28 de noviembre de 2003

Adiós con el corazón

La declaración es impactante. “He derramado mucha sangre, pero ha merecido la pena”. Pero, en contra de lo que pudiera parecer, y de lo que los progresistas trasnochados pudieran desear, no se trata de una confesión de Bush, sino del torero Ortega Cano hablando de su retirada.

Porque las revistas de esta semana aseguran que Ortega Cano se despide de los toros. ¿Otra vez? Pero, ¿queé pasa? ¿Que se está despidiendo de ellos de uno en uno? ¡Apaga las luces del traje y vámonos! Apaga las luces y así nos ahorraremos el abracadabrante espectáculo de ese traje que te hace parecer un código de barras maltratado por una cajera de DIA, señor jesús, qué canto a la verticalidad más desaprovechado.

El caso es que Ortega Cano se va, y Raquel Mosquera vuelve a ser la de antes. “Vuelvo a ser a de antes”, proclama, oronda y feliz, desde la portada de Lecturas. ¿En qué lo nota? No se lo he preguntado, pero yo les doy dos pistas:

- Va embutida en un traje de baño como de piel de tigre.
- Posa a la manera de un ballenato varado en la playa.

Saquen sus propias conclusiones. A la peluquera más dicharachera le pasa lo que a la finalista del Premio Planeta, la novelista Susana Fortes, que su físico no le beneficia. “Mi físico no me beneficia”, declara la escritora. Y yo, qué quieren, lo pongo en duda. Para empezar, porque si fuera manca, a ver cómo escribía: su físico la beneficia. Y para continuar porque, si se cree guapa, no tiene más que colocar en el corazón de sus libros un póster desplegable a todo color de ella misma con su carisma pero sin ropa para comprobar si su físico es beneficioso, o no.

Por ejemplo: el físico de Marta Sánchez (que no es el marido de Marta Sánchez), ¿beneficia a Marta Sánchez? Ki lo sa, que diría el clásico japonés. El caso es que doña Marta posa con su hija Paula, carne de revista, metidas ambas en un sensual baño de espuma. A eso le llamo yo preservar la intimidad, sí señor.

O quizá es una manera, ciertamente jabonosa, de llegar a sus fans, del mismo modo que la afilada Celine Dion se ha metido a perfumera no porque lo necesite, que ella anda sobrada, sino para llegar a sus fans. Pues va a ser por eso...

Lo malo de esta gente es que les da como vergüenza reconocer que son codiciosos, oye, y siempre intentan disfrazarlo todo con ropajes humanitarios, o presentarse como si fueran el colmo del desprendimiento. Pero luego son como todos. Me pregunto si Inés Sastre, cuando pasea con su novio de apellido Taylor, recordará aquello que aprendimos en primero de inglés: “My Taylor is rich”, que una también tuvo su señorita de idiomas.

Me llama Emilia. “¿Has visto el Hola?”. Lo que me faltaba: comandos paralectores.

- Aún no...
- ¡Pues no te pierdas la carta de la novia de Luis Alfonso!
- ¿Luis Alfonso cantidubi, cantidubi, dubi, da?
- ¡Qué antigua eres, Maruja, hija. Luis Alfonso de Borbón. Resulta que ante los rumores de noviazgo con una venezolana, de nombre María Margarita...
- ... tiene nombre de cóctel...
- ... la familia de la novia ha decidido hacer un comunicado... Oye, si no te interesa se lo cuento a Sara Orúe.
- No, deja, que ya lo leo.

Y lo leo. Y me pasmo.

María Margarita, de gran belleza, de extraordinaria sencillez y naturalidad”. ¡Qué espasmo!

“... siendo sus padres Don Víctor-José de Vargas e Irasquin (notable jinete y jugador de Polo y también conocido aficionado a la caza mayor)”. Mira tú, como su hija, que ha cazado a un aspirante al trono de Francia.

“... y doña Carmen-Leonor Santaella Tellería de Vargas, dedicada a la fundación benéfica familiar”. Ya ves, como la concejala Botella.

“Pertenecen a la buena sociedad de Caracas”. Es decir, nada que ver con Hugo Chávez y su panda de conmilitones.

¡No salgo de mi apoteosis! Dan número para la boda del Príncipe Felipe, y este heredero de pacotilla se apunta al carro del bodorrio. ¡Qué mala es la envida, de verdad!

Constato por lo demás que la vida está llena de paradojas. Una: Luis María Anson ha llegado a presidir La Razón, pero ha perdido el oremus. “Letizia es una mujer de belleza serena, armónica y tranquila”. ¡Abuelo, que se le ven las carencias!

Pero, sin lugar a dudas, la noticia de la semana es la aparición del libro de cocina de Isabel Pantoja. Que no se titula, mira tú qué oportunidad han perdido, Qué bien, qué bien hoy comemos con Isabel sino: Isabel Pantoja. Recetas con arte. Si además conseguimos que sepan rico-rico, mejor que mejor.

La tonadillera concede con tan sabroso motivo un par de entrevistas en las que hace afirmaciones cuya trascendencia se me escapa, pero que a buen seguro cambiarán el curso de la histeria, digo, de la historia.

Primera afirmación pantojiana: “La cocina y el ordenador me han salvado”. Lo dice a propósito de la zozobra en la que vive, cual moderna Julieta, defendiendo contra viento y marea, a capa y espada, su amor por Julián. ¡Qué hermoso! Es la versión posmoderna del “con mi chándal y mis tacones, arreglá pero informá”. La cocina y el ordenador, las cazuelas y la informática, la tradición y el futuro... Isabel, eres una fashion fusion, tía, o sea, olé.

Segunda afirmación pantojiana:“En mi frigorífico nunca falta... una Coca Cola”. Revelación esta que revela su enorme talla de fina gourmet.

En fin, acabo ya, que a la superrápida le falla el contador de velocidad. Todas las revistas rosas, atentas siempre al latir de los corazones, dan cuenta de la entrega del Premio de Poesía Loewe, marca que viene a ser a la moda lo que Doña Manolita a la lotería. En las fotos veo a doña Ana Botella, que rima con paella; a doña Marisa de Borbón, que rima con camión; a doña Pilar del Castillo, que rima con Caudillo... pero, ¿y el poeta laureado? ¡No sale en ninguna foto! ¡En ninguna!

El bardo ha desaparecido,
Y nadie sabe cómo ha sido.

Corren malos tiempos para la lírica, aunque sea rica...



mlimon@divertinajes.com
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