2 de enero de 2004

Vida... ¿nueva?

Me siento como el conejo de Alicia: llego tarde, llego tarde. Sí, ya sé que las revistas del músculo cardiaco salieron el martes, pero ¿a quién le importa lo que yo haga, por no hablar de lo que escriba? Al fin y al cabo, los semanarios no son sino una excusa para pontificar sobre lo que de todos hablan, pero que a nadie interesa. Y para poner en solfa las verdades heredadas. Por ejemplo, esa memez que dice: Año Nuevo, vida nueva. ¿Nueva?

Rappel cree que sí, aunque para ello haya que cumplir una serie de trámites de lo más engorroso: recibir el nuevo año de pie, no cruzar las copas al brindar, lucir joyas de oro... memeces, vaya. Por cierto, que este predictor, con sus túnicas y sus crucifijos, parece un cardenal que ha perdido el oremus.

Rappel gasta mucho oropel, su persistencia en los medios de comunicación es un signo más de que estamos a punto de asistir a un rivaival del antiguo régimen. A las imágenes me remito. Las publicaciones nos muestran a los integrantes de la maltrecha Grandeza de España, gentes rancias de rancio abolengo. ¡Qué chuchurríos, qué antiguos! Al lado de tanta momia, Letizia parece una punkie rompedora, y eso que se diría que ahora la visten sus enemigas las ursulinas. Modistos sin fronteras deberían movilizarse en su auxilio, porque sospecho que están sacando para ella los sobrantes del taller de Merche, la de Cuéntame.

¡Pobre periodista agresiva! Desde que se anuncio su compromiso, su imagen ha retrocedido varias décadas. Sin embargo, la mujer del rey de Marruecos prosigue su imparable proceso de aggiornamiento. Según Semana, el que Lalla Salma esté aprendiendo a esquiar en la selecta y carísima estación francesa de Courchevel es “un signo de modernidad”. Tengo para mí que lo moderno sería que ella ayudara a que las mujeres de su país pudieran ya no esquiar, sino andar libres por la calle. O que su marido, el rey Hassan, en lugar de pegarse la vida padre a costa del contrubuyente marroquí, destinara el dinero que se gasta en estas vacaciones blanca a mejorar los servicios socialkes de su país. Sería moderno, a la par que progresista.

Pero los ricos son muy dueños (concretamente el tal Hassan, lo es del 60% de las empresas que cotizan en la bolsa de Marruecos) de hacer lo que quieren. Lean si no lo que dice en ¡HOLA! Flavio Briatore, que es ese italiano sesentón con pinta de italiano sesentón o de Pepito Piscinas sesentón que siempre aparece del brazo de alguna modelo. “Yo simplemente quería una cabaña al sol”, dice. Pero como los ricos también lloran, lo que tiene en Kenia (que no es un barrio de las afueras de Milán, lo aclaro por si hay algún despistado en la sala) es una propiedad con casas (nótese el plural) para invitados, cuatro piscinas, gimnasio, playa privada y 50 personas a su servicio, entre ellas, dos chefs especializados en cocina italiana. Pena de destino que me hiere...

En la misma revista, decididamente insultante, aparece Elsa Pataki, “espectacular en Isla Mauricio”. Sospecho que en Isla Mauricio podría estar espectacular hasta yo, porque las fotos con fondo de Torrevieja salen bastante peor, pero... Por cierto, la Pataki no tiene cintura.

- Envidia –me reprocha Santiago.
- Cochina –admito.
- Ea.

A Santiago le gusta tener siempre la última palabra aunque, a veces, se conforma con la última interjección.

La entrevista a la que me refiero es una mera excusa para hacer promoción de una serie de cosas (un destino turístico, un hotel, unas líneas aéreas...), que es lo que son casi siempre este tipo de reportajes: excusas para ganar dinero. Antes, se limitaban a poner los agradecimientos al final del texto, pero ahora dan las gracias hasta los pies de fotos: “’Soy activa y a la vez, tranquila. Me gusta tener mis momentos de paz, de soledad, que vienen muy bien para relajarte’ comenta Elsa Pataky, sentada en un bonito balancín con vestido negro de Brevetti y sandalias de Macqueen”. Quizá vestida de Modas Marisa y calzada con zapatillas Dulce Abrigo, sus pensamientos hubieran sido de otra índole, quién sabe. Lo cierto es que esa vía publicitaria abre caminos insospechados:

- “Pienso, luego existo”, asegura Descartes, tocado con sombrero Anselmus.
- “Puedo prometer y prometo”, se compromete Adolfo Suárez vestido en la planta machos de El Corte Inglés.
- “Ser o no ser, ése es el dilema”, se plantea Iñaki Gabilondo, tras aclarar su garganta con Fórmula 44.

¿Por qué entrevistan a Elsa Pataki? ¿Y por qué no? Ya no hace falta hacer algo notable,
ni siquiera ser alguien notable, para salir en los papeles con pompa y esplendor. Una inoperante, Carmen Janeiro, es objeto de gran atención en la misma revista porque tiene que despotricar contra su padre, otro inactivo. Está tan triste por lo malo malísimo de la muerte que es el gachó, que se ve en la obligación de maldecirle en papel cuché y de vestirse para la ocasión con los carísimos trapitos que le presta una panda de vistemonas. Patético.

Viendo a este hatajo de vanilocuentes, una está tentada de suscribir lo que Nancho Novo afirma en Lecturas: “Hay que recuperar un poco esa cosa primitiva de aceptarnos como somos”. A mí, la verdad, no me costaría demasiado, al fin y al cabo, no tengo demasiadas cosas de las que avergonzarme, pero... ¿se imaginan a algunos primates del zoológico patrio aceptándose tal y como son, cuando ellos creen que son de cosechero y que descienden de los siete pares de Francia? Duro, duro...

No sé si tanto, bien es cierto, como lo que está viviendo la ex de Álvarez Cascos, ese ministro con cara de picapedrero y currículo de picaflor. La chiquilla, que se creyó que lo suyo era para siempre, se ha quedado con un palmo de narices (y con dos churumbeles) cuando don Francisco se ha ido con otra, “con otras que no soy yoooooo”. Me pregunto qué pensará de esto Rouco Varela... Lo chusco del asunto es que la nueva es la ex ¡¡¡de un socialista!!! ¿Será que los populares quieren desmoralizar a las huestes de Zapatero robándoles a sus mujeres? Suena medieval, pero en estos tiempos que corren (con perdón, tratándose de lo que se trata), no podemos descartar nada.

Qué Cascos, qué cosas... Con lo feo que es el titular de Fomento (Fomento de la natalidad: a este paso habrá que ir pensando en rebautizar el ministerio), y el éxito que tiene entre las féminas. Porque no me dirán que no tiene cara de boxeador sonado, y sus matrimonios duran menos que una cuenta atrás. ¡Tongo, tongo!, gritarán algunos.

Y ahora que digo esto, y que esto escribo (un poco por los pelos, pero qué quieren a veces las transiciones son difíciles): en su rincón “Tu foto favorita”, Lecturas publica la foto enviada por un propio, de nombre Jordi, que dice que en un viaje conoció al rey de Tonga, quien le entregó una carta para el rey don Juan Carlos. Y que él, el propio, llamó a Zarzuela, pidió audiencia para entregar la misiva, y se la concedieron. Y ahí le tienen, posando con Su Majestad, para luego presumir de ello ante España entera gracias a Lecturas.

El que no se conforma es porque no quiere. En fin, sea como fuere o sería, Feliz Año Nuevo.



mlimon@divertinajes.com
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