19 de diciembre de 2003

Ya están aquiiiiiiií

La tía de Emilia, que es una original, siempre dice que no sabe por qué los científicos se empeñan en irse a Marte a buscar marcianos (o a la Luna a buscar selenitas, una tiene sus lecturas) si, en realidad, hace años que los marcianos habitan entre nosotros, concretamente en Japón. Al decir de Emilia, su tía no aporta pruebas científicas que avalen su teoría, pero ella dice que lo suyo es una convicción íntima, y que al diablo con las pruebas.

Yo, modestamente, me permito discrepar de esa teoría. Yo creo que, efectivamente, los marcianos se instalaron tiempo ha en la Tierra. Incluso creo algo más: creo que viven del cuento, y que se sirven de las revistas del corazón para pasarse mensajes cifrados que sólo ellos entienden. Si no me creen, que venga Fox Mulder y lo vea.

Porque yo sí tengo pruebas, y a ellas me remito. Abran Lecturas por la página 55 y asistan, anonadados, al espectáculo de ver a Norma Duval y Miriam Díaz Aroca, protagonistas de un reportaje titulado Navidad en la nieve, que se abre con una imagen de las bellas sobre un paisaje rojo que bien pudiera ser el decorado de Crónicas Marcianas... si no fuera porque el decorado de Crónicas marcianas es azul. Pues bien: las fotografías están tan retocadas que se diría que el fotógrafo, en lugar de utilizar el photoshop, ha recurrido a la thermomix.

Esta semana, la verdad, los fotógrafos no andan muy finos; ¡con decirles que aparece en varias revistas una instantánea de Paul McCartney con su hija y han logrado que el ex Beatle se parezca a Michael Jackson! Palabra de Maruja.

Más pruebas. Lecturas, siempre al filo de la noticia, se pregunta: ¿por qué los artistas tienen fama de caprichosos? ¡Pues será porque Rod Stewart pide para sus conciertos cinco mil toallas, y porque Kim Basinger exige por contrato unos cincuenta litros de agua mineral embotellada para lavarse el pelo! ¿Son extraterrestres o no son extraterrestres? “Y además, raritos de cojones”, apostilla Santiago. Y yo, sin que sirva de precedente, digo sí con la cabeza.

Un cabeceo de afirmación que se convierte en un cabeceo de preocupación cuando leo lo que dice Ainhoa: “Estoy mucho mejor de mi accidente. Sólo me quedan resquicios”. ¡Qué médicos más descuidados!, me digo. Le han dejado los huesos a medio soldar...

- ¿Qué murmujeas? –me pregunta mi hija, que ahora resulta que tiene vocabulario.

- De que a esta pobre chica los médicos le han hecho una chapuza, y en lugar de curarla como corresponde, le han dejado unos resquicios.

- No salgo de mi apoteosis.

Afortunadamente, siempre hay un resquicio (qué hábil transición) para la esperanza y la novedad. Tomen nota; por una vez, Ana Obregón, en lugar de dar la nota, se la pone: “En el terreno profesional he obtenido una matrícula de honor, pero un suspenso en las cosas del corazón”. Las arritmias, y eso, y tal.

¿Voy convenciéndoles? ¿Son marcianos o no? Tengo más argumentos, no se crean.

¡Hola! malgasta unas cuantas páginas con un reportaje en el que Carmen Martínez Bordiú, “desde las Galápagos, habla por primera vez del noviazgo de su hijo”. ¿No podía haberlo hecho desde más cerca? ¿Desde Galapagar, por ejemplo? Y no contenta con cepillarse los puntos Iberia de una tacada, se confiesa: “He nadado entre mantas y tiburones”.

- Es lo que tiene codearse con esa gente con la que va ella –comenta Santiago, comprensivo.

- La verdad –añado yo- es que no debe ser agradable vivir en medio de holgazanes y de gentes sin escrúpulos, pero ella se lo ha buscado.

- ¡Pero de qué diablos estáis hablando! –nos interrumpe el niño, que no tiene ni modales ni educación, y está mal que yo lo diga-. Las mantas y los tiburones son animales...

- Pues eso, hijo.

- Ya te dije, Maruja, que este niño veía demasiados documentales de La 2.

En eso no estoy de acuerdo con mi marido: los programas de alimañas son muy educativos, nos preparan para la vida que nos ha tocado vivir, rodeados de gentes que dicen que son tus amigos, y en cuantico que te das la vuelta, te sacan las entrañas. Lean, si no me creen, lo que cuenta Isabel Sartorius: “Hace muy poco, un amigo me dijo: ‘Isabel, en realidad no has hecho nada con tu vida. Tus resultados son pobres’”.

¡Joder, con el amigo! Pero ella reaccionó con entereza. “Me llegó al alma y me sentí mal. Nunca lo había visto de esa manera, y pensé: ‘Es verdad’”. Pues será. Y para solucionarlo, decide conceder una entrevista en exclusiva a la revista ¡Hola! (¿cuál si no?) en la que en seis fotos exhibe cuatro abrigos diferentes. Ya ha hecho algo con su vida, ya puede dormir tranquila.

No me juzguen aún, que no soy tan mala como parezco. Si Isabel me dejara, yo le recomendaría que en lugar de escuchar a presuntos amigos que sólo se dedican a meter cizaña, se rodeara de gente sincera como ese periodista de Diez Minutos que dedica un reportaje a la Infanta Elena, “una mujer de su tiempo”, y le canta las verdades del barquero: “Educada hija”, “divertida hermana”, “compagina a la perfección familia y trabajo”, “esposa modélica”, “madre, madraza”, “gran trabajadora”... ¡Una joya, vaya! ¡La joya de la corona! Y el periodista, un tipo sincero. O una tipa, porque a la sinceridad une otra virtud, la modestia, y no firma su reportaje periodístico, por llamarlo de alguna manera elegante. País.

El caso es que entre tanto marciano (no me apeo del burro: ya están aquiiiiií), lo único sensato que leo y veo esta semana es un evento, con perdón, protagonizado por dos marcianas y lo encuentro en la portada de Lecturas, una revista moderna: “Raquel y Noemí han sellado su amor en una íntima y emotiva ceremonia, rodeadas por su familia y sus amigos más queridos”.

La cara de la abuela de una de ellas es un poema, pero ahí tienen a la señora, aceptando esas cosas, a su edad. ¡Ole por ella! Y que vivan las novias.



mlimon@divertinajes.com
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