12 de diciembre de 2003

El sexto sentido

Las mujeres tenemos un sexto sentido.

Yo, por ejemplo. Cuando veo aparecer a Santiago con media docena de pasteles y un brik de Don Simón, preveo una noche movidita sin necesidad de más pistas. Y si me encuentro a Sofía Mazagatos en la portada de una revista, huelo momentos de gran excitación. Con permiso de Santiago, claro.

La cosa llega al paroxismo...

- Mujer, no estuvo mal, pero...
- No, cariño, si no escribo de ti, sino de la Mazagatos.
- Esa mujer tampoco está mal, ya ves tú.

[Vecinas, absténgase de comentarios]. La cosa llega al paroxismo cuando, además de poner su cara bonita en una portada, Sofía concede una entrevista. Ante la perspectiva del collar de perlas cultivadas que me voy a hacer con sus finas teorías y sus meteduras de pata hasta el corvejón...

- Hay corvejones y corvejones...
- Sí. Y hay Santiagos que cierran España y tú ni siquiera logras cerrar el tubo de pasta de dientes.

[Donde las dan, las toman]. En favor de la señorita Masgazapos hay que decir que ella es consciente de que, cual mártir posmoderna, ella carga con su penitencia. “Que me recuerden por lo del candelabro es una lástima”, declara, compungida. Y yo comparto su compunción... compungción... compungimiento... bueno, como diablos se diga.

Pero es que, querida niña, no sólo te recordamos por lo del candelabro, también te tenemos muy presente por lo de la piel en el pellejo, y por lo de que Vargas Llosa es tu autor favorito aunque aún no has tenido tiempo de leer ninguno de sus libros, entre otras planchas.

Lo que me asombra es que sigas dispuesta a incorporar novedades a este catálogo de chascos. “Tengo una idea que quiero madurar más y que escribiré dentro de unos años. Será un libro que publicaré con seudónimo, lógicamente, e incluso he contactado con un editor muy bueno de Los Ángeles para que lo traduzca a varios idiomas”. ¿El seudónimo? ¡Cielos! Sólo le ha faltado decir cuál era el seudónimo en cuestión, para dejarlos más tranquilos. Me lo imagino: La piel en el pellejo, de Curzio Mazagatos. Patético... mira, Patético es un buen seudónimo.

También resulta chocante que, ante su inminente boda con un empresario estadounidense de origen iraní, declare: “Estoy con las memorias de Farah Dibah para conocer más a fondo las raíces iraníes del que puede ser el padre de mis hijos”. Supongo que lo siguiente será escuchar Ayatolah, no me toques la pirola, la célebre canción de Siniestro Total, que es exactamente lo que sufrió la esposa del último Sha.

¡Ay, Sofía, Sofía! Recuerda esto que te voy a decir: cinco minutos que te callas, cinco problemas que te ahorras. La próxima vez, antes de conceder una entrevistas, cuenta hasta diez... mil. Gracias.

Por lo demás, las gacetillas del órgano cardiaco vienen llenas de cuestiones intrascendentes, baladíes, fútiles... a ver si la Masgazapos se cree que ella es la única que tiene un diccionario de sinónimos. Anuncian el regreso de Ana y los 7 y yo, la verdad, no acabo de decidir cómo tengo que reaccionar ante la noticia. ¿Corro a meterme en el refugio nuclear del barrio? ¿Lleno la nevera de productos no perecederos, rompo la tele y me encierro en casa durante los próximos seis meses? Queda poco tiempo, tic, tac, tic, tac, he de tomar una decisión o, en su defecto, un somnífero potente que me deje grogui una buena temporada.

Entre tanto y no, ojeo Diez Minutos donde aseguran que Demi Moore “se ha hecho algunas operaciones de cirugía estética para estar a la altura de su joven novio”.

A ver, defina ALGUNAS: ¿dos, veinte, doscientas veinte? Y también, por favor, dígame qué cirujano estético te hace crecer para que les pase la información a Aznar y a Berlusconi y puedan prescindir de las alzas, que me dicen sus íntimos que llegan al final de la jornada con un dolor de pies de padre y muy señor mío.

Pero, ¿qué quieren?, todo lo anterior no vale nada al lado de lo que veo y leo en ¡Hola! que, definitivamente, es la namber guan.

Para abrir boca nos enseñan el domicilio particular de la Duquesa de Alba, el Palacio de Liria. ¡Qué delirio de palacio! Tiene cuadros que yo sólo había visto en mi libro de arte de 8º de EGB, y no son láminas del calendario ese del membrillo La Española, sino los originales. Qué nivel, Maribel, digo, Cayetana.

Luego nos cuentan, por un lado, que Chabeli y su marido están en Nueva York con el pequeño Alejandro; y que el Duque de Lujo, digo, Lugo, está en París. Mi duda es: ¿van a dar cuenta, de aquí en adelante, de todos los movimientos de estos culos inquietos, con perdón? Más que nada por saber a qué atenerme.

Más adelante, de manera discreta, en una página en blanco y negro, informan de que “Ortega Cano cortó su última oreja en México”. ¿No sabe este hombre que eso es un delito, incluso en México? Es muy feo eso de ir cortando orejas por el Nuevo Mundo...

Con el cuerpo destemplado por esta última noticia, me adentro en la exclusiva propiciada por la reconciliación de Cayetano, el hijo de Carmina, y Blanca. “Tras su crisis, viajaron a Itacaré (Brasil)”, dice el periodista, y ellos añaden: “Ya estamos bien”. ¡Nos ha jodido mayo con llover temprano! En Itacaré (Brasil) está bien hasta el lucero del alba, más aún si la fiesta es sufragada por el dinerillo de la exclusiva. Ya que vivís en Gijón, ¿no os podíais haber reconciliado en La Escalerona, en el Molinón o a la vera del Cagaderu de King Kong? Y los gijoneses sabrán a qué monumento de Chillida me refiero...

Por fin, llego a las páginas en las que se concreta el sensacional anuncio que ¡Hola! hace en portada: Paloma Cuevas, ese ser que a mi me trae de cabeza porque sólo se hace carne cuando la invitan a una boda, ha sido elegida Mujer más elegante de España.

El articulista, transido de la emoción, compara a Paloma con las mujeres de Julio Romero de Torres, aquel original que pintó a la mujer morena, con los ojos de misterio y el alma llena de pena. Sólo le falta añadir que toda España la venera, que toda España la adora, pero se frena a tiempo.

Yo, la verdad, creo que Paloma Cuevas cada día se parece más a Romina Power, la de Al Bano, sobre todo en esa foto en la que aparece con su marido, Enrique Ponce, en la cocina, empuñando unos platos con cara de estar a punto de ponerse a cantar: arena blanca mar azul, te miro desde mi rincón, oh mamma mia qué guapa es, no quierre un cigarrillo usted...

He dejado para el final una frase que me ha hecho pensar en otra frase. La segunda frase es de mi abuela: “los ricos son ricos porque no gastan”. Yo, acostumbrada a verlos en las revistas, venga a derrochar y a derrochar, no me lo creía. Hasta que he caído sobre esta frase de Anna Kournikova: “Nunca he comprado un disco de Julio Iglesias, pero cuando le escucho por la radio sí que me gusta”. ¡Roñica! Perdóname, abuela, por ser una descreída. Tú sí que sabías... y no como Sofía.



mlimon@divertinajes.com
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