una mujer devota como ella ha de saber que se puede pecar por pensamiento, palabra (aunque sea telefónica), obra u omisión.

Estas mujeres patrias son la monda. Otra que tal baila: Raquel Mosquera, la peluquera dicharachera, que anuncia por enésima vez que ha recuperado las ganas de vivir. Y luego suelta esta perla: “Yo no busco, soy persona de encontrar”. No sé si se refiere a que con su volumen corporal es difícil no toparse con ella o si quiere indicar que su nombre aparece en las páginas amarillas.

A lo que se ve, hacer de Don Tancredo es una técnica extendida. Cito a Ana Obregón: “Voy a parar un poco porque quiero enamorarme”. De lo cual colijo (chúpate esa mandarina) que es incapaz de andar y enamorarse al mismo tiempo. Pero que la ilustre bióloga y guionista sin par no se amedrente, porque otros con discapacidades similares llegaron lejos. Acuérdense de aquel presidente yanqui del que se decía que era incapaz de mascar chicle y echarse pedos al mismo tiempo...

- ¡Pero qué mala eres!

... o del actual inquilino de la Casa Blanca, incapaz de comer galletas saladas y ver un partido de béisbol al mismo tiempo.

- ¡Pero qué...

- ... vale, vale!

Y eso que la Obregón me cae bien. Yo creo que ella y Sofía Mazagatos deberían ser proclamadas Bien de Utilidad Social: cada vez que hablan nos reímos tanto que el humor del país mejora considerablemente. Mucho mejor que tomarse un Tranquilín Forte, dónde vas a parar.

La buena de Ana actúa eficazmente sobre el tálamo y el hipotálamo, lo juro. Hagan la prueba, deténganse en ese párrafo (Lecturas, pág. 24) donde cuenta que su hijo se llevó un disgusto tan grande, prefiero la muerte, cuando un compañero de cole le dijo que había leído que estaba en la línea de sucesión al trono. Ella supo sosegarle como sólo una madre puede hacerlo, y de paso nos calma a todos, que la coronación del monstruo cuellicorto y comemicros es más de lo que una monarquía podría soportar. Lo dicho, mejor que el Tranquilín.

Porque el niño Obregón es un malcriado, peor que el Príncipe Felipe que, según Jaime Peñafiel (qué malo es el resentimiento), ha sido malcriado por su madre. Curioso: Peñafiel parece convencido de que sus opiniones interesan a alguien. Habla de Letizia y de Eva; a la primera la pone a caer de un burro y echa en falta a la segunda, que en realidad fue la primera, o por lo menos la anterior... Me imagino a la Sannum en su país, pensando: “De buena me he librado”, y también: “otras vendrán que buena me harán”. Pensando eso, pero en noruego, que tiene aún más mérito.

Sí, Peñafiel, sí. La vida es dura, con el tiempo hemos logrado suprimir la esclavitud, el derecho de pernada y la cata de jóvenes vírgenes. La monarquía ya no es lo que era. No hay más que ver ¡Hola!, que coloca en su portada a las futuras reinas de Europa. Repasemos:

- Una periodista; peor aún, una periodista divorciada; peor aún, una periodista, divorciada, que trabajó con Urdaci y no le partió la cara: Letizia.

- Una argentina, Máxima, hija de un ministro de la dictadura y trasplantada a los Países Bajos, y una australiana, Mary, instalada en Dinamarca.

- Una descerebrada, Mette-Marit, casada con un jeta, Haakon, que se ha pedido una baja laboral por paternidad, o sea: quiere disfrutar de todos los derechos que asisten a los ciudadanos de a pie pero sin renunciar a los privilegios que sólo él y los de su alcurnia disfrutan, entre los que está vivir a la sopa boba gracias a los impuestos de sus paisanos.

- Una... una... una... ¡no encuentro calificativo para Camilla! ¿Qué se puede decir de una mujer a la que su enamorado comparó con un "tampón"? ¿Que es muy absorbente? Quiero decir que... mejor lo dejo. ¿Que tiene paciencia? ¿Que no reinará?

Bien es cierto que los amigos de Hola mezclan churras con merinas, reinas que reinarán con suerte, y reinas consortes. Pero el panorama es desalentador. A ver si Cascos hace algo.



mlimon@divertinajes.com
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